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Refugiados de los Balcanes en el Vinalopó

Elaboran un dossier para recordar la acogida humanitaria a cincuenta repatriados de la guerra

La fallecida Concha Muñoz, secretaria de la Asociación y «alma mater» del movimiento de acogida a los refugiados de los Balcanes en la provincia, abraza a una niña bosnia en el albergue de Biar a finales de 1991.

La fallecida Concha Muñoz, secretaria de la Asociación y «alma mater» del movimiento de acogida a los refugiados de los Balcanes en la provincia, abraza a una niña bosnia en el albergue de Biar a finales de 1991.

Llegaron a España a finales de 1991 huyendo de la guerra de la ex-Yugoslavia para salvar sus vidas y la de sus hijos. Un grupo de 47 refugiados bosnios, musulmanes, croatas y serbios, 27 de ellos menores, hicieron surgir en las comarcas del Alto y Medio Vinalopó y la Foia de Castalla un movimiento de voluntarismo puro y espontáneo de la sociedad civil que no se dio en ningún otro lugar de España. En Sax un grupo de personas reaccionó inmediatamente para prestar ayuda a los repatriados y en los días siguientes se unieron vecinos y asociaciones de Biar, Onil, Castalla, Petrer, Elda, Villena y Novelda. Mientras se ejercía la labor humanitaria, y con el fin de dar legalidad a la acogida, se creó la Asociación de Ayuda a la Población Infantil de Bosnia y Croacia. Aumentaron los asociados, las colaboraciones de trabajo y las donaciones económicas para atender a las familias con comida, ropa, alojamiento, enseñanza del español, formación escolar para los niños o dinero de bolsillo, además de buenas dosis de cariño y amistad. A los adultos se les encontró trabajo y las familias pudieron rehacer sus vidas lejos del terror de la guerra de los Balcanes. Algunos de los niños llegaron a completar incluso carreras universitarias, como es el caso de una reputada neurocientífica que, a pesar de haber estudiado en EE UU, sigue aportando sus conocimientos en España.

Desde el principio, las familias fueron acogidas en el albergue de Biar gracias a la gestión de su entonces alcalde Justo Román Soriano. Se consiguió un intérprete y un cocinero y la formación escolar voluntaria la facilitaban profesores al acabar las clases en sus colegios.

El presidente de la asociación fue Patrocinio Navarro Valero y la secretaria y «alma mater» de la acogida, Concha Muñoz Vicedo, ambos de Sax, contando como tesorero con Boni Navarro Poveda, el historiador de Petrer. En diciembre de 1993, cuando la ayuda dejó de ser necesaria, se disolvió la Asociación repartiendo entre las familias acogidas dos millones de pesetas y donando a Cruz Roja las 500.000 pesetas restantes de los fondos.

El altruismo y la unión de gentes y pueblos del Vinalopó y la Foia de Castalla, junto al apoyo de empresas, asociaciones y algunas entidades oficiales, hizo posible desarrollar una labor humanitaria en favor de unas familias que lo perdieron todo y que, gracias a la entrega y solidaridad de un colectivo, pudieron volver a sonreír.

El dossier "No olvidemos la solidaridad" que se entregará a los alcaldes de los ocho municipios que acogieron a los refugiados. INFORMACIÓN

Pues bien, para dejar constancia y memoria de todo ello, Boni Navarro y Juan Fernando Guillén han recopilado la documentación de la Asociación elaborando un dossier de 90 páginas, titulado «Nunca olvidemos la solidaridad», con un relato de los hechos, escritos y fotos, cartas, datos de ingresos y gastos, información de los asociados, aportaciones, familias acogidas, postales navideña y muchos recortes de prensa. La mayoría son del diario INFORMACIÓN, que en 1993 otorgó a los refugiados un premio «Importantes» por su ejemplo de convivencia, a pesar de pertenecer a facciones enfrentadas en la guerra de los Balcanes, y por haberse ganado el respeto y el cariño de los alicantinos.

El dossier será entregado a cada uno de los alcaldes o alcaldesas de los ocho municipios cuyos ciudadanos y colectivos participaron en el proyecto. Se comenzará este jueves en Sax, como municipio pionero donde nació la iniciativa, y se continuará en Petrer y Biar.

Para Boni Navarro «aquello fue una proeza de la sociedad civil. Sin contar apenas con ayuda de los poderes públicos, como sí ocurrió en otras provincias, surgió un espíritu colectivo de acogida a los refugiados que, a pesar de las guerras que se han producido desde entonces, ya no se ha vuelto a repetir en España». Por eso considera fundamental que se conozca, se divulgue y se recuerde.

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