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El barco que confirma la revolución naval del noveldense Jorge Juan

La identificación del Fernando, uno de los cuatro navíos experimentales promovidos por el marino y científico, aporta la primera evidencia arqueológica de la transformación de la construcción naval española en el siglo XVIII

Trabajos de excavación del barco Fernando por parte de los arqueólogos subacuáticos.

Trabajos de excavación del barco Fernando por parte de los arqueólogos subacuáticos. / J.A.Moya/IAPH

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Sara Rodríguez

Sara Rodríguez

Durante años, los buceadores que descendían frente a la costa de San Pedro de Alcántara (Marbella) lo conocían simplemente como "el barco de los botones". Entre sus restos aparecían decenas de botones de latón de uniformes militares que muchos llegaron incluso a llevarse como recuerdo. Nadie sabía con certeza qué navío descansaba a apenas siete metros de profundidad y a unos 300 metros de la orilla. Hoy, tras varios años de investigación, ese pecio ha revelado su verdadera identidad: se trata del Fernando, uno de los cuatro barcos experimentales con los que el marino, científico e ingeniero naval noveldense Jorge Juan Santacilia impulsó la modernización de la Armada española en el siglo XVIII.

En la investigación ha participado el arqueólogo subacuático de la Universidad de Alicante José Antonio Moya, responsable de la documentación tridimensional del yacimiento mediante fotogrametría. El investigador se incorporó a la campaña principal desarrollada hace dos años junto al equipo del Centro de Arqueología Subacuática de Andalucía, encargado de estudiar un barco cuya existencia era conocida desde hacía décadas, pero cuya identidad seguía siendo un misterio.

Los aqueólogos subacuáticos con los restos del barco.

Los aqueólogos subacuáticos con los restos del barco. / J.A.Moya/IAPH

"Era un barco conocido por los buceadores, porque no está ni muy profundo ni muy lejos de la costa", explica Moya. Esa accesibilidad hizo que durante años recibiera el sobrenombre de "el barco de los botones". "Transportaba uniformes militares, entre otras armas ligeras. La tela desaparece con el tiempo, pero los botones de latón permanecen", señala. De hecho, recuerda que muchos aficionados llegaron a recogerlos como recuerdo, junto a otros objetos del pecio, provocando un expolio continuado del yacimiento.

De un navío francés al barco de Jorge Juan

Las primeras hipótesis apuntaban a que los restos correspondían a uno de dos barcos franceses hundidos en la zona. Sin embargo, la investigación comenzó a cambiar de rumbo cuando el estudio de la estructura reveló que algunas técnicas constructivas no encajaban con la tradición naval francesa.

"Los franceses construían de una manera y los ingleses de otra. Cuando se empieza a ver que hay una técnica a la inglesa, o incluso una mezcla de técnicas, es cuando se empieza a sospechar que no era un barco francés y que podía ser uno de los cuatro barcos experimentales de Jorge Juan", explica el arqueólogo.

La documentación realizada por la Universidad de Alicante resultó clave para medir con precisión distintos elementos del casco. Entre ellos, las cuadernas (el esqueleto del barco) o las portas de los cañones, cuya configuración permitió identificar características propias del sistema desarrollado por el científico noveldense.

Detalle de restos del pecio.

Detalle de restos del pecio. / J.A.Moya/IAPH

Moya explica que esas diferencias constructivas son fruto del trabajo que Jorge Juan realizó tras viajar a Inglaterra para estudiar de primera mano los avances de la ingeniería naval británica. "En España necesitaban barcos más rápidos, más ligeros y que utilizaran menos madera, pero que siguieran siendo igual de potentes", resume.

El marino alicantino fue enviado para conocer aquellas técnicas y reclutar a constructores, carpinteros y calafates capaces de implantarlas después en los arsenales españoles. A su regreso dirigió la construcción de cuatro navíos experimentales: Fernando, África, Asia y Septentrión.

La única huella material de una etapa decisiva

Aquellos cuatro barcos nunca llegaron a ser el modelo definitivo. "Son barcos experimentales, con muchos problemas, pero gracias a ellos se aprende y se modifican los sistemas constructivos", explica Moya. Esa experiencia permitió posteriormente desarrollar una nueva generación de buques de guerra mucho más eficaces, conocidos como los Doce Apóstoles, que marcaron la renovación de la Armada española.

El pecio está hundido a media milla de la costa de San Pedro Alcántara, en Marbella.

El pecio está hundido a media milla de la costa de San Pedro Alcántara, en Marbella. / J.A.Moya/IAPH

Hasta ahora, los cuatro navíos experimentales solo eran conocidos por la documentación histórica. "No se sabía dónde estaban hundidos", apunta el investigador. La identificación del Fernando convierte a este pecio en la única evidencia arqueológica conocida de aquella etapa de transición impulsada por Jorge Juan. Del África, el Asia y el Septentrión se conservan referencias documentales sobre su destino, pero todavía no han sido localizados.

Del expolio a la conservación

Confirmada la identidad del barco, el proyecto entra ahora en una nueva fase centrada en su protección y divulgación. El objetivo es frenar el deterioro provocado durante décadas por el expolio y convertir el yacimiento en un recurso patrimonial visitable.

"La idea es poner en valor el yacimiento, protegerlo, balizarlo y señalizarlo para que la gente pueda visitarlo sin destruirlo", explica Moya. Su escasa profundidad y la proximidad a la costa convierten el enclave en un lugar especialmente adecuado para el buceo arqueológico, siempre bajo medidas que garanticen su conservación.

Casi tres siglos después de que el Fernando acabara hundido frente a la costa malagueña, el barco vuelve así a salir a flote, no desde el fondo del mar, sino desde la historia. Y con él, el legado de uno de los alicantinos más influyentes de la ciencia y la ingeniería naval españolas.

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