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La historia de Melena de Plata: el profesor de Kung Fu de Elda que conoció a Bruce Lee

Vicente Segura, sevillano afincado en la ciudad y con 60 años practicando artes marciales, enseña esta disciplina a jóvenes en un solar acondicionado como gimnasio con neumáticos, maderas y lonas

Melena de plata, el maestro de Kung Fu de Elda que conoció a Bruce Lee AXEL ÁLVAREZ

«Enseñanza de Wing Chun Kung Fu Estilo Ip Man. Maestro: Vicente Segura Silver Hair -Melena de Plata. 60 años de experiencia». Esa inscripción reza en un cartel escrito a mano sobre un cartón a la entrada. Se trata de un gimnasio de Kung Fu al aire libre en un solar entre bloques de edificios del humilde barrio Fraternidad de Elda. Un señor bajito pero fornido, con pelo blanco recogido en una trenza, y con un colgante del ying y el yang al cuello es el responsable. Es Vicente Segura, sevillano de cuna, cuya vida bien podría inspirar un guión cinematográfico.

Con 17 años Vicente se marchó a Suiza en busca de trabajo. Fue allí, en un místico encuentro en un bosque de los Alpes, donde se inició en el arte del Kung Fu. Trabajaba como leñador cuando un día vio a un misterioso hombre que realizaba extraños movimientos. Cada día acudía a observar aquellos entrenamientos que le hipnotizaban, hasta que finalmente, el enigmático hombre, ante la curiosidad del joven, le ofreció enseñarle los secretos del Kung Fu. Su nombre era Yen Man Cheng y fue su primer maestro.

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La historia de Melena de Plata: el profesor de Kung Fu de Elda que conoció a Bruce Lee AXEL ÁLVAREZ

Durante su estancia en el país alpino Vicente llegó a tener un breve encuentro con el propio Bruce Lee, que se encontraba rodando una de sus películas en Zurich. Compartió con él un desayuno y cuenta que le impresionó la gran seguridad en sí mismo que transmitía.

Después de unos años en Suiza, y tras regresar a España a realizar el servicio militar, su maestro le ofreció viajar a China a seguir aprendiendo nuevas disciplinas del Kung Fu. Mentor y pupilo partieron hacia Hong Kong. Allí se instruyó en la disciplina Wing Chun, en el mítico gimnasio de Ip Man, maestro del legendario Bruce Lee. Durante esos años en China alcanzó un gran nivel. Tras algunas memorables exhibiciones se ganó el respeto de los entendidos y se hizo un nombre en el mundo de las artes marciales, llegando a ser conocido entre los artistas marciales por el apodo de Melena de Plata. Recuerda con orgullo cuando puso en pie a todo el público chino del estadio Queen Elizabeth de Hong Kong tras realizar un complejo ejercicio de Chi Kung o canalización de la energía, una técnica al alcance de muy pocos.

La historia de este español que competía con los grandes maestros de Kung Fu en China llegó a oídos de un gobernador en Alicante. Éste contactó con él y le ofreció instruir a los cuerpos policiales. En los 80, durante algunos años, estuvo entrenando en defensa personal y artes marciales a GEOS, Guardia Civil, Policía Nacional y Policía Local.

A pesar de su increíble historia, Vicente nunca ha vivido profesionalmente de las artes marciales. Ha tenido una vida humilde trabajando duro como cocinero, mudándose allá dónde algún restaurante le ofreciera trabajo. A sus 75 años, cuenta, que ahora que se ha jubilado quiere dedicarse a la enseñanza y ha abierto en Elda su llamativo gimnasio.

Durante los meses de pandemia ha ido adecentando poco a poco un solar abandonado. Con materiales reciclados que ha ido recogiendo como neumáticos, maderas y lonas de plástico, ha construido con sus propias manos el Templo de Kung Fu del barrio Fraternidad.

Este barrio de Elda es uno de los más humildes de la ciudad y presenta algunos problemas de marginalidad, vandalismo, menudeo de droga...Vicente no es ajeno a ello y muestra gran preocupación por los numerosos jóvenes del barrio que se están criando en ese ambiente.

Mientras se realizaba la entrevista para este reportaje, una chica y dos chavales de no más de 13 años se acercan a curiosear: «¿Esto que es? ¿Kung Fu? Yo prefiero el Muay Thai», bromea uno. «¿Y podemos venir a probar un día?», pregunta otro. Vicente, sin perder la compostura, les explica que pueden ir a entrenar cuando quieran. Que la cuota es de 10 euros al mes y que pueden probar un día gratis para ver si les gusta. «Pero tú, aunque te hayas cambiado el peinado me acuerdo de ti, que ya viniste a probar un día... Pero buen intento», dice Vicente con socarronería dirigiéndose al más pillo. Los chavales se marchan entre risas.

Vicente asegura que nunca ha querido usar el Kung Fu para ganar dinero. Los 10 euros que pide de cuota los utiliza para invertirlos en mejorar el gimnasio ya que con su pensión no le da para más. «Si veo verdadero interés en alguno de mis alumnos y el dinero supone un problema dejaría de cobrárselos», comenta.

«Hay chavales muy listos, con mucho potencial; algunos demasiado espabilados y me preocupa que tomen malos caminos». Vicente cree firmemente que el Kung Fu puede marcar la diferencia en el futuro de estos jóvenes. «El espíritu del Kung Fu es potenciar los valores positivos para anular los valores negativos a través de ejercicio duro, disciplina y respeto. Y eso es lo que estoy intentando hacer aquí». Pero sabe que no es tarea sencilla.

En muchas ocasiones se ha encontrado un problema en los propios padres que les niegan a sus hijos la oportunidad de seguir tomando las clases, ya sea por el dinero o porque lo consideran una pérdida de tiempo. Pero Vicente no desiste. Trabaja con ilusión y pasión. Ya se ha ganado el cariño de muchos chavales y los vecinos del barrio están encantados con este peculiar y entrañable maestro Kung Fu.

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