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Juan Vera Gil: «Solo la política local lucha con dignidad frente al abandono de la cultura en España»

El director del Teatro Castelar de Elda trabajaba en lo que le apasiona y sentía pasión por su trabajo. Ha sido afortunado pero no hay nada para siempre.

Juan Vera Gil, en la puerta del Teatro Castelar de Elda, el día de su jubilación.

Juan Vera Gil, en la puerta del Teatro Castelar de Elda, el día de su jubilación.

Estudió en el colegio Virgen de la Salud y en el INEM Azorín hasta los 11 años. Tras una incursión por el mundo del calzado comenzó a trabajar en la Biblioteca Pública de Elda. Reanudó entonces su formación en la Universidad de Murcia cursando Biblioteconomía. Esta semana se ha jubilado como director del Teatro Castelar.

¿Le da vértigo jubilarse?

La mía es una jubilación anticipada, llego a ella al cumplir 63 años, y por tanto deseada, aunque condicionada por una situación muy personal que ha desaparecido cuando he dejado el trabajo.

¿Se marcha con alguna «espinita» clavada?

Llegue al teatro con un proyecto cultural que se ha podido cumplir en una mínima parte, para lo que son mis exigencias, aunque entiendo que yo no soy fácil de satisfacer en cuanto a las metas que me impongo. Hay algo que me parece importante, hemos conseguido interesar al público por conocer la programación teatral que se ofrece, en la que no han faltado obras de gran calado y nombres de primera línea de la escena española. El vestíbulo del teatro ha sido testigo de presentaciones literarias, conciertos de cámara, recitales de poesía, tertulias, encuentros con autores, lecturas colectiva. Se ha podido homenajear a importantes artistas eldenses dando su nombre a distintos palcos. El teatro ha sido escenario de infinidad de actos festeros, sociales y culturales. Siempre queda alguna pequeña espina por lo que no se ha hecho. Pero a la vista de lo conseguido: ¿Dónde puede estar el límite de las aspiraciones de un programador?

¿Qué destaca de su trayectoria en la biblioteca y en el teatro?

Hay algo que siempre me ha preocupado en mi trabajo: actuar con honradez y lealtad a mis principios y no olvidar que mi cargo siempre ha estado al servicio del ciudadano. Si he conseguido no defraudar al lector o al espectador puede ser lo más relevante.

¿Por qué su nombramiento al frente del Teatro Castelar generó tanta polémica?

Esa es la pregunta del millón y la respuesta real podría levantar muchas ampollas en algunas personas. A nadie se le oculta que, en las elecciones municipales de 2015 yo tomé posición por un partido -PSOE-que en aquella ocasión alcanzó el gobierno local y colaboré en su programa electoral. Mi situación en aquellos momentos en la biblioteca era de puro hostigamiento, por parte de quienes dirigían el departamento de Cultura, incluso con amenazas verbales. Yo jamás he tenido un carné de partido, ni en este caso me condicionaron a tenerlo. Pero creo que ser una persona conocida en la ciudad, por mi trabajo e implicación con muchos colectivos, llevó a algunos a pensar que era un arribista que solo quería trepar al calor del político ganador. Sin embargo yo nunca pedí nada a cambio y me expuse, con los antecedentes que estaba viviendo, a ser mucho más represaliado de lo que había sido. Pero la decisión del alcalde -Rubén Alfaro- fue que yo era funcionario de Cultura y me trasladaba al teatro. Le agradezco enormemente la confianza que siempre ha depositado en mí aunque, si he de ser sincero, los graves problemas que tenía antes de aquellas elecciones no se solucionaron sino que, lejos de eso, se agravaron hasta provocar, a día de hoy, mi decisión de jubilarme anticipadamente. Pero eso ya es agua pasada.

Pero le llovieron las críticas...

La polémica se fue creando por intereses espurios de determinadas personas. Pero lo curioso del caso es que a veces, quienes me atacaban públicamente o en redes sociales en lo personal, me llamaban para decirme que el tema era más un ataque al equipo de gobierno que a mí mismo, a quien respetaban y con quien curiosamente mantenían una buena relación. Aunque ya se sabe que obras son amores…

¿Cómo son los eldenses en el ámbito cultural?

Donde muchos ven adocenamiento, yo veo interés e inquietud por conocer, disfrutar y aprender. El ciudadano eldense es un público entregado, sabe lo que quiere y es crítico con lo que se le ofrece. Por lo tanto, un público culto.

¿Qué ha hecho el coronavirus con el sector?

Lo mismo que ha hecho en el mundo entero, cambiar los conceptos de vida. Lo ha vuelto todo del revés y ha servido, en este sector, para poner de manifiesto la crueldad y el desinterés con el que cierta clase política trata a la cultura. Pero algo tan intrínseco como es este valor cultural no puede desaparecer, tan solo sufre una catarsis, muy traumática, de la que saldrá reforzado. Esa es la fuerza de la cultura, su resistencia a los ataques o a la ignorancia que es su verdadera perseguidora. El sector cultural ha sido abandonado a su suerte por las líneas maestras de la política nacional y solo la pequeña política, la política local, está luchando con dignidad, en la medida de sus fuerzas, para evitar el abandono de la cultura en España.

«El vivero creativo de los 90 nunca desapareció en Elda»

Vera considera que en los últimos 30 años el movimiento cultural de la ciudad ha evolucionado hacia propuestas más elaboradas

¿Qué fue del potente movimiento cultural que se desarrolló en Elda en los años 90?

En los años 80 la España social estaba por crearse y en los 90 se estaba desarrollando así que todo lo que destacaba un poco era creativo, vanguardista, rompedor. Podemos llamarlo como queramos. Es cierto que fue un periodo muy prolífico y creativo, pero no todo lo que se hacía era tan bueno como guardamos en nuestro recuerdo. Tan solo tenemos que echar mano de la hemeroteca para corroborar lo que digo. Aquel vivero creativo nunca ha desaparecido, sencillamente se ha transformado, ha evolucionado hasta conseguir propuestas más elaboradas, completas y redondas. Cada vez más gente se interesa por escribir, por pintar, por actuar y componer pero, al mismo tiempo, se exploran nuevas técnicas. Los músicos que en aquellos años limitaban su horizonte a poco más que las montañas del valle, en su equivalente actual dan conciertos de piano con las mejores orquestas europeas o son chelistas de gran prestigio. Quienes en aquellos años iniciaban su carrera artística con una maleta y buena voluntad, hoy tienen una completísima formación y pueden ser deseados por los mejores dramaturgos para interpretar sus obras. Y todo eso lo tenemos, lo que ocurre es que las fronteras de actuación se han ampliado dando la impresión de que el mundo se ha reducido. 

¿Ha dejado Elda de ser capital cultural del Medio Vinalopó?

Me parece que este es un concepto bastante endogámico, que muchas veces nos hace perder la perspectiva, mucho más cuando queremos que, el nuestro sea un mundo globalizado. Lo importante para mí no es ostentar la capitalidad de nada, eso conduce al centralismo. Es esencial compartir experiencias, colaborar en el progreso de la comarca y crear un entorno fuerte y rico en todos los aspectos. Si somos capaces de buscar objetivos comunes creceremos hasta donde queramos. Si volvemos al localismo rancio, seguiremos como en el siglo XVII, robándonos las aguas de la acequia mayor los unos a los otros hasta que se nos mueran todas las cosechas.  

¿Las nuevas tecnologías han reventado la cultura?

Al contrario. Creo que la han enriquecido enormemente y han abierto una vía de posibilidades insospechada hace solo 20 años. La tecnología digital ha sido la revolución cultural de nuestra época. La contrapartida es que tenemos útiles a nuestro alcance a los que nos sabemos sacar partido.

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