Cuando el peligro no se aprecia desde fuera

Cinco días después del crimen machista en Villena, los vecinos aún sin digerir que José María le quitase la vida a su mujer, Rosi, asfixiándola y después se ahorcase

La carnicería de José María y Rosi, ayer.

La carnicería de José María y Rosi, ayer. / Áxel Álvarez

Como si de un espejismo se tratase, los vecinos de la avenida de Elche, en Villena, cuentan cómo todavía parecen ver a José María y a Rosi caminando juntos por la zona, de la mano. Tal vez esa relación también fuese un espejismo de bienestar, ya que nada explica que ella apareciera el pasado viernes asfixiada en su cama en la casa de campo de Peña Rubia a manos de su marido, que posteriormente se ahorcó.

«No las dejéis solas, acompañadlas siempre y estad alerta a cualquier pequeña cosa, es crucial, es de vida o muerte», dijo Miguel, el hermano de Rosi, con lágrimas en los ojos, el pasado sábado durante el minuto de silencio que tuvo lugar en Plaza de Santiago, en Villena. 

Según los vecinos, aparentemente era un matrimonio «inseparable», «donde iba uno, iba el otro», comentan aun incrédulos.

Hacía seis meses que habían traspasado la carnicería que ambos regentaron durante años, por lo que su presencia en la zona era menos habitual. «Se fueron al campo y perdimos el contacto», sostiene el dueño de un negocio cercano, quien asegura que el día del crimen machista recibió llamadas de personas preguntando si él le había pegado un tiro, ya que era aficionado a la caza. 

El matrimonio, conocido en Villena principalmente por su negocio, destacaba por su «aparente» estabilidad. Rosi solía despachar en una parte del mostrador, una tarea que dejó de hacer cuando José María comenzó a enseñar al joven que se han quedado con el negocio después de que ellos lo pusieran a la venta en internet, según relatan los vecinos. 

El actual dueño de la carnicería tiene previsto cambiar el nombre del establecimiento y coincide con los residentes en que, durante el tiempo que compartió con el presunto asesino machista, este no mostró comportamientos extraños ni tampoco dio muestras de que la relación con Rosi estuviera pasando por un «mal momento».

«Eran unas bellísimas personas. Respetuosos y mutuamente parecía que se amaban, pero lo que puede suceder en la mente nadie lo sabe», afirma Jacinto, cliente habitual de la carnicería. El vecindario asegura que nunca vieron por parte de José María «una palabra malsonante» ni que «fuese protagonista de una discusión». Lejos quedan para los que los conocían los rumores de que la pareja, con dos hijos mayores, estuviese pasando por una «mala racha» tras la reciente jubilación de ambos. Ella tenía 67 años y él, 69. No obstante, uno de los hijos sí que recibió una llamada de su padre, mientras estaba de viaje, alertándole de que «no estaban bien». 

José María dejó en la misma vivienda donde acabó con la vida de Rosi y luego se ahorcó una nota encontrada por la Guardia Civil en la que se podía leer: «Os pido perdón por todo». El escrito ha sido valorado por los investigadores como una autoinculpación del asesinato de la mujer.

A pesar de la ausencia de denuncias previas por malos tratos por parte de la víctima, la Guardia Civil ha confirmado que la pareja no estaba pasando por un «buen momento» en su relación. Es obvio que, a pesar de los elogios de los vecinos hacia la pareja y a su presunta buena sintonía, en ocasiones el peligro puede no ser evidente para quienes están fuera del círculo más íntimo.

La Guardia Civil continúa con la investigación abierta para tratar de esclarecer los motivos que llevaron a José María a terminar con la vida de Rosi, con la que compartía el día a día desde hace décadas. De lo que no hay duda es de que se trata de un nuevo crimen machista, el tercero de la Comunidad en lo que va de año, y el 21 del país. 

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