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La Papelería Ana baja la persiana tras 55 años trabajando en Elda: "Dejas el barrio huérfano"

José Gil, responsable del histórico comercio, punto clave de la vida en La Fraternidad, cierra por jubilación

"Me despido con pena después de 55 años vendiendo prensa": El quiosco Ana de Elda cierra por jubilación

"Me despido con pena después de 55 años vendiendo prensa": El quiosco Ana de Elda cierra por jubilación / Áxel Álvarez

Sara Rodríguez

Sara Rodríguez

En el barrio de La Fraternidad, en Elda, estos días se repite la misma frase: "José, nos dejas el barrio huérfano". Se lo dicen los vecinos a José Gil, el dueño de la histórica Papelería Ana, uno de los puntos de venta más veteranos del diario INFORMACIÓN. El próximo domingo 7 de diciembre bajará la persiana para siempre. Será el final de un negocio familiar con 55 años de vida y de un símbolo para toda una generación de eldenses.

La papelería abrió sus puertas en 1971 de la mano de los padres de José, quien tiene ahora 66 años. Lleva el nombre de su madre, Ana. José tomó el relevo en 1986 y, desde entonces, ha sido la cara visible de un comercio que ha acompañado a la ciudad desde antes de la llegada de la democracia. "Hemos pasado por muchas etapas", recuerda. "Se vendía muchísima prensa y revistas. Para poder estar aquí 55 años nos hemos tenido que reinventar cada vez que surgía un problema. La pandemia nos hizo mucho daño", señala echando la vista atrás.

En el mostrador de su quiosco ha visto desfilar miles de portadas de INFORMACIÓN. "Hemos vendido de todo, desde noticias nacionales hasta las que marcan el día a día de Elda", explica. Entre los recuerdos que conserva con más cariño, destaca el reciente ascenso del Club Deportivo Eldense: "Fue memorable".

Reinventarse o cerrar

La caída en la venta de prensa impresa le obligó a buscar nuevas fórmulas para sobrevivir. Además de la papelería, José incorporó el servicio de paquetería y se dedicó al reparto de periódicos en bares, cafeterías, colegios y centros públicos.

José Gil atiende a un cliente este jueves en Elda.

José Gil atiende a un cliente este jueves en Elda. / AXEL ALVAREZ

"Si aquí no se vendía la prensa como antes, había que moverse. Traías un periódico y lo vendías. Llevabas el periódico al bar debajo de la axila, te tomabas un café y lo leías. Pero todo eso, las nuevas tecnologías se lo han cargado", lamenta. "Se sigue vendiendo, sobre todo a la gente mayor".

Un relevo que no llega

El cierre es definitivo. No habrá tercera generación. "No hay relevo. Mi hijo tiene su propio trabajo y nunca ha estado aquí, así que es el momento. Me jubilo y voy a intentar aprovechar la vida y vivir un poco más", afirma con serenidad.

Muchos vienen y me dicen que es una pena que se cierre, que este punto de venta es una referencia

José Gil

Reconoce que decir adiós le produce cierta tristeza. "Es una pena jubilarme por toda la clientela fiel que he tenido. Les tengo que dar las gracias. Muchos vienen y me dicen que es una pena que se cierre, que este punto de venta es una referencia, un lugar de encuentro, de recados, de preguntas…".

Un vendedor comprometido

Además de regentar su negocio, José ha trabajado durante décadas para mejorar la profesión. Ha sido presidente de la Asociación de Vendedores de Prensa y Revistas del Medio Vinalopó durante más de 20 años y secretario de la asociación nacional. "He peleado por mejorar mis condiciones y las de mis compañeros", afirma.

José Gil se despide de su negocio de prensa y papelería este domingo.

José Gil se despide de su negocio de prensa y papelería este domingo. / AXEL ALVAREZ

Su marcha deja un hueco difícil de llenar en La Fraternidad. "Dejo el barrio huérfano porque tampoco queda ya tanto comercio, eso me dicen los vecinos", comenta con una mezcla de orgullo y melancolía. Después de toda una vida detrás del mostrador, José Gil cierra la Papelería Ana con la sensación del deber cumplido. "He trabajado mucho. Estoy contento de haber terminado el ciclo y de haber llegado hasta aquí. Soy la segunda generación y con esto se acaba".

El domingo bajará la persiana por última vez. Detrás quedarán 55 años de periódicos, cuadernos, historias y mañanas de barrio. Y también la certeza de que, durante décadas, un pequeño comercio fue algo más que un lugar para comprar prensa: fue un lugar de reunión, de conversaciones espontáneas y de recuerdos para toda la vida.

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