Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Ricardo Palomo, economista, sobre el dinero en efectivo: desde 3.000 euros "saltan todas las alarmas"

El decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad CEU San Pablo aclara cuáles son los límites que activan los mecanismos de control de Hacienda

Dinero en efectivo

Dinero en efectivo / Europa Press

En un contexto donde el uso del efectivo está cada vez más limitado y vigilado, retirar grandes cantidades de dinero en metálico puede generar más complicaciones de lo que parece. Aunque legalmente no existe una cifra máxima de dinero en efectivo que un ciudadano pueda tener o utilizar, la Agencia Tributaria establece ciertos umbrales que activan mecanismos de control e investigación. Esto es especialmente relevante en la lucha contra el fraude fiscal, el blanqueo de capitales y otras actividades ilícitas.

1.000 euros para pagos en efectivo

El primer umbral importante se sitúa en los 1.000 euros, una cifra que limita los pagos en efectivo entre particulares y empresas. Desde julio de 2021, tras una modificación legal, los pagos en efectivo entre una empresa y un cliente no pueden superar esta cantidad si uno de los dos es profesional o empresario. Si se supera ese límite, ambas partes pueden ser sancionadas con hasta el 25% de la cantidad pagada, salvo que una de ellas denuncie la operación.

Además, los bancos están obligados a comunicar determinados movimientos sospechosos a Hacienda, especialmente los relacionados con ingresos en metálico. Por ejemplo, los ingresos en efectivo que superan los 5.000 euros deben ser notificados automáticamente a la Agencia Tributaria, así como los que incluyan billetes de 500 euros, una denominación casi en desuso pero que aún genera alarma por su vinculación histórica con operaciones ilegales.

Desde los 3.000 euros saltan todas las alarmas

En el programa Mediodía COPE, el economista Ricardo Palomo, decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad CEU San Pablo, ha abordado este tema con claridad. El experto ha explicado que, si bien cualquier particular puede sacar el dinero que desee de su cuenta bancaria, existen cantidades que activan los sistemas de control tanto del banco como de Hacienda.

La jubilación es cada vez más activa y prolongada, con nuevas necesidades económicas. Sin embargo, ahorrar para la jubilación no es un comportamiento intuitivo ni sencillo. “Desde la economía conductual sabemos que ahorrar cuesta. No tiene una recompensa inmediata y suele posponerse. Comprar algo da gratificación instantánea; guardar dinero para dentro de 20 o 30 años, no”, explica Juan Manuel Mier, experto del área de pensiones de BBVA. Para resolver este obstáculo, propone mecanismos automáticos que desvíen una parte de la nómina o ingresos extraordinarios hacia el ahorro, generando así el hábito de forma progresiva.  Esta perspectiva coincide con la de José Ignacio Conde-Ruiz, subdirector de Fedea, quien defiende un modelo más estructurado y obligatorio de ahorro: un segundo pilar de pensiones de capitalización, como ya ocurre en Reino Unido o Irlanda. En estos países, se retiene automáticamente un 5% del salario al trabajador para invertirlo en un fondo privado, salvo que éste manifieste expresamente su deseo de no participar. “El 93% de los trabajadores en Reino Unido mantiene la retención. Es más difícil decidir dejar de ahorrar que empezar a hacerlo”, destaca.  Planes individuales El límite de aportación de 1.500 euros, en marcha desde la reforma fiscal de 2021, ha hecho que los planes individuales de pensiones hayan perdido atractivo frente a los planes de empleo y otros productos como los fondos de inversión o los planes individuales de ahorro (PIAS) que ofrecen las aseguradoras y las entidades financieras.  En el momento de hacerlas, las aportaciones a planes individuales reducen la base imponible del impuesto sobre la renta. Por ejemplo, una persona en un tramo del 30% que aporta 1.500 euros podría ahorrarse unos 450 euros en la declaración. No obstante, el rescate tributa como rendimiento del trabajo, lo cual puede elevar entonces la base imponible si no se planifica bien.  De forma alternativa, los PIAS son un producto de ahorro e inversión a largo plazo: el dinero aportado de forma periódica se invierte en fondos, y al llegar a la jubilación, se puede rescatar en forma de capital o renta vitalicia. En esta última opción, los rendimientos generados están exentos de tributación.  Cómo complementar la pensión Ante la incertidumbre sobre la sostenibilidad futura del sistema de pensiones, CaixaBank ha diseñado una estrategia de planificación financiera adaptada a cada etapa vital. A través de su programa Generación +, ofrece asesoramiento personalizado para fomentar el ahorro desde edades tempranas —idealmente, señalan, a partir de los 40— y garantizar ingresos complementarios durante la jubilación.  Entre los productos más relevantes destaca precisamente la renta vitalicia, un instrumento que transforma parte del ahorro acumulado en una renta periódica garantizada hasta el fallecimiento del titular. “Es especialmente útil para quienes desean complementar su pensión sin dejar de lado la posibilidad de dejar parte de su patrimonio en herencia”, explica Ramon Faura, el director Propuesta de Valor Banca Retail en CaixaBank, que gestiona el 70% de estos productos en España. La entidad cuenta ya con 730.000 clientes con rentas vitalicias, y 1.700 personas de más de 100 años entre sus titulares.  También existen seguros de protección sénior, fondos de inversión y carteras gestionadas, que permiten modular el nivel de riesgo según las necesidades de cada persona.  La vivienda como activo En un país con un altísimo porcentaje de propietarios de vivienda, el patrimonio inmobiliario representa una fuente potencial de liquidez. No obstante, por el momento apenas se aprovecha, constata Faura. Hay diversas fórmulas para que el propietario pueda transformar su vivienda en renta sin necesidad de venderla de forma inmediata. Una de ellas es la hipoteca inversa, que permite recibir una renta mensual usando su vivienda como garantía, conservando la propiedad hasta el fallecimiento. Otra opción es la venta de la nuda propiedad, mediante la cual se transmite la titularidad del inmueble a cambio de una renta vitalicia, pero se mantiene el uso y disfrute del mismo de por vida.  También existen soluciones intermedias como el anticipo de alquileres, pensado para quienes necesitan sufragar una residencia: el banco adelanta los ingresos esperados por el alquiler, que después se regularizan con los herederos.  Cambio de comportamiento Pese a su potencial, muchas personas mayores desean conservar la vivienda para dejarla en herencia, aunque su valor real sea bajo, especialmente en zonas rurales. En este punto Mier destaca que la falta de planificación patrimonial genera conflictos: la mayoría de personas no ha hecho testamento, o lo ha redactado de forma genérica, lo que complica después la distribución del legado entre varios herederos.  No obstante, se observa un cambio de comportamiento generacional: mientras que padres y abuelos daban prioridad a la herencia, algunos jubilados actuales prefieren disfrutar de todo el patrimonio acumulado, por lo que cada vez más se decide optar por productos como las rentas vitalicias.

“Desde los 3.000 euros saltan todas las alarmas”, advierte el economista Ricardo Palomo / INFORMACIÓN

“A partir de 1.000 euros, Hacienda podría investigar esa retirada en efectivo. Pero desde los 3.000 euros saltan todas las alarmas”, ha afirmado Palomo. Esto no significa que esté prohibido retirar más de 3.000 euros, pero sí que el banco tiene la obligación legal de reportar esa operación al Banco de España, que, a su vez, lo puede comunicar a la Agencia Tributaria si lo considera necesario.

Los bancos también aplican sus propios límites

Ricardo Palomo también ha señalado que, más allá de las obligaciones legales, los propios bancos imponen límites diarios a las retiradas en efectivo, generalmente por razones de seguridad. Estos límites suelen situarse en torno a 600 euros diarios en cajeros automáticos, aunque pueden ser modificados por el cliente si lo solicita con antelación.

En caso de querer retirar cantidades más elevadas, como 3.000 euros o más, el banco podría exigir cita previa y justificar el motivo, además de registrar la operación para su seguimiento interno. Así, aunque legalmente se puede disponer de los fondos propios sin límites, el sistema está diseñado para que grandes movimientos en efectivo queden perfectamente monitorizados.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents