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El cambio silencioso que prepara la banca: convertir bonos, fondos y acciones en “tokens”

La tokenización promete operaciones financieras más rápidas, abiertas las 24 horas y con menos intermediarios, pero su gran prueba no será tecnológica sino legal

La tokenización promete operaciones financieras más rápidas, abiertas las 24 horas y con menos intermediarios

La tokenización promete operaciones financieras más rápidas, abiertas las 24 horas y con menos intermediarios / INFORMACIÓN

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J. A. Giménez

J. A. Giménez

Durante años, la palabra token ha sonado a criptomoneda, especulación y precios imposibles de explicar. Pero en los despachos de bancos, gestoras y grandes fondos se está usando cada vez más para algo bastante menos llamativo y mucho más importante: modernizar la fontanería del sistema financiero.

La idea se llama tokenización. Consiste en convertir un activo tradicional —un bono del Tesoro, una acción, una participación en un fondo o incluso, más adelante, una parte de un inmueble— en una representación digital registrada en una red de tipo blockchain. Dicho de forma sencilla: el activo sigue existiendo, pero su propiedad y sus movimientos pueden gestionarse como si fueran piezas digitales.

La promesa es potente. En lugar de mover activos con procesos lentos, conciliaciones entre entidades, horarios de mercado y esperas de varios días, la tokenización aspira a que muchas operaciones sean casi instantáneas, programables y disponibles 24 horas al día.

No va de comprar “monedas raras”, sino de cambiar cómo se mueve el dinero

La clave para entender este fenómeno es separar dos mundos. Una cosa son las criptomonedas como activo especulativo. Otra muy distinta es la tecnología que permite registrar operaciones de forma compartida, verificable y difícil de manipular.

En la banca tradicional, cuando alguien compra un activo financiero, por detrás se activan registros, cámaras de compensación, custodios, bancos, liquidaciones y controles. Funciona, pero no siempre es rápido ni barato.

La tokenización permite automatizar procesos.

La tokenización permite automatizar procesos. / INFORMACIÓN

Con la tokenización, una parte de ese proceso podría automatizarse. El token actuaría como prueba digital de propiedad y la red registraría quién tiene qué, cuándo lo ha comprado y bajo qué condiciones. Organismos como IOSCO señalan que la tokenización puede aportar eficiencia, programabilidad, fraccionamiento de activos y reducción de fricciones, aunque también advierten de riesgos legales, operativos y de ciberseguridad.

Por qué los grandes fondos miran ahora a los bonos y no a los pisos

Aunque la imagen más llamativa sea la de comprar “un trocito” de un edificio, el dinero institucional está mirando primero a activos mucho más líquidos: bonos del Tesoro, acciones y fondos del mercado monetario.

Tiene sentido. Son productos que ya mueven muchísimo volumen, que necesitan procesos de liquidación rápidos y donde una mejora pequeña puede ahorrar mucho dinero. Por eso los fondos monetarios tokenizados se han convertido en uno de los laboratorios más interesantes del sector.

El Banco de Pagos Internacionales explica que estos fondos monetarios tokenizados están creciendo como instrumento de ahorro y colateral dentro del ecosistema cripto, con una diferencia clave frente a muchas stablecoins: pueden ofrecer rentabilidad de mercado monetario y, al mismo tiempo, operar en redes digitales.

El “gemelo digital”: la solución intermedia mientras llega la regulación

El gran problema es que las finanzas no viven solo de tecnología. Viven de confianza, normas y tribunales. Por eso muchas entidades no están dando el salto de golpe.

Moody’s plantea que en esta primera etapa puede imponerse un modelo de gemelo digital: la operación se registra en la cadena de bloques, pero también se refleja en los sistemas tradicionales oficiales. Es decir, el mundo nuevo avanza, pero todavía atado al viejo.

Ese enfoque tiene lógica. Permite probar la eficiencia de la tecnología sin romper de inmediato la arquitectura legal que sostiene los mercados. La propia Moody’s destaca que las stablecoins reguladas están emergiendo como una posible capa de liquidación programable entre las finanzas digitales y las tradicionales.

El dinero digital que falta para que todo encaje

Para que un bono tokenizado, una acción tokenizada o un fondo tokenizado funcionen de verdad, hace falta una forma de pagar dentro de ese mismo entorno. No basta con tener el activo en formato digital si luego el dinero se mueve por raíles antiguos. Ahí entran tres candidatos.

El primero son las stablecoins, monedas digitales vinculadas a divisas reales como el dólar o el euro. Su ventaja es que se mueven rápido y pueden integrarse fácilmente en redes blockchain. Su riesgo es evidente: necesitan reservas, supervisión y confianza.

Las stablecoins: las criptomonedas que pueden revolucionar la economía mundial

Las stablecoins: las criptomonedas que pueden revolucionar la economía mundial / Eva Abril

El segundo son los depósitos tokenizados, una versión digital de los depósitos bancarios tradicionales. Mantienen el vínculo con el banco emisor y, en determinados marcos, con sistemas de garantía, pero también arrastran el riesgo propio de la entidad.

El tercero son los fondos monetarios tokenizados, que combinan movilidad digital y rentabilidad. Para una gran institución, pueden funcionar como una especie de efectivo productivo: dinero aparcado, pero no inmóvil.

Lo que podría cambiar para el pequeño inversor

A corto plazo, esto no está pensado principalmente para que cualquiera compre desde el sofá una parte de un rascacielos. La primera oleada va dirigida a bancos, gestoras, fondos y grandes operadores.

Pero a largo plazo sí puede tener consecuencias para el inversor común. Si la tokenización madura, podría facilitar el acceso fraccionado a activos que hoy quedan lejos de muchas carteras: inmuebles, deuda privada, fondos especializados o productos antes reservados a grandes patrimonios.

La parte delicada está justo ahí. Democratizar el acceso también puede democratizar los riesgos. El Fondo Monetario Internacional advierte de que el éxito de las finanzas tokenizadas dependerá de marcos legales claros, activos seguros para liquidar operaciones, buena gobernanza del código y coordinación internacional. Sin esas bases, la misma velocidad que promete eficiencia puede amplificar problemas de liquidez, concentración o fragmentación.

Tres futuros posibles

El escenario más probable no es una revolución de un día para otro, sino una integración gradual. Primero bonos, fondos monetarios y acciones muy líquidas. Después, si la regulación acompaña, productos más complejos.

Un segundo escenario sería el estancamiento: muchos pilotos, mucha presentación corporativa y poca adopción real. Es algo que ya ha ocurrido con otras tecnologías financieras que prometían cambiarlo todo y acabaron limitadas a nichos.

El tercer escenario, menos probable pero más disruptivo, llegaría si las stablecoins reguladas se consolidan como medio de pago preferente dentro del sistema financiero. En ese caso, la tokenización dejaría de ser una mejora interna y podría convertirse en una nueva capa de Wall Street.

La pregunta ya no es si la tecnología puede hacerlo. En gran parte, puede. La pregunta importante es quién garantiza que esos tokens representan derechos reales, protegidos y reclamables si algo sale mal.

Ahí se juega la tokenización su futuro. No en el brillo de la palabra blockchain, sino en algo bastante más aburrido y mucho más decisivo: que el inversor sepa exactamente qué posee, quién responde por ello y qué ley lo protege.

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