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Todos nos hacemos mayores: la razón por la que esta empresa ha tenido que pagar la "máxima indemnización" a un trabajador

Para despedir a un empleado no basta con incluir la supuesta causa en la carta de despido: debes ser capaz de demostrarlo en un juzgado

Esta es la clave para saber cómo actuar ante un despido improcedente

Esta es la clave para saber cómo actuar ante un despido improcedente / Eva Abril

Carmen Tomàs

Carmen Tomàs

El propio trabajador había admitido que su rendimiento laboral no era el mismo, pero la empresa no supo justificar bien esta como la razón de su despido. Un juez ha tumbado la decisión de echar a este empleado por haber bajado su nivel de rendimiento, un caso ganado en el despacho del abogado laboralista Miguel Benito y que él mismo relata. Tal y como el letrado subraya, este caso salió adelante no por una actuación extraordinaria de la defensa, sino por los errores cometidos por la empresa desde el principio.

Y es que, como señala Benito: “Para despedir a alguien en España tiene que haber una causa legal”. No basta con incluir esta supuesta causa en la carta de despido, tienes que ser capaz de demostrarlo en un juzgado. De no existir una causa legal en España la empresa está obligada a dos cosas: o bien indemnizar al trabajador o bien reincorporarlo, según el caso.

En el caso que relata el abogado, el caso gira en torno a un trabajador despedido por un supuesto bajo rendimiento. De hecho, el propio empleado reconoció en la reunión mantenida con el despacho que en los últimos años no había trabajado al mismo nivel que al principio. No obstante, este reconocimiento no es suficiente para sostener el despido. Miguel Benito explica que, para que una empresa pueda despedir por bajo rendimiento, debe acreditar dos elementos: por un lado, que esa bajada existe, comparándola con otros trabajadores, con el sector o con el rendimiento previo del propio empleado; por otro, que esa caída ha sido voluntaria.

Un albañil realiza trabajos en el lavabo de una vivienda. / Archivo

Un albañil realiza trabajos en el lavabo de una vivienda. / / Archivo

El empleado se hacía mayor

En este caso, según relata, el trabajador había reducido su ritmo, pero no de forma intencionada. “Era un trabajo muy físico y él cada vez era más mayor y lo hacía más despacio”, afirma. A todo esto se sumó un fallo de manual en la carta de despido: la empresa no explicó correctamente que el empleado tuviera que mejorar su rendimiento ni realizó una comparativa que acreditara los mínimos exigidos.

Con este panorama, la defensa entendió desde el inicio que el despido tenía muchas cartas para ser declarado improcedente, y así fue. La sentencia, según explica Miguel Benito, concluyó que la empresa nunca justificó correctamente ni la bajada de rendimiento ni el carácter voluntario de la misma, por lo que deberá abonar al trabajador su “máxima indemnización”.

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