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Entrevista | Amancio Guerrero Suboficial jefe del área operativa del Vinalopó

«No me jubilo, me echan por mi edad. Estoy bien para seguir»

Tras más de dos décadas al frente de los bomberos del área operativa del Vinalopó, Amancio Guerrero se jubila, poniendo fin a años de entrega, liderazgo y compromiso al servicio de las emergencias

Amancio Guerrero (Vitoria 1958), ayer en el Parque Comarcal de Bomberos de Elda.

Amancio Guerrero (Vitoria 1958), ayer en el Parque Comarcal de Bomberos de Elda. / Áxel Álvarez

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Sara Rodríguez

Sara Rodríguez

¿Qué le impulsó a ser bombero?

Cuando terminé el servicio militar, con 23 años, comencé a preparar la oposición. Estuve aproximadamente un año y medio preparándome. En ese tiempo, salieron ocho plazas en el Parque Comarcal de Elda, y el 29 de abril de 1982 conseguí una de ellas. Antes de ser bombero, trabajaba como escayolista. Empecé en la construcción a los 14 años, donde se ganaba bien. Nunca pensé en cambiar de oficio, pero en los años 80 hubo una gran crisis en el sector. Debido a esto, tuve que irme a trabajar a una empresa en Valencia. Fue entonces cuando un amigo, cuyo hermano era bombero, nos comentó que iban a salir plazas en el cuerpo. La idea no me había pasado por la cabeza, pero físicamente me encontraba en buena forma porque siempre había hecho deporte. Me animaron a intentarlo y me dijeron que, con algo de preparación, podría conseguirlo. Así que me pasaron el temario, empecé a estudiarlo y también asistí a una academia. Finalmente, me presenté y saqué la plaza. Tras incorporarme al cuerpo, comencé a hacer más cursos. Al poco tiempo de empezar, tuve un accidente mientras hacía rápel: me caí desde un cuarto piso. Fue entonces cuando me di cuenta de que necesitaba más formación. Hice cursos en varias ciudades, como Madrid, Ávila, Barcelona y Valencia. En 1987, decidí presentarme a la oposición para cabo. Empecé a prepararme y, tras un tiempo de estudio, también aprobé. Tenía la intención de seguir ascendiendo, así que necesitaba acceder a la universidad. Realicé un año del grado de Trabajo Social, ya que iba a salir una plaza de sargento para Elda. Durante tres años me preparé a fondo, realizando cursos de formación en emergencias en Madrid, Bilbao y otras ciudades. También obtuve tres diplomaturas en Emergencias por la UPV y completé más de 120 cursos de formación. En 1992 salió la plaza de sargento. Solo se presentó otro compañero además de mí, y finalmente conseguí yo la plaza. Más adelante, en 1997, mi jefe se jubiló y decidí opositar para la plaza de suboficial jefe del área operativa del Vinalopó, que abarca 15 poblaciones y dos parques: el de Elda y el de Villena.

¿Cómo afronta la jubilación?

No me jubilo, me echan a la calle. Cumplo 66 años y medio y la ley no me permite seguir. Me voy porque me obligan. Creo que estoy capacitado física y mentalmente para seguir unos años más. Tampoco me han dejado seguir dando clase en el ciclo medio y superior de Emergencias.

¿Qué diferencias detecta en la profesión de cuando empezó a ahora?

La evolución que ha experimentado el cuerpo de bomberos ha sido enorme. La formación actual y los conocimientos, tanto teóricos como prácticos, no tienen nada que ver con los que había cuando yo ingresé. En aquel entonces, prácticamente no teníamos nada; la formación era nula. Lo poco que aprendí al principio venía de los bomberos más veteranos, quienes nos transmitían su experiencia. Sin embargo, se trataba de un aprendizaje basado únicamente en la práctica, en el trabajo diario. No existía ningún temario teórico que pudiéramos estudiar. Fue en 1986 cuando la Escuela Nacional de Protección Civil comenzó a impartir algunos cursos. A partir de ahí, empezamos a profesionalizarnos un poco más. La práctica ya la teníamos, pero carecíamos de una base teórica, y eso es fundamental. Es importante combinar los conocimientos teóricos, que incluyen las experiencias y aprendizajes de otras personas, con la práctica adquirida en el día a día.

¿Cómo ve a los bomberos jóvenes que se incorporan al cuerpo?

Creo que es necesario un cambio de mentalidad. En general, noto que muchos de los que ingresan ahora tienen motivaciones distintas a las de mi generación. Parece que les interesa más cuánto van a ganar o cuánto tiempo libre tendrán, más que la vocación de ser bombero para ayudar a los demás. No digo que todos sean así, pero es evidente que la mentalidad está cambiando. Eso sí, llegan mejor preparados porque cuentan con más formación. Ahora hay personas con títulos universitarios entre los nuevos bomberos. Esto les permite asimilar mejor la teoría, pero considero que les hace falta más práctica.

¿Cre que han podido influir las redes sociales? El postureo

Las redes sociales, en muchos casos, hacen más daño que bien. Hay mucho postureo, y lo que realmente se necesita es más profesionalidad y un compromiso por ayudar a los demás.

A lo largo de su carrera ¿qué experiencia positiva recuerda?

Ayudar a muchas personas es una de las mayores satisfacciones que tenemos como bomberos. Saber que hacemos el bien a quienes necesitan ayuda en momentos críticos es lo que nos motiva. Nuestro trabajo abarca todo tipo de emergencias, y estamos ahí para responder siempre que se nos necesita.

¿Y la más dura?

Tengo una gran facilidad para olvidar lo malo, aunque lo conservo en la memoria para aprender de los errores si he fallado en algo. Es fundamental no llevar esa “mochila” emocional a casa, porque nuestra familia no tiene por qué cargar con las dificultades o los malos momentos que vivimos en ciertas situaciones. He desarrollado la virtud de desconectar cuando llego a casa, algo que considero esencial. También es importante mantener la frialdad necesaria para actuar correctamente en cada emergencia y tener claro cuáles son tus propias limitaciones.

¿Cuál ha sido su última salida?

Lo último que he hecho ha sido la DANA de Valencia. Ya sabía donde iba y lo que me iba a encontrar, en la DANA de Orihuela estuve allí diez días. Fui el director del puesto de mando avanzado en Almoradí. Aquello (Valencia) ha sido muchísimo mayor de lo que fue en la Vega Baja. No hubo tantos daños materiales y solo hubo un muerto en comparación con lo que ha ocurrido recientemente.

¿En qué punto está la incorporación de la mujer al cuerpo de bomberos?

En el Parque Comarcal de Elda no hay ninguna mujer bombera. Mi hija fue bombera forestal durante 14 años y, actualmente, se sacó la oposición y trabaja como operadora de comunicaciones en el centro de coordinación de emergencias de San Vicente. Sin embargo, en parques como los de Elche, Benidorm y San Vicente, sí hay bomberas.

Es una persona querida aquí en la zona...

No me gustan las sorpresas, me considero una persona sencilla y siempre trato de hacer bien mi trabajo. Soy muy consciente de que, si cometo un error, alguien podría sufrir las consecuencias, y eso es algo que no se puede olvidar. Nunca me ha importado demasiado lo que los demás piensen de mí. Si es algo positivo, me alegra, pero no trabajo buscando aprobación. Mi única guía ha sido siempre lo que dicta mi conciencia.

¿Va a seguir vinculado de alguna forma?

No. No quiero venir al parque porque no quiero interferir de ninguna forma en el trabajo de mis compañeros. Creo que dejo el pabellón alto.

¿Quién le va a relevar?

El villenero Francisco José Catalán, que comenzó de cabo en el parque de Villena, continuó de sargento en Elda, y ahora me sustituirá. Confío plenamente en su capacidad.

Y ahora a vivir...

Sobrevivir.

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