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HERENCIAS

¿Pueden los padres dejar todos sus bienes a un hijo y a otro nada? Esto dice la ley

La abogada Laura Lobo advierte de que los padres pueden disponer de su patrimonio en vida, pero las donaciones pueden influir después en el reparto de la herencia

¿Pueden tus padres dejarlo todo a un solo hijo? La respuesta no es tan sencilla

Herencias sin dramas: los errores que debes evitar según este experto en finanzas / Eva Abril

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Las herencias suelen ser uno de los asuntos familiares más delicados. Cuando fallece un padre o una madre, no solo aparecen trámites, impuestos y documentos notariales: también pueden salir a la luz decisiones tomadas en vida que no todos los hijos conocían o entendían de la misma manera. Una vivienda entregada a uno de ellos, dinero transferido durante años, una donación para comprar un piso o un testamento poco claro pueden convertirse en el origen de un conflicto familiar largo y costoso.

Mientras una persona está viva, conserva la capacidad de administrar su patrimonio, venderlo, donarlo o usarlo como considere oportuno, siempre dentro de los límites legales. Sin embargo, cuando fallece, sus bienes pasan a formar parte de una herencia y entran en juego los derechos de determinadas personas, especialmente los hijos, que en el Código Civil tienen la consideración de herederos forzosos. La legítima es precisamente la parte de la herencia de la que el testador no puede disponer libremente porque la ley la reserva a esos herederos.

Herencias

La abogada Laura Lobo señala una persona, mientras vive, puede disponer de sus bienes como le parezca bien. Puede dar dinero a un hijo y a otro no, donar una vivienda o incluso entregar bienes a un extraño. Ahora bien, eso no significa que esas operaciones desaparezcan sin dejar rastro cuando llegue la herencia. Según explica, cuando una persona fallece, “la persona se va y sus bienes se quedan”; desde ese momento, esos bienes ya no son suyos, sino que pasan a integrar una herencia sobre la que algunas personas tienen derechos reconocidos por la ley.

El punto clave está en que los hijos tienen derecho a saber qué ha ocurrido con el patrimonio del fallecido. No se trata solo de repartir lo que queda en la cuenta bancaria el día de la muerte, sino de analizar si en vida se hicieron donaciones que puedan afectar a la legítima. El Código Civil establece que, para fijar la legítima, se atiende al valor de los bienes que quedan al fallecimiento, descontando deudas y cargas, y se agrega el valor de las donaciones colacionables. Es decir, determinadas entregas realizadas en vida pueden tenerse en cuenta para calcular correctamente qué parte corresponde a los herederos forzosos.

Adelanto

Por eso, una donación a uno de los hijos puede acabar interpretándose como un adelanto de herencia. La propia Laura Lobo advierte de que todas las donaciones hechas durante la vida pueden influir en la futura sucesión, porque afectan a la porción de bienes que corresponderá a los hijos cuando el derecho hereditario se materialice. Esta es una de las razones por las que existen tantos litigios entre hermanos: unos sostienen que lo recibido por un hijo fue una simple ayuda; otros entienden que fue una donación que debe computarse; y otros defienden que debía considerarse parte anticipada de la herencia.

La cuestión se complica porque no siempre basta con decir en un documento que una donación no debe colacionarse. La doctrina jurídica distingue entre computación, colación e imputación, operaciones distintas pero relacionadas en el cálculo de la legítima. En términos sencillos, no es lo mismo sumar donaciones para comprobar si se ha respetado la legítima que obligar a un heredero a traer lo recibido al reparto entre coherederos.

De esta forma, los padres pueden organizar su patrimonio en vida, pero no deberían hacerlo de cualquier manera si quieren evitar problemas futuros entre sus hijos. Donar una vivienda, entregar dinero a uno de ellos o favorecer a un descendiente puede ser legal, pero conviene dejar por escrito qué naturaleza tiene esa entrega, si es una donación, si se imputa a la legítima, si se considera mejora o si forma parte del tercio de libre disposición. La recomendación de Laura Lobo es asumir esa responsabilidad en vida y dejarlo todo claro en un testamento personalizado. Cuanto más preciso sea el testamento y mejor documentadas estén las donaciones, menos margen habrá para que los herederos tengan que acudir después a los tribunales para averiguar qué quiso hacer realmente quien ya no puede explicarlo.

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