Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

La superficie de la DO de uva de mesa se reduce un 34 % respecto a 2018

La falta de relevo generacional y la baja rentabilidad de las cosechas provoca que cada año sean más los agricultores que opten por abandonar los viñedos

Las plantaciones de uva de mesa se reducen un 30% en el Medio Vinalopó

Áxel Álvarez

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Sara Rodríguez

Sara Rodríguez

«Un agricultor de Murcia con unos viñedos de aproximadamente 14 hectáreas dejó su actividad este año porque ya no le resultaba rentable. Otro agricultor de Novelda, que incluso contaba con la ayuda de su hijo, se arruinó y también tuvo que abandonar sus campos», relata José Antonio Martínez, agricultor de Novelda, sobre la situación actual de la superficie de la Denominación de Origen (DO) de uva de mesa en el Medio Vinalopó

Desde los últimos datos facilitados por la DO, correspondientes a 2023, se ha registrado una disminución del 34 % en las hectáreas dedicadas al cultivo de los racimos, pasando de 2.124 hectáreas en 2018 a 1.400 en 2023. La tendencia no parece mejorar, ya que la falta de relevo generacional se agrava cada año, así como el aumento de plagas por el cambio climático, el alto precio del agua y la baja rentabilidad, según explica Martínez. «Los agricultores somos mayores, yo soy de los jóvenes y tengo 60 años, nadie quiere meter a sus hijos porque no hay calidad de vida en este trabajo», lamenta el agricultor de Novelda. 

Algunos trabajadores del campo en el Medio Vinalopó han optado por cambiar el tipo de cultivo. Lo que antes eran superficies repletas de viñedos, ahora conviven también con verduras como la alcachofa. Según señala Martínez, estos cultivos son más rentables, ya que «si te va mal el año, arrancas la cosecha y ya está». Por contra, el agricultor recuerda que «la viña hay que atarla, podarla, ponerle la bolsa...». 

Un racimo afectado por la negrilla.

Un racimo afectado por la negrilla. / Áxel Álvarez

Mientras que otros agricultores no han tenido más remedio, dada la difícil situación económica, que abandonar sus viñedos. Como consecuencia, estos han perdido el color verde de sus hojas y la negrilla, un hongo que ataca a los racimos, se ha apoderado de ellos. Y es que mantener unas 14 hectáreas de superficie de uva de mesa tiene un coste de unos 400.000 euros anuales, calcula José Antonio Martínez. 

La directora del Consejo Regulador de la Denominación de Origen de uva de mesa embolsada del Vinalopó, Beatriz Rocamora, ha confirmado que «han habido muchos agricultores que se han dado de baja por jubilación y porque no han cogido relevo. El año 2022 fue difícil para los agricultores. Aparecen las plagas y el aire las desplaza a otras viñas. Ahora tenemos las estrategias de lucha integrada para combatirlas, pero cuando hay fincas abandonadas es un problema». Para este año, se prevé una reducción de 50 hectáreas en la superficie de la Denominación de Origen, debido al abandono de varios campos de 14 hectáreas en las zonas de Novelda y Agost

Embolsado

Desde finales de junio, los racimos de la uva de mesa del Medio Vinalopó están siendo embolsados de forma artesanal por miles de personas, que ponen un pie en el campo en torno a las 6.30 horas y se marchan sobre las 13.00, cuando el calor ya aprieta de forma insoportable. Cubiertas de pies a cabeza, mujeres de 40 y 63 años trabajan poniendo sacos a los racimos de los viñedos de José Antonio Martínez. 

El embolsado se prolongará hasta mediados de agosto y dará trabajo, a más de 10.000 temporeros que colocarán millones de bolsos de un papel especial alrededor de los racimos. Son sacos que se cierran por la parte superior dejando descubierta la parte inferior. Una técnica que inició en 1919 el noveldense Manuel Bonmatí Abad y que, tras más de un siglo de expansión, se ha terminado convirtiendo en una seña de identidad del sector en toda la zona del Vinalopó. Esta técnica agrícola única en el mundo se realiza en las viñas de Novelda, Monforte del Cid, Aspe, La Romana, Hondón de las Nieves, Hondón de los Frailes y Agost, permitiendo emplear en el campo, durante un periodo aproximado de dos meses, a un gran número de personas.

Una trabajadora embolsando los racimos.

Una trabajadora embolsando los racimos. / Áxel Álvarez

Alexandra López, de 42 años, vive en Elche, pero es de Ecuador y lleva 15 años trabajando en el campo en la zona de Novelda, asegura que es «un trabajo duro», puesto que «nos toca estar debajo del sol y las manos se nos abren de estar manipulando los sacos». López señala que «ahora ya no te da tiempo a ahorrar lo que ganas aquí, hay que gastarlo todo por lo cara que está la vida». Una circunstancia que comparte igualmente Lailín Acosta, también de Ecuador: «Las cosas están bastante mal y hay que hacer un esfuerzo, por eso estamos trabajando aquí en el campo». 

Isabel Alarcón, una albacetense afincada en Novelda, que lleva desde los 16 años embolsando cuenta que «antes todo era distinto, cuando vine sí que se podía ahorrar con los sacos, ahora te tienes que matar para conseguir un poquito» y añade que «lo peor es lidiar con el calor que hace estos días y las altas temperaturas». 

Por cada 1.000 bolsas que las trabajadoras colocan manualmente a estos frutos, que tienen como principales destinos el mercado nacional y la exportación a la Unión Europea y a terceros países como Canadá o Sudáfrica, ganan unos 33 euros. 

Así trabaja un sector que lleva más de 100 años mimando la uva con saco de papel y que el año pasado cerró la campaña con una facturación de unos 20 millones, pese a que la producción se redujo un 9 % , hasta los 36 millones de kilos.

Más de cien años aplicando la técnica del embolsado a los racimos

Fue el noveldense Manuel Bonmatí Abad (1883-1969) quien en 1919 descubrió, de forma casual, la técnica del embolsado para combatir la temible plaga de Lobesia botrana, conocida popularmente como la polilla del racimo de la vid.

Durante siete años (entre 1912 y 1919) el ingenioso agricultor puso en práctica muchos métodos para evitar que sus viñedos de la variedad Valencí Blanco -hoy desaparecida- fueran arrasados por el insecto. Pero ninguno dio los resultados esperados hasta que se le ocurrió poner sobre los racimos de las uvas unas simples bolsas de papel atadas al extremo superior con un cordel. Un método sencillo e inocuo que, además de resultar eficaz frente a la voracidad de la polilla, también protegía a las uvas del sol, el granizo, el viento, la lluvia y el rocío, de la fumigación de las cepas y del ataque de aves y otros insectos.

En un primer momento su descubrimiento generó incredulidad entre las autoridades agrícolas y fue objeto de cierta mofa por parte de algunos vecinos. Sin embargo, la técnica del embolsado se fue extendiendo con rapidez a medida que se iban demostrando sus beneficiosos efectos. Y no solo como un medio útil y ecológico para proteger la fruta más preciada del Medio Vinalopó, sino también para mejorar la coloración de los granos y retrasar su maduración. 

Desde entonces la operación de embolsado se realiza con mimo y de forma artesanal, da trabajo a miles de personas, se utilizan millones de bolsas de papel de celulosa virgen.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents