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Laura Lobo, abogada: "Aunque tengas la custodia exclusiva, no puedes decidir mudarte sola con tus hijos a otra ciudad

Eston son los motivos por los que el regreso a casa tras el divorcio supone un desafío legal

Familias: padres, madres e hijos

Familias: padres, madres e hijos / Europa Press

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Laura Morote

Laura Morote

Todo comienza con una mudanza por amor: una mujer deja su ciudad natal, su entorno y su familia para iniciar una nueva vida en la ciudad de su pareja. Años después, llegan los hijos y, tiempo más tarde, la ruptura sentimental. En ese momento de crisis, la soledad en una ciudad que no es la propia pesa demasiado. Surge entonces el deseo instintivo de hacer las maletas y regresar a casa, cerca del apoyo familiar. Sin embargo, lo que parece una decisión lógica, puede convertirse en una pesadilla legal si no se gestiona correctamente.

Tener la intención de volver a casa es humano, pero ejecutarla sin permiso es ilegal. Muchas madres creen erróneamente que, por ser las cuidadoras principales o tener la guardia y custodia asignada, tienen libertad de movimiento, así lo explica Laura Lobo.

La patria potestad decide, no la custodia

La clave de todo este conflicto reside en diferenciar dos conceptos que a menudo se confunden: la custodia y la patria potestad. La custodia se refiere a con quién conviven los niños día a día. La patria potestad, en cambio, es el conjunto de derechos y deberes sobre las decisiones trascendentales en la vida del menor.

Decidir dónde van a vivir los niños es una decisión de tal calado que pertenece al ámbito de la patria potestad. Esto significa que la decisión corresponde obligatoriamente a ambos progenitores, independientemente de quién tenga la custodia. Aunque el padre solo los vea fines de semana alternos, su voz y su autorización son imprescindibles para que los niños puedan cambiar de residencia, especialmente si ese cambio implica alejarlos de su entorno actual y dificultar el contacto con él.

Si no hay acuerdo, decide el juez

El escenario ideal es el consenso. Si ambos padres entienden que el traslado es lo mejor, este acuerdo se plasma por escrito en el convenio regulador de divorcio. Pero, ¿qué ocurre cuando el padre se niega porque no quiere dejar de ver a sus hijos con frecuencia?

En ese caso, no queda otra vía que acudir a la justicia. La madre deberá plantear la situación en la demanda de divorcio o, si ya estaban divorciados, iniciar un procedimiento de modificación de medidas o de jurisdicción voluntaria para solicitar autorización judicial. Será un juez quien tenga la última palabra sobre si procede o no el traslado.

Las claves de la sentencia

Para que un juez autorice a una madre a llevarse a los hijos a otra ciudad, no basta con que ella "esté mejor allí". El tribunal analizará minuciosamente el motivo del traslado, pero sobre todo pondrá el foco en las necesidades de los menores.

El factor determinante suele ser el arraigo. El juez evaluará qué edad tienen los niños y cuán integrados están en su ciudad actual. No es lo mismo trasladar a un bebé de seis meses que a un niño de 12 años con colegio, amigos, actividades extraescolares y una vida social consolidada en su ciudad actual.

Finalmente, el tribunal debe garantizar que se respete el derecho de los niños a relacionarse con ambos padres. Para autorizar la mudanza, se debe proponer un régimen de visitas viable y generoso que compense la distancia física, asegurando que la relación con el padre no se enfríe ni se rompa por los kilómetros de por medio.

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