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Las partidas rurales de Villena, mosqueadas

Propietarios de casas y fincas próximas a una vaquería piden una solución ante la plaga de moscas que genera el uso de purines como abono

Cientos de moscas revoloteando en una casa de campo situada en las inmediaciones. ÁXEL ÁLVAREZ

Cientos de moscas revoloteando en una casa de campo situada en las inmediaciones. ÁXEL ÁLVAREZ

Moscas y más moscas. Miles de ellas revoloteando por todas partes, posándose en cualquier lugar e incordiando sin parar. Es la lucha diaria a la que se enfrentan los vecinos, agricultores y jornaleros de varias partidas rurales de Villena por el uso de los purines de una vaquería para abonar los campos.

La situación resulta tan agobiante que algunos de los propietarios de segundas residencias en la Sierra de Salinas, Carboneras, Zaricejo, Rincón del Moro, Puerto Alto, Boquera y Puerto La Harina han decidido regresar a la ciudad de la que proceden en lugar de disfrutar del campo y la piscina en los meses de verano. Dicen que es un sufrimiento diario, desde que sale el sol hasta que se pone, además de la insalubridad que trasmite un insecto volador que se alimenta de los desechos de animales, restos fecales y materia orgánica en descomposición. También los jornaleros que trabajan en las fincas de frutales, vid, olivo y almendro de la zona se suelen quejar a los dueños. Algunos ya no regresan a la siguiente temporada. Y los que deciden continuar modifican los horarios de trabajo para no sucumbir a la plaga. Acuden a las siete de la mañana y cortan el tajo a las cuatro de la tarde. Ya saben, por experiencia propia, que a partir de esa hora la situación se torna imposible. Y no solo lo saben ellos. El pasado fin de semana un cazador desistió de participar en el descaste del conejo. De hecho, ni salió del coche ante la avalancha.

El problema se mantiene todo el año pero se intensifica en modo insoportable con la mezcla de altas temperaturas y vertido de purines. Las moscas viven entre 15 y 25 días en su fase adulta pero se reproducen en los desechos y restos orgánicos. En este caso, con los residuos fermentados esparcidos por los campos, también se garantizan la supervivencia de sus crías.

Es una situación que se viene produciendo, con mayor o menor incidencia, desde que la vaquería inició su actividad en 2007. La planta siempre ha cumplido con todas las normas sanitarias y veterinarias y, en los últimos años, ha recibido varios premios de ámbito nacional por sus buenas prácticas ganaderas y la calidad de su leche.

Los afectados coinciden en señalar que el problema no está en la actividad sino en el uso que se le da a los purines. Siempre se han destinado a fertilizar los cultivos de los parajes próximos a la Sierra de Salinas a cambio, únicamente, de que los agricultores que los solicitan hagan frente al coste de la maquinaria que los traslada y deposita. Consideran que la materia fecal debería ser sometida a tratamiento para eliminar las larvas de las moscas o aplicar una normativa más restrictiva para que, en determinados meses al año, queden prohibidas estas aplicaciones en terreno agrícola. Sobre todo entre mayo y septiembre, que es el periodo de mayor hiperactividad en el ciclo vital de estos insectos.

Los vecinos no quieren medidas drásticas e invitan a los escépticos a comprobar lo que denuncian con una simple visita a los «parajes invadidos», tal y como este diario hizo ayer. El concejal de Medio Ambiente de Villena, Francisco Iniesta, abordó esta cuestión con el alcalde Fulgencio Cerdán el pasado lunes y trasladará el problema a su departamento. Quiere revisar los procedimientos antes de reunirse con los propietarios de la vaquería. Se trata de buscar una solución para no seguir más tiempo con la mosca detrás de la oreja.

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