El meteórico ascenso del treintañero "criptobró" que ayudó a Pakistán a entrar en la órbita de Trump
Bilal Bin Saqib, un joven empresario convertido en alto cargo, ha usado la diplomacia de las criptomonedas para estrechar la relación entre Islamabad y el entorno del presidente de Estados Unidos

Bilal Bin Saqib en una imagen de sus redes sociales. / Instagram
En enero, en un edificio monumental del centro de Islamabad, la escena parecía más propia de una visita de Estado que de un acto sobre criptomonedas. Allí estaban el primer ministro paquistaní, Shehbaz Sharif, y el jefe del Ejército, Asim Munir, recibiendo a Zachary Witkoff, consejero delegado de World Liberty Financial, la plataforma cripto vinculada a la familia de Donald Trump.
La imagen tenía una carga política evidente. No se trataba solo de un acuerdo exploratorio y no vinculante sobre stablecoins, sin gran compromiso financiero detrás. El mensaje era otro: Pakistán quería abrir una nueva vía de influencia con el universo Trump. Y en el centro de esa operación apareció un nombre hasta hace poco desconocido fuera de ciertos círculos: Bilal Bin Saqib.
Con 35 años y una biografía que mezcla activismo social, emprendimiento y ambición tecnológica, Saqib se ha convertido en una de las figuras más influyentes del nuevo tablero paquistaní. Él mismo se define como un “crypto bro”, aunque su papel ha ido mucho más allá de la pose. En apenas un año ha pasado de la relativa discreción a ser una pieza útil para acercar Islamabad a la Casa Blanca de Trump.
La "biplomacy"
Durante el acto con Witkoff, Saqib celebró la visita como una oportunidad para “poner a Pakistán en el mapa”. No era una frase menor. Para él, las criptomonedas no son solo una apuesta económica: son una herramienta diplomática. De ahí que hable de “biplomacy”, un juego de palabras entre Bitcoin y diplomacia con el que resume su estrategia.
Ese movimiento ha reforzado la sintonía entre Trump y Munir, en un momento en el que Pakistán gana peso como intermediario potencial entre Estados Unidos e Irán. Steve Witkoff confirmó recientemente que Pakistán había entregado un plan de acción de 15 puntos, e Islamabad incluso ha sido mencionada como posible sede para contactos previos al ultimátum fijado por Trump a Teherán. Para el país asiático, además, resolver esa crisis también tiene un interés directo: teme una grave escasez energética si Irán sigue bloqueando gran parte del tráfico por el estrecho de Ormuz.
Michael Kugelman, investigador del Atlantic Council, resumió así la jugada: en una Casa Blanca donde las relaciones personales pesan tanto, Pakistán puede haber comprado influencia a través de estos vínculos. Y en una Administración poco convencional como la de Trump, añadió, factores poco convencionales como las criptomonedas pueden acabar siendo decisivos.
Para Pakistán, el giro tiene algo de revancha diplomática. Durante buena parte de la última década, el país vivió al borde de la bancarrota y del aislamiento, mientras Washington estrechaba lazos con India para contener a China. Pero el panorama cambió el año pasado, cuando los militares paquistaníes atribuyeron a Trump haber frenado un conflicto armado con India, una versión que Nueva Delhi rechazó de plano. Desde entonces, Trump no ha escatimado elogios hacia Munir, al que ha descrito públicamente como un “gran general” y un “combatiente serio”. Islamabad ha respondido con halagos propios y con una vía inesperada para afianzar la relación: el mundo cripto.
"No soy trader. Soy constructor. Soy el artista, no el científico"

Bilal Bin Saqib ha refinado su aspecto conforme ha ido ascendiendo. / INFORMACIÓN
Ahí es donde Saqib encontró su espacio. Natural de Lahore, asegura que empezó a interesarse por las criptomonedas durante el gran rally del bitcoin de 2017, cuando pasó de cotizar por debajo de 1.000 dólares en enero a 14.000 dólares a finales de ese año. Su relato personal encaja con el tipo de figura que sabe venderse bien en tiempos de redes y titulares: dice que trabajó en tres empleos mientras estudiaba, incluido uno limpiando baños, antes de formarse en Reino Unido y cursar estudios de posgrado en la London School of Economics. También ganó visibilidad por su labor social, con proyectos para facilitar acceso al agua potable y campañas solidarias durante la pandemia, que le valieron reconocimiento público en Reino Unido.
Sin embargo, su salto al primer plano paquistaní sigue teniendo zonas grises. Hasta hace poco, su experiencia en el sector cripto parecía limitada. Aun así, en muy poco tiempo fue encadenando nombramientos: asesor del ministro de Finanzas para criptomonedas, consejero delegado del Pakistan Crypto Council, asistente especial del primer ministro para blockchain y criptoactivos y, finalmente, presidente de la autoridad reguladora de activos virtuales.
Él mismo resume su perfil de una manera muy reveladora: “No soy trader. Soy constructor. Soy el artista, no el científico”. Más que un técnico del sector, Saqib se presenta como alguien capaz de convertir ideas en contactos, contactos en operaciones y operaciones en relato.
Y los resultados, al menos por ahora, le acompañan. Uno de sus grandes movimientos fue atraer a Changpeng Zhao, fundador de Binance, como asesor estratégico del Pakistan Crypto Council. Poco después recibió en Islamabad a Zachary Witkoff y otros ejecutivos de World Liberty Financial, que firmaron con el Gobierno paquistaní una carta de intenciones para cooperar en la adopción de stablecoins.

Saqib con Changpeng Zhao, fundador de Binance. / INFORMACIÓN
Pakistán no ocultó el valor simbólico de aquel gesto. El Gobierno recordó en su comunicado que World Liberty Financial está respaldada por la familia Trump, incluido el propio presidente y sus hijos. Era una forma de decir que el país había encontrado una nueva puerta de entrada a Washington.
La relación no se quedó en la foto. Saqib publicó después una imagen junto a Witkoff en Mar-a-Lago, mientras Pakistán avanzaba en paralelo en otros frentes con Estados Unidos, como un acuerdo para reformar el Hotel Roosevelt de Manhattan. Según el propio Saqib, las criptomonedas han abierto conversaciones, generado confianza y dado al país una oportunidad para “reposicionarse”.
También ha tratado con nombres como la gestora Cathie Wood, el multimillonario del bitcoin Michael Saylor y Nayib Bukele, presidente de El Salvador, que convirtió el bitcoin en moneda de curso legal en 2021 y creó una Reserva Estratégica de Bitcoin.
La dimensión económica
Ese reposicionamiento también tiene una dimensión económica. Pakistán ha pasado en muy poco tiempo de desconfiar del sector a abrazarlo como palanca estratégica. Después de años de recelo por el fraude, el blanqueo y los esquemas piramidales, el país ha impulsado una legislación específica, ha creado un regulador propio, ha reservado 2.000 megavatios de electricidad para minería y ha planteado incluso una reserva nacional de criptomonedas.
El atractivo del mercado no es menor. Según el Ministerio de Finanzas, Pakistán cuenta con 40 millones de usuarios de criptoactivos y un volumen de operaciones superior a los 300.000 millones de dólares. En una economía marcada por la inflación crónica, muchos ciudadanos han encontrado en estos activos una vía alternativa para mover y proteger su dinero.
Estados Unidos, además, ve en Pakistán más de una oportunidad. A su posición estratégica como potencia nuclear se suma el interés por sus minerales críticos. En septiembre, la estadounidense US Strategic Metals firmó un memorando con una empresa controlada por el Ejército para desarrollar recursos de tierras raras. El país ofrece, por tanto, algo más que un nuevo mercado para el negocio digital vinculado a la familia Trump.
Pero el terreno sigue siendo resbaladizo. Pakistán continúa atado al Fondo Monetario Internacional, que históricamente ha mostrado pocas simpatías por los experimentos soberanos con criptomonedas. El caso de El Salvador sirve de aviso: su apuesta por el bitcoin complicó las negociaciones con el FMI. A eso se suma la volatilidad geopolítica. Trump puede pasar del elogio a la presión con gran rapidez, y no sería extraño que terminara exigiendo a Islamabad un mayor alineamiento frente a Irán, algo que pondría a Munir en una situación delicada.
Saqib, en cualquier caso, insiste en mirar más lejos. Su discurso se centra en formar a los jóvenes de Pakistán en habilidades tecnológicas, modernizar la economía y evitar que el país tenga que volver cada pocos años al FMI en busca de oxígeno. Su visión mezcla oportunismo, narrativa de ascenso personal y fe en que esta vez la ventana de oportunidad sí puede convertirse en algo duradero.
Él lo resume con una frase muy suya: ha habido serendipia, buen momento y una alineación de estrellas. Viendo la velocidad con la que ha escalado y el tipo de alianzas que ha tejido, cuesta negar que, al menos por ahora, le está funcionando.
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