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Esto es lo que puede dejarte sin pensión de jubilación aunque hayas cotizado 15 años

Muchos trabajadores lo pasan por alto hasta que llega el momento de pedir la prestación

La Seguridad Social fija la pensión contributiva máxima: ¿cuánto se puede cobrar?

Lucía Feijoo Viera

Haber cotizado 15 años no siempre asegura el acceso a una pensión contributiva de jubilación. Aunque ese es el mínimo que más se repite cuando se habla de la jubilación, existe otro requisito menos conocido que puede cambiarlo todo en el último momento. Se trata de una condición que pasa desapercibida para muchos trabajadores y que, sin embargo, puede marcar la diferencia entre cobrar o no cobrar la prestación.

La idea de que bastan 15 años cotizados para acceder a la jubilación se ha instalado como una referencia clara para miles de personas. Ese periodo existe y es obligatorio, pero no actúa por sí solo. En realidad, la Seguridad Social exige dos condiciones distintas dentro del tiempo de cotización para poder reconocer una pensión contributiva.

La primera es la llamada carencia general. Consiste en haber cotizado al menos 15 años, es decir, 5.475 días a lo largo de la vida laboral. No hace falta que esos años sean seguidos, ya que pueden sumarse distintos periodos trabajados en momentos diferentes. Cumplir este requisito permite acceder al 50 % de la base reguladora. A partir de ahí, el porcentaje sube conforme aumentan los años cotizados, hasta llegar al 100 %. En 2026, para alcanzar esa pensión completa se exige haber cotizado 38 años y 3 meses.

Pero ahí no termina la cuenta. Junto a ese mínimo general aparece otra exigencia que suele generar dudas y que puede dejar fuera de la prestación a quien no la cumpla, aunque supere de sobra esos 15 años acumulados.

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Ese requisito es la llamada carencia específica. En la práctica, obliga a que al menos dos de los 15 años cotizados estén dentro de los 15 años inmediatamente anteriores al momento de la jubilación. Es decir, no basta con haber trabajado y cotizado lo suficiente en algún momento de la vida. También importa cuándo se hizo.

Este matiz afecta especialmente a personas con carreras laborales interrumpidas, largos periodos sin empleo o años fuera del mercado de trabajo. Un trabajador puede llegar a la edad ordinaria de jubilación con 18 años cotizados y, aun así, quedarse sin pensión contributiva si lleva 20 años sin cotizar y no reúne esos dos años dentro del tramo exigido. En cambio, otra persona con el mismo total cotizado sí podría acceder a la prestación si parte de esas cotizaciones se sitúan dentro de los últimos 15 años.

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La diferencia no es menor, porque cambia por completo el resultado final. De ahí que expertos en pensiones recomienden revisar con tiempo la vida laboral y no esperar al último momento para comprobar si se cumplen todos los requisitos. En algunos casos, además, pueden entrar en juego situaciones especiales. Entre ellas figuran determinadas situaciones asimiladas al alta o la conocida doctrina del paréntesis, que permite excluir del cómputo algunos periodos sin cotización cuando se deben a causas ajenas a la voluntad del trabajador. Eso sí, no se aplica de forma automática y cada caso debe estudiarse de manera individual.

Para quienes ven que no cumplirán con esa carencia específica, todavía pueden existir alternativas. Entre ellas, cotizar el tiempo que falte como autónomo, recurrir a un convenio especial con la Seguridad Social o comprobar si ciertos periodos pueden computar, como algunas excedencias por cuidados o determinadas bajas temporales.

La carencia específica se ha convertido así en uno de los puntos más decisivos de la jubilación contributiva. Es un requisito que muchos descubren tarde, cuando ya están a las puertas de la salida laboral y la solicitud de la pensión depende de un detalle que parecía menor.

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