La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) considera al gato como una de las principales amenazas para las aves protegidas, además de catalogarlo como especie exótica. Cabe puntualizar al respecto que en la Península Ibérica la única especie autóctona es el gato montés. Sin embargo los gatos comunes han proliferado de forma exponencial desde que fueron introducidos, procedentes de Oriente, para el control de los roedores en las explotaciones agrícolas.

Proceso de captura de un gato callejero para esterilizarlo y soltarlo. Áxel Álvarez

También las principales sociedades científicas de España implicadas en el estudio y conservación de la biodiversidad han solicitado al Gobierno central que fomente la desaparición de las colonias felinas y, desde luego, no estimule su mantenimiento con aportaciones económicas de las propias Administraciones Públicas.

En este sentido los expertos son muy claros al advertir del enorme efecto destructivo que los gatos están teniendo sobre una biodiversidad en crisis por el cambio climático.

Un albergue de gatos callejeros. Áxel Álvarez

Ya hay evidencias de un desequilibrio ecológico urbano que quieren frenar. Por eso su mensaje es directo: "No debería permitirse la presencia de colonias felinas o de gatos ferales o asilvestrados en zonas sensibles, incluyendo ecosistemas insulares y las zonas habitadas por especies de interés de conservación".

Es una de las exigencias planteadas por la Sociedad Española de Ornitología (SEO/BirdLife), la Sociedad Española para la Conservación y Estudio de los Mamíferos (SECEM), la Asociación Herpetológica Española (AHE), la Asociación Española para la Conservación y el Estudio de los Murciélagos (SECEMU) y la Asociación Española de Ecología Terrestre (AEET) después de que el Consejo de Ministros aprobara, el pasado 1 de agosto de 2022, el Proyecto de Ley de protección, derechos y bienestar de los animales, promovido por el Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030.

Los gatos son "pequeños vestigios de fieras salvajes" como dice la canción. Áxel Álvarez

Responsabilidad civil o penal

Todos estos colectivos también reclaman que "la Ley incluya mecanismos de control para asegurar que la prohibición de dejar salir a los gatos de los domicilios sea efectiva, y también para minimizar el acceso al exterior de los gatos de las colonias felinas que pudieran ser autorizadas". Desde la comunidad científica se va más allá al reclamar que se establezca la responsabilidad civil o penal de las Administraciones competentes en la autorización de colonias felinas, cuando éstas tengan un impacto sobre especies amenazadas.

Ana Campo, bióloga, antropóloga y doctora en Ciencias Sociales, alerta sobre las incoherencias y contradicciones que se están produciendo durante los últimos años en torno a las colonias felinas. "Los gatos ferales -callejeros- son una especie exótica a la que las diputaciones y los ayuntamientos destinan mucho dinero público, mientras se da la paradoja de que la protección de especies protegidas, como son muchas aves, no reciben un solo euro y encima son exterminadas por los propios gatos", subraya la experta alertando, asimismo, de los problemas que generan las colonias felinas. Alude en tal sentido a la propagación de plagas de pulgas y la trasmisión de enfermedades a otros animales domésticos e incluso a las personas. Por ejemplo la toxoplasmosis que tan peligrosa resulta para las mujeres embarazadas.

El objetivo del programa CES es evitar el nacimiento de nuevos gatos. Áxel Álvarez

"Por las ciudades y los pueblos no hay perros ni ratas sueltas pero sí hay gatos, cientos de gatos sin control que también suponen un riesgo para la salud pública. Además los programas de Captura, Esterilización y Suelta (CES) no son dirigidos por técnicos -biólogos y veterinarios- sino mayoritariamente por mujeres que, por una cuestión puramente cultural, suelen tratar a gatos ferales como adorables mascotas...y desde luego que no lo son", explica Ana Campo para justificar una posible falta de efectividad en el objetivo del método CES, que no es otro que el de ir reduciendo progresivamente el número de gatos callejeros de forma progresiva y ética. Esto es, sin emplear métodos cruentos.

Extinción de vertebrados

Los biólogos recuerdan que el gato doméstico es un excelente cazador, que captura presas aunque se encuentre sobradamente alimentado de manera artificial o haya sido esterilizado, tanto si son gatos caseros con acceso al exterior como si se trata de gatos callejeros. La evidencia científica sobre los impactos de los gatos sobre la biodiversidad es abundante y muestra la gran presión de depredación sobre diferentes elementos de la fauna salvaje.

Estudios realizados en diversos lugares del mundo señalan a los gatos como una de las principales causas de muerte de aves, pequeños mamíferos terrestres, murciélagos y reptiles. Además, la depredación por gatos ha sido una de las causas de declive, e incluso la extinción, de numerosas especies de vertebrados. Entre éstas se incluyen especies amenazadas de diversos territorios españoles, y en particular los endemismos insulares de Canarias y Baleares. 

La comunidad científica pide mantener las poblaciones de gatos ferales bajo mínimos. Áxel Álvarez

Sobre esta cuestión el presidente de la Fundación Internacional para la Protección de los Animales, Raúl Mérida, hace varias consideraciones.

Destaca, en primer lugar, que "las personas que cuidan las colonias de gatos se entregan en cuerpo y alma para sacarlas adelante, que hay que recordar que están formadas por animales abandonados. Por lo tanto, ellos no son culpables de nada, simplemente, se encuentran con unos animales necesitados y los cuidan con su sacrificio, su tiempo y su dinero". 

Búsqueda de consenso

Sin embargo sobre lo que manifiesta la comunidad científica, que es básicamente que la presencia de los gatos en la vía pública está afectando negativamente a otras especies como las aves, comenta Raúl Mérida que "nada se puede añadir porque entiendo que se trata de un criterio científico basado en datos de población, por lo que no es discutible". 

Para el naturalista, divulgador y presidente de FIPARM es necesario buscar un consenso entre la comunidad científica y las asociaciones protectoras de animales para controlar, de forma realmente efectiva, la población de gatos mediante la esterilización. "Para ello es necesario poner en marcha programas de esterilización que se desarrollen adecuadamente y sean eficaces para que esas colonias estén controladas y no aumenten en número".

Gatos al cuidado de una Protectora que los ofrece en adopción. Áxel Álvarez

Por eso aboga porque la programación y localización de las esterilizaciones se realice con criterios técnicos y científicos, garantizando que alcanza a todos los miembros del grupo o, cuanto menos a todas las hembras, para evitar el nacimiento de nuevas camadas. Considera, además, que a esta medida debería complementarse con un control y vigilancia efectivo de la colonia para que no llegue a la misma ningún nuevo animal y, en caso de que ocurra, el gato recién llegado debe ser inmediatamente localizado y esterilizado. 

Veterinario municipal

Raúl Mérida reclama a los ayuntamientos que incorporen a sus plantillas la figura del veterinario municipal. "Estos técnicos son fundamentales para que puedan velar por la correcta realización de los programas de esterilización que pone en marcha anualmente la Diputación de Alicante y los distintos ayuntamientos", subraya ahondando en que el objetivo de la esterilización es controlar el número de gatos para que, precisamente, no crezcan las colonias y no existan problemas ni se produzcan los desequilibrios denunciados por la comunidad científica.  

Por último incide en la importancia que tiene la vacunación, desparasitación e implantación de un chip en los ejemplares que sean capturados para su esterilización. "De esa forma -indica el presidente de la Fundación Internacional para la Protección de los Animales- las colonias de gatos no aumentarán en número y se podrá realizar un efectivo control y cuidado de las mismas, evitando los problemas a los que aluden los biólogos".

Una de las muchas asociaciones que cuida de los gatos callejeros en la provincia. Áxel Álvarez

Los animalistas defienden las colonias felinas y aluden al beneficio que supone la presencia de gatos en los cascos urbanos para mantener a raya a los roedores. Sin embargo desde la comunidad científica se duda de tal utilidad y se insiste en la necesidad de reconocer el impacto de los felinos para tratar de minimizarlo. Para ello sugieren buscar fórmulas que contribuyan a compatibilizar la convivencia entre los humanos y los gatos con la conservación de la biodiversidad. En suma todo se reduce a la confrontación de intereses entre una decisión particular y un bien común.