Balance de mandato en Alicante (III): Una movilidad de otro siglo
La peatonalización de Constitución-Bailén ha sido el gran avance ejecutado por el bipartito, ante el bloqueo de la Zona de Bajas Emisiones y de la conexión ciclista a Urbanova

Alicante - obras deberian estar acabadas y todavia no han comenzado - junto avenida Constitucion / Jose Navarro
La peatonalización del eje Constitución-Bailén, con sus meses de retrasos en la ejecución (a priori debía finalizar tras el pasado verano) de una obra que además ha sufrido sobrecostes (unos 300.000 euros) frente al precio previsto inicialmente, ha sido el principal avance relativo a la movilidad del que puede presumir el bipartito de Alicante (PP y Ciudadanos) en una ciudad que todavía está anclada en el siglo pasado, muy lejos de los principales municipios de su entorno, como Elche y, sobre todo, València, donde sí se creen la necesidad de fomentar transportes alternativos al coche.
Si cabe, la distancia con esas y otras localidades no ha hecho más que ensancharse en estos cuatro años ante las limitadas transformaciones en Alicante en un mandato marcado, en cambio, por el bloqueo a la implantación de la Zona de Bajas Emisiones (ZBE), que la ley obligaba a tener en marcha desde el pasado 1 de enero, y los deliberados retrasos en proyectos clave para fomentar el uso de la bicicleta en la ciudad, como la pasarela ciclopeatonal que dará continuidad -si algún día se hace realidad- al acceso sur de la ciudad, permitiendo la conexión de un carril bici que ahora se interrumpe entre la Euipo y la desaladora de Aguamarga, un tramo más que peligroso para las dos ruedas.
Así, una obra como la del eje Constitución-Bailén que se proyectó durante un tripartito que se limitó a colocar maceteros se ha convertido en el principal aval del bipartito cuando habla de movilidad sostenible. Y eso que su ejecución no ha hecho más que sumar problemas, sobre todo por las demoras y la calidad de los remates. A partir de ahí, se han ensanchado aceras, y poquito más. Y no todas las previstas, porque hay iniciativas como las adjudicadas en el eje Soto-Gadea o en la avenida Aguilera que duermen el sueño de los justos no vaya a ser que las molestias de las obras vayan a provocar algún voto que otro de menos.
Sobre la mesa se acumulan los proyectos, pero sin ir más allá de ideas, como la peatonalización de la calle Altamira y su entorno, además de buena parte del resto del Centro Tradicional, que se incluye dentro del anillo interior de la futura ZBE, de la que todavía no se conocen los detalles, pese a que, por ley, tenía que estar implantada desde principios de año.
Tal ha sido el estruendoso silencio respecto a una herramienta que busca hacer más amables las ciudades, dentro de una lucha conjunta contra el cambio climático, que el alcalde, Luis Barcala, se ha visto obligado en esta atípica campaña electoral a grabar un vídeo para intentar frenar la posible sangría de votos para el PP ante las dudas sobre la ZBE provocadas por la falta de transparencia. Y es que, pese a las insistentes preguntas de la oposición, sobre todo de los ultras de Vox, el bipartito se ha negado por sistema a explicar a la ciudadanía los detalles de su propuesta: ni qué supondrá, ni cuándo ni a qué precio. Solo ha dicho que no se limitará el uso del vehículo, aunque la documentación enviada a Europa para conseguir fondos europeos da a entender más bien lo contrario, y que no habrá multas, pese a que el regidor popular votó a favor de la ordenanza tipo de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), que fijó en Alicante en 200 euros el coste de incumplir la norma.
En campaña, pese al vídeo grabado en Luceros y publicado este viernes donde Barcala prácticamente se limita a contestar con monosílabos a las preguntas de su equipo de comunicación, tampoco se ha dado más luz. Nada se sabe de la medida en el programa electoral, porque el PP todavía no lo ha dado a conocer al completo, limitándose a soltar «píldoras» agrupadas en áreas. De hecho, por ahora, los únicos que han concretado su propuesta han sido los socialistas, un rara avis en estos tiempos: «Estará circunscrita exclusivamente al Casco Histórico y al Centro Tradicional, siempre en función de los resultados que arrojen las mediciones de contaminación ambiental. Dividiremos la ZBE en dos áreas: el Casco Antiguo y el Centro Tradicional, facilitando a los vecinos de cada una de estas dos áreas que puedan circular con sus vehículos B o C». Respecto al anillo exterior, los socialistas añaden en su programa: «No será de restricciones. Promoveremos la plantación de 45.000 árboles autóctonos y estableceremos aparcamientos disuasorios en el perímetro». Ya es más que lo dicho por el PP desde el gobierno de Alicante.
Pero no solo la ZBE ha sufrido un bloqueo en su puesta en marcha, sino también otros proyectos, como la pasarela ciclopeatonal del acceso sur, cuya obra estuvo a punto de comenzar en pandemia, pero que se ha quedado desde entonces en el limbo -la empresa se marchó por el incremento del precio del hierro-, pese a repetidos anuncios por parte del bipartito durante el mandato. El renovado proyecto se llegó a aprobar por la Junta de Gobierno en febrero de 2022, y hasta ahí. Urbanismo (Ciudadanos) dice que está paralizado en Contratación (PP); y éstos tiran balones fuera. La realidad es que los usuarios de vehículos personales sostenibles siguen a la espera. Tampoco se sabe nada del anunciado proyecto de recuperar el servicio de bicicletas, que se dijo que contaría con patinetes, ambos con tecnología eléctrica. Se fijaron las unidades a repartir por la ciudad, y nada más, al margen de aprobar una ordenanza para estos artilugios que se incumple sistemáticamente. Esa también. Así, la movilidad sigue anclada en otro siglo.
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