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Vivan los cuartelillos pero cuidado con el impacto el resto del año

Cada año la historia se repite: los cinco días que duran las fiestas, Elda, su casco antiguo, el barrio de La Prosperidad y otras zonas repletas de cuartelillos, pero desiertas un día cualquiera, viven un espejismo. Casi 400 locales que durante el año permanecen con las persianas bajadas y los candados puestos se abren de par en par

Calle vacía con cuartelillos cerrados, fuera de la época de fiestas.

Calle vacía con cuartelillos cerrados, fuera de la época de fiestas. / M. O. L.

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Mercedes Ortuño Lizarán

Es un martes de junio a primera hora de la mañana en la calle Colón de Elda. Personal de limpieza se afana en dejar aceras y calzada impolutas. Cualquiera que llegara en este momento a la ciudad y no conociera nada sobre ella, no podría imaginar lo que se ha vivido aquí, y en especial en esta vía y otras aledañas, en los últimos cinco días, desde que el jueves anterior miles de personas cantaran a pleno pulmón el pasodoble Idella y dieran comienzo los Moros y Cristianos, que esta edición han estrenado su sello de Fiesta de Interés Turístico Internacional.

Cada año la historia se repite: de jueves a lunes –los cinco días que duran las fiestas–, Elda, su casco antiguo, el barrio de La Prosperidad y otras zonas repletas de cuartelillos, pero desiertas un día cualquiera, viven un espejismo. Casi 400 locales –en su mayoría, bajos comerciales– que durante el año permanecen con las persianas bajadas y los candados puestos se abren de par en par. En estas sedes festeras, a diferencia de lo que ocurre en otras poblaciones, no hace falta pedir permiso para entrar, por lo que son en general motivo de orgullo para los eldenses, que los ven como símbolo de su hospitalidad y generosidad y como el corazón de la fiesta.

Ambientazo en el tardeo de los cuartelillos de moros y cristianos de Elda

Una fiesta en el exterior de un "cuartelillo" durante las Fiestas de Moros y Cristianos de Elda. / Áxel Álvarez

Pero la fiesta dura solo cinco de 365 días, y el número de cuartelillos no deja de aumentar año tras año: a falta del dato de 2026, el Ayuntamiento cifró en 376 los locales festeros con licencia para los Moros y Cristianos de 2025, de los cuales 323 permanentes y 53 no permanentes.

José Miguel Tornero, presidente de la Asociación de Vecinos La Purísima, lleva más de treinta años viviendo en la calle Colón. Por tanto, ha sido testigo del aumento indiscriminado de cuartelillos, que en 2025 fueron 133 en dicho barrio, de ellos 13 en la calle Colón y otros 13 en la calle Nueva. Hasta hace poco más de un año, no existía ni siquiera una norma municipal que los regulara, recuerda en una conversación con este periódico. Y esa proliferación de sedes festeras, en su opinión, ha contribuido a la degradación del barrio, donde se ubican edificios tan importantes como el propio ayuntamiento o la iglesia de Santa Ana. «No hay negocio alguno. La calle Colón antes tenía vida y se podía estar: el bingo, el veterinario, una peluquería… Ahora quedan la droguería, una floristería y poco más. Está totalmente saturado de cuartelillos. Antes se veía vida, ¿pero ahora qué vida tienes?», lamenta Tornero.

La ordenanza municipal que tanto reclamaban los vecinos, en la que se recogen las normas de convivencia aplicables a los cuartelillos, finalmente se aprobó por el Pleno en enero de 2025. Pero tanto Tornero como Rubén Arroyo, abogado de la Asociación de Locales de Ocio de Elda (ALOE), opinan que la disposición se queda corta en algunos aspectos y que, además, no se aplica con la contundencia que debería.

Durante la tramitación de la norma, la ALOE –integrada por 16 conocidos locales de ocio eldenses– presentó un escrito de alegaciones en el que reclamaba, entre otras cuestiones, incluir un calendario festero de apertura de cuartelillos, una definición clara de lo que se entiende por las «actividades habituales» de estos y una limitación por barrios mediante el establecimiento de zonas tensionadas. Tras casi un año y medio de vigencia de la ordenanza, Arroyo reprocha que no siempre se cumple; en primer lugar porque la Policía Local no pone todas las multas que, a su juicio, debería, y en segundo lugar, porque «la mayoría de las que pone no se ejecutan».

Un diagnóstico parecido hace Tornero, que denuncia molestias a lo largo del año, fuera de fechas señaladas. «Si fueran cuatro o cinco días se transige. A los vecinos nos encantan las fiestas, da gusto verlas. Pero hay cuartelillos abiertos hasta las cinco de la mañana todos los fines de semana. Se hacen comidas, se ven partidos de fútbol y hay incluso quienes los alquilan para celebrar bodas o bautizos», argumenta en nombre de los residentes del barrio de La Purísima.

La ALOE también querría que se persiguiera ese alquiler ilícito de las sedes festeras a terceros, expresamente vetado en el artículo 91 de la ordenanza municipal. La disposición prohíbe igualmente la venta de alcohol, tabaco o comida. «Sin embargo, todo el mundo sabe que ocurre», esgrime Arroyo, que pone el ejemplo de los tiques que se intercambian en muchas sedes de comparsas durante determinados actos, como las cenas previas a las entradicas. «Se enmascara esa venta de productos, pero lo estás pagando previamente. Y eso es un fraude porque no está pasando por registro y no está tributando. El Ayuntamiento niega que pase, pero lo conoce todo el pueblo», afirma.

Calle vacía con cuartelillos cerrados en Elda, fuera de la época de fiestas.

Calle vacía con cuartelillos cerrados en Elda, fuera de la época de fiestas. / M. O. L.

Aparte de la sociedad civil, los políticos también reconocen que el cumplimiento de la ordenanza debería ser más estricto. Coinciden en señalarlo el concejal de Cultura, Patrimonio Histórico y Museos, Iñaki Pérez (IU - Elda Para Todas), y el secretario del Grupo Municipal Popular, Miguel Ángel Rubio. Ambos, en sendas conversaciones con este periódico, destacan la parte positiva de los cuartelillos y su aportación a los Moros y Cristianos eldenses, aunque reconocen los perjuicios que pueden suponer de cara a la degradación de los barrios. El PSOE, con amplia mayoría en el Gobierno local y que ostenta la Alcaldía por tercera legislatura consecutiva, ha evitado pronunciarse y participar en este reportaje.

Rubio aboga por buscar la «convivencia cívica» y, pese a que admite que el PP preferiría que muchos locales del casco antiguo en los que hay cuartelillos «fueran comercios», ve «legalmente muy complicado» limitar la apertura de nuevas sedes festeras. «Sería ir en contra de la libertad del propietario del local que decida alquilarlo para una cosa u otra», expone el secretario popular, quien también apuesta por «incentivar más el comercio de proximidad», a la espera de ver los resultados de la reciente peatonalización de la calle Nueva y del programa de ayudas «Elda Centro Histórico» que acaba de lanzar el Ayuntamiento para «revitalizar la actividad comercial» en la zona.

No obstante, apunta a una posibilidad abierta a los residentes de acotar la creación de nuevos locales festeros: «Una comunidad de propietarios puede determinar que no se instalen cuartelillos o ciertos establecimientos que puedan ser molestos, como pubs o discotecas, en sus bajos comerciales. O sea, que los propios vecinos, a nivel privado, tienen una herramienta que pueden aplicar». Siempre que no se ubiquen en viviendas unifamiliares, donde no hay comunidad de propietarios, como sucede a menudo y por ejemplo en vías tan emblemáticas como la calle del Marqués (cuyo nombre oficial es Méndez Núñez) y la del Cid (Barberán y Collar), en las que llega a haber incluso dos cuartelillos por edificio, uno en la planta baja y otro en el primero. Solo entre estas dos calles -de apenas una manzana de longitud cada una- había censadas 32 sedes festeras en 2025.

Pérez, por el contrario, opina que «se podría estudiar» el establecimiento de zonas tensionadas para que los cuartelillos estuvieran «cada vez más disgregados» y que esta medida «podría ser una de las opciones» para dar respuesta a las quejas vecinales, aunque sostiene que en la mayoría de los casos «hay una cordialidad festera». Asimismo, remarca una de las cuestiones más positivas de estos locales para él: «La conservación de inmuebles que son antiguos y son de los pocos que quedan gracias a la acción de los cuartelillos».

A su grupo municipal, formado por Izquierda Unida, Compromís y Podemos, y que es parte de la corporación de Rubén Alfaro con dos concejales, le parece clave potenciar el casco antiguo «como la zona noble o el corazón de la ciudad, un lugar que no solo tenga vida los días de fiesta, sino durante todo el año y de manera continuada». «Eso creemos que lo hace el comercio, y sobre todo el comercio de proximidad», añade Pérez, y destaca las inversiones destinadas al centro histórico a lo largo de esta última legislatura, que ascienden a nueve millones de euros en tres años. También aplaude las citadas subvenciones de «Elda Centro Histórico» y una «revisión de la sociedad» que percibe en la inquietud de muchos jóvenes eldenses de querer emprender en el casco antiguo, una zona que reconoce que estaba «degradada»: «Creo que las nuevas generaciones han viajado más y ven cómo los cascos históricos de otras ciudades sirven como elemento llamativo para poner sus negocios».

Hace ya varias décadas, el Plan de Acción Comercial de Elda estableció unas propuestas para la modernización y dinamización de los negocios eldenses, así como para la mejora de los entornos urbanos comerciales. El texto subrayaba la «lenta pero constante degradación y abandono» del casco antiguo y la «desaparición del comercio del centro», y apuntaba directamente a «la proliferación de gran cantidad de locales lúdicos (cuartelillos)». «El centro histórico de Elda -seguía- manifiesta una compleja problemática de deterioro urbano, económico y social cuya principal consecuencia ha sido el desplazamiento de la población residente y del comercio minorista».

Pese a este claro diagnóstico, han pasado años y varias corporaciones municipales de distinto signo político sin acometer una acción concreta como ahora lo es «Elda Centro Histórico». El programa, que se presentó oficialmente el pasado 20 de mayo, contempla ayudas de hasta 30.000 euros para la apertura de nuevos comercios en el casco antiguo. Ante lo que Tornero, el presidente de la Asociación de Vecinos La Purísima se pregunta: «¿En qué locales? Si son todos cuartelillos».

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