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Barcala "hermana" Alicante con Génova

El bipartito impulsa la unión formal entre ambas ciudades para establecer lazos de colaboración cultural, empresarial, deportiva y turística - Apellidos como Ruso, Ansaldo o Manzanaro, prueba de esos lazos históricos

Barcala, junto al alcalde de Génova

Barcala, junto al alcalde de Génova / informacion.es

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C. Pascual

C. Pascual

Barcala quiere que Alicante se hermane con Génova, con la ciudad italiana. Con ese objetivo, el gobierno municipal prevé elevar al pleno extraordinario previsto para la próxima semana, que debería ser el último del mandato, una propuesta para fomentar la unidad oficial entre ambas ciudades.

Según recuerda la propuesta de acuerdo, con motivo de la celebración en la ciudad de Alicante de la salida de la regata Ocean Race 2023, una delegación de la ciudad italiana de Génova, puerto de llegada de esta regata en su edición de 2023, visitó Alicante. En esos días, el alcalde de Alicante, Luis Barcala, mantuvo una reunión con su homólogo italiano, Marco Bucci, así como el embajador italiano en España, Riccardo Guariglia, donde se pusieron de manifiesto los lazos históricos, afectivos y culturales entre ambas dos ciudades, y se acordó retomar e impulsar el proyecto de declaración de la Epopeya Histórica del pueblo tabarquino de origen genovés, como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por parte de la Unesco, así como dar inicio al procedimiento de hermanamiento entre Alicante y Génova, para establecer lazos de colaboración cultural, empresarial, deportiva y turística.

Entre los lazos que unen a ambas ciudades, destacan los históricos. Y es que desde que la villa de Alicante lograse el título de ciudad en 1490, gracias en gran parte a la importancia de su puerto, la actividad mercantil durante los siglos XVI y XVII se centraba en la ciudad de Alicante, que junto a Cartagena, se convirtió en el puerto de salida para comercio de Castilla.

La actividad que se realizaba era tanto de importación como de exportación. Desde Alicante salían y llegaban barcos de Francia, Inglaterra o Italia, con un cuantioso y continuo trasiego de mercancías con importantes ciudades mediterráneas como era Génova. Esto quedaba reflejado en las actas notariales de la época, en donde se puede observar importantes grupos de comerciantes de ciudades como Milán o sobre todo, Génova, que se asentaron durante años en Alicante. De ahí que, principalmente durante el siglo XVI, aparecieran en Alicante apellidos como Ansaldo, Musiteli, Nicolini o Isola relacionados con el comercio de productos como el esparto, la lana, la seda o el pescado

El otro gran hito histórico en la relación entre las ciudades de Alicante y Génova es la Epopeya Histórica de los tabarquinos, cuya última etapa de su larga diáspora mediterránea fue el diminuto archipiélago alicantino de Nueva Tabarca, siendo actualmente una pedanía de la ciudad de Alicante. Así fue a partir de 1770, cuando se produce la primera colonización de aquella pequeña ínsula frente al Cap d’Aljub (actual Santa Pola), a once millas náuticas al sur de la bahía de la ciudad de Alicante. Este proceso, recuerdan desde el gobierno local, fue fruto de los proyectos ilustrados sobre “Nuevas Poblaciones” que se estaban desarrollando en la España del rey Carlos III, con la particularidad, en este caso, de la necesidad de convertir a la isla Plana, nombre con la que se conocía en ese momento, en un parapeto defensivo por delante de las costas peninsulares cercanas para ayudar a detener los múltiples ataques piráticos berberiscos que se producían de continuo por estas costas mediterráneas.

Esta primera colonización insular combinó un contingente militar con población civil, una población civil, que como vamos a ver en las siguientes líneas, contribuyó a unir para siempre a las poblaciones de Génova y Alicante, según explican desde el Ayuntamiento.

Aquellas gentes tenían ascendencia genovesa, y décadas atrás fueron habitantes de otras diminuta isla, Tabarka, frente a la costa occidental de Túnez, muy cerca de la frontera argelina. Esta isla, conquistada para la corona española por el emperador Carlos V en el transcurso de su campaña de Túnez en 1535, era un emporio estratégico y sobre todo comercial, en base a la riqueza de su coral rojo, con el que comerciaban sus pobladores, que procedentes de la localidad genovesa de Pegli, a lo largo de varias generaciones la habitaron bajo pabellón hispano-genovés durante más de dos siglos, como añaden desde el ejecutivo local.

Este fue el origen de esa epopeya histórica que conforma la “Tabarquinidad”, la cual recoge todo el legado cultural y patrimonial del periplo tabarquino, aquella diáspora que desde la Tabarka tunecina tuvo que realizar el pueblo tabarquino: Un primer contingente salía de aquella isla en la tercera década del siglo XVIII, con destino a otras dos pequeñas islas muy cerca de la costa de Cerdeña, la isla de Sant Pietro, con capital en Carloforte (ciudad ya hermanada con Alicante desde 1976), y Sant Antioco, con capital en Calasetta.

Otro contingente permanecía en Tabarka, siendo apresado al cabo de poco tiempo por tropas tunecinas que asaltaron la isla. Este grupo de tabarquinos pasaron de tierras tunecinas a territorio argelino en el transcurso de la guerra entre ambos países a mediados del siglo XVIII, y es aquí, en Argel, donde permanecieron durante casi tres décadas hasta el rescate que se produciría por parte de la corona hispana, con la intermediación de las ordenes redentoras destacadas en el norte de África. Fue el inicio de la última etapa de la diáspora, según se precisa en el acuerdo aprobado. Su llegada a España, y en concreto, a la ciudad de Alicante se produciría en 1769, y tras una corta estancia en la ciudad, se produciría su traslado a la Isla Plana en 1770, siendo éste el contingente civil del proyecto colonizador de aquella, la cual, a partir de entonces pasaría a llamarse de forma oficial como Nueva Tabarca, en recuerdo del origen de estos primeros habitantes.

La huella de esta diáspora y colonización de la isla alicantina se mantiene hoy en día, con reminiscencias de antiguos dialectos de origen genovés usados en la Tabarka tunecina, tradiciones gastronómicas comunes, artes de pesca y navegación, o incluso la buena cantidad de apellidos de origen ligur que permanecen en Alicante, caso de los Ruso, Parodi, Chacopino, Manzanaro o Pitaluga, por nombrar los más numerosos, según el gobierno local, hablan de esos indudables lazos históricos que han permanecido y permanecen entre las ciudades de Génova y Alicante.

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