Así es la tradición de Aspe de Semana Santa en la que se apunta a las niñas nada más nacer
Tres mujeres encarnan cada año el papel de las Marías y la Magdalena, acompañando a las imágenes en una tradición cuyo origen se vincula a la falta de recursos económicos

Semana Santa Aspe / Daniel Tortajada
La Semana Santa de Aspe esconde una de sus tradiciones más singulares en la representación viviente de las Marías y la Magdalena. Documentada al menos desde principios del siglo XIX, su origen exacto no está claro, aunque, según explica el presidente de la Junta Mayor de Cofradías y Hermandades, Raúl Pérez Bonmatí, una de las hipótesis apunta a la falta de recursos económicos en sus inicios, lo que llevó a sustituir imágenes por personas. Con el paso del tiempo, esta práctica ha evolucionado hasta convertirse en una de las señas de identidad más reconocibles en estos días.
Y es que a diferencia de otras localidades donde el papel de la mujer sigue siendo limitado, en Aspe su presencia forma parte esencial de la tradición. Mientras en municipios como Sagunto la Cofradía de la Purísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo -con más de cinco siglos de historia- mantiene en sus estatutos la participación exclusiva de hombres, relegando a las mujeres a funciones auxiliares, en Aspe ocurre justo lo contrario: son ellas quienes encarnan uno de los símbolos más representativos de su Semana Santa.

Las Marías, en el Domingo de Resurrección. / Junta Mayor de Cofradías y Hermandades de la Semana Santa de Aspe
Cada año, tres jóvenes dan vida a estas figuras bíblicas. Dos de ellas representan a María Cleofás y María Salomé, ataviadas con túnica marrón y manto azul, mientras que la tercera encarna a la Magdalena, con túnica verde, manto rosa y una característica melena larga y rizada. Su papel no es teatral: no hablan ni escenifican, sino que acompañan en silencio a las imágenes principales. Las Marías lo hacen junto a la Virgen y la Magdalena, junto a Cristo.
Procesiones
Su presencia se reparte en tres momentos clave: el Viernes Santo por la mañana, en el camino al calvario; el Viernes Santo por la noche, durante el entierro; y el Domingo de Resurrección. Solo coinciden las tres en un mismo acto: en la representación de la sepultura del Señor.

La Magdalena, el año pasado. / Semana Santa Aspe
Uno de los aspectos más llamativos es el proceso de selección. Las jóvenes se apuntan desde niñas -muchas veces por iniciativa de sus familias- y esperan durante años su turno. La elección se realiza por orden de edad y bajo requisitos concretos: deben ser mujeres solteras y bautizadas. La Junta Mayor es la encargada de designarlas cuando llega el momento, siguiendo un sistema consolidado desde hace décadas.
Las protagonistas
En algunos casos, incluso, hay antecedentes familiares que refuerzan ese sentimiento de continuidad. Este año, las elegidas comparten ese arraigo. Nieves González, una de las Marías, ha pertenecido durante años a la Hermandad de la Oración en el Huerto. "La Semana Santa de Aspe es singular frente a otras localidades, además las imágenes tienen mucha calidad", señala.

Nieves, Rocío y María, las Marías y Magdalena de este 2026. / INFORMACIÓN
Rocío Asencio, también María, es costalera de Santa María Magdalena en la Hermandad y Cofradía de Nuestra Señora Madre de las Angustias. Vive con especial emoción las Cortesías del Domingo de Resurrección. "Que tengamos personajes vivientes es algo que nos diferencia", recuerda.

La Magdalena en el año 1986, durante la procesión del Santo Entierro del Viernes Santo. / Junta Mayor de Cofradías y Hermandades de la Semana Santa de Aspe
Por su parte, María Erades, que encarna a la Magdalena, ha estado vinculada desde niña a la Hermandad de la Guardia Pretoriana y Madre Desolada y actualmente es costalera de la Hermandad de María al pie de la Cruz. Entre sus momentos más esperados destaca el recogimiento del Jueves Santo.
Las tres coinciden en una idea: la representación de las Marías y la Magdalena es algo único. En Aspe, la tradición no solo se hereda: se espera. A veces, desde la cuna. Y, sobre todo, se vive con nombre de mujer.
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