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El sistema de pensiones español afronta un importante "envejecimiento" y una fuerte "brecha entre ingresos y gastos", según Manuel Álvarez

El economista, autor de 'Pensiones: La promesa rota', analiza el deterioro del sistema por el envejecimiento y la pérdida del 33% de ingresos al jubilarse

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PI STUDIO

Marcos Rodríguez

El economista Manuel Álvarez ofrece una visión crítica de la Seguridad Social española, cuyo análisis se centra en la evolución de seis indicadores clave de la última década.

Álvarez subraya el deterioro demográfico (con una caída del 18% en la ratio de dependencia) y un desajuste estructural entre cotizaciones y prestaciones. A pesar del crecimiento de la pensión media (un 52% desde 2012), el autor enfatiza la urgencia de sistemas complementarios ante la pérdida de poder adquisitivo al jubilarse.

El diagnóstico del sistema público de pensiones realizado por el economista Manuel Álvarez, a través del barómetro de pensiones del Instituto Santalucía, expone las tendencias y presiones estructurales que afronta España.

Su análisis compara los datos más recientes con los de 2012 para dibujar la evolución del sistema en la última década.

Envejecimiento, el factor más preocupante

El indicador que genera mayor preocupación es, para el economista, el demográfico.

La ratio entre la población mayor de 65 años y la población en edad de trabajar ha sufrido un deterioro del 18%, un factor que, como señala Álvarez, "refleja el impacto del envejecimiento poblacional" sobre la capacidad contributiva del sistema.

A pesar de este contexto demográfico adverso, se constata un incremento significativo en las prestaciones. La pensión media mensual ha crecido un 52% en el periodo analizado.

No obstante, Álvarez matiza este dato, ya que el aumento se debe a que las nuevas altas perciben prestaciones más altas que las bajas por fallecimiento.

Las pensiones mínimas contributivas de los jubilados de 65 años sin cónyuge a cargo también han experimentado un incremento del 33%, aunque este se sitúa por debajo del crecimiento de la pensión media.

Pérdida de un tercio de los ingresos

Un pilar central del análisis de Álvarez es la tasa de reemplazo marginal, un indicador al que confiere una importancia capital por encima de la tasa de reemplazo general (que mide la pensión media sobre el salario medio y se sitúa en un 65%).

Este indicador, que compara directamente las jubilaciones recientes con los salarios de quienes acaban de retirarse, revela un problema de pérdida de ingresos para los nuevos pensionistas.

Este dato subraya la persistente carencia significativa de pensiones complementarias que Álvarez identifica en el sistema, mitigando la fuerte dependencia exclusiva de las prestaciones públicas.

La brecha entre ingresos y gastos de la Seguridad Social

En el plano financiero, el análisis de Álvarez, basado en los datos presupuestarios de la Seguridad Social de las últimas dos décadas, confirma que el sistema enfrenta un desajuste estructural entre ingresos y gastos.

Mientras que los gastos en prestaciones han mantenido un crecimiento sostenido, los ingresos por cotizaciones sufrieron un retroceso notable durante la crisis financiera.

Este desequilibrio inicial se ha ampliado con el tiempo, generando una brecha que "no se cierra en la actual fase expansiva", un hecho que la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) ha cifrado en el pasado en un déficit estructural de alrededor del 1,3% del PIB, además de afirmar que la reforma de las pensiones empeoró su sostenibilidad.

Para paliar este desequilibrio, el Estado ha incrementado las transferencias corrientes a la Seguridad Social, especialmente para financiar los llamados "gastos impropios".

Aunque estas transferencias han permitido reducir la brecha, no han sido suficientes para cerrarla por completo. No obstante, el sistema sí ha logrado un éxito en el campo de la eficiencia, tal como señala Álvarez, ya que ha conseguido reducir a la mitad sus gastos administrativos en relación con el gasto total.

En resumen, la radiografía de Álvarez apunta a un doble desafío para España: un deterioro demográfico que presiona al sistema y una brecha financiera crónica, haciendo indispensable, tanto a nivel público como privado, el desarrollo de sistemas de previsión complementarios.

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