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Cuando el dolor de espalda te impide trabajar: la lumbalgia puede ser causa de incapacidad permanente

Los informes médicos y las limitaciones funcionales son decisivos para reclamar una pensión por esta causa

La lumbalgia, una de las causas más frecuentes de incapacidad permanente en España

PI STUDIO

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El dolor de espalda es una de las dolencias más comunes entre los trabajadores, pero también una de las más incomprendidas. Desde fuera, muchas veces no se ve. No siempre hay una escayola, una herida visible o una señal externa que permita entender hasta qué punto una persona puede estar sufriendo. Sin embargo, quienes padecen dolor crónico saben que una jornada laboral puede convertirse en una auténtica prueba física cuando cada movimiento supone un esfuerzo.

En muchos puestos de trabajo, el cuerpo tiene que responder durante horas. Estar de pie, permanecer sentado, caminar, agacharse, levantar peso o mantener una misma postura durante mucho tiempo son acciones habituales en la mayoría de profesiones. Por eso, cuando aparece una dolencia incapacitante en la espalda, el problema no se limita al dolor. También afecta a la capacidad real de cumplir con las tareas del empleo, mantener el ritmo de trabajo y acudir cada día al puesto en condiciones.

Lumbalgia

Uno de los ejemplos más claros es la lumbalgia. Según explican los expertos, los dolores de espalda pueden llegar a ser causa de incapacidad permanente, y la lumbalgia es una de las dolencias que mejor refleja esta situación. No se trata de una simple molestia puntual ni de un dolor leve que aparece después de un esfuerzo concreto. En los casos más graves, la lumbalgia puede provocar un dolor verdaderamente insoportable, hasta el punto de hacer casi imposible levantarse de la cama.

Muchos trabajadores acuden cada día a su puesto con dolores que son muy difíciles de soportar. Lo hacen por responsabilidad, por miedo a perder el empleo o porque creen que no tienen otra alternativa. Pero no todos los dolores de espalda evolucionan igual. Hay lesiones o episodios que pueden mejorar con el tiempo, con descanso o con tratamiento, permitiendo que la persona vuelva a trabajar sin grandes problemas. En esos casos, la recuperación es posible y el trabajador puede retomar su actividad.

El problema aparece cuando la lumbalgia no mejora y se convierte en una limitación constante. Un dolor crónico de espalda puede impedir tareas tan básicas como estar de pie durante mucho tiempo, permanecer sentado varias horas seguidas, caminar con normalidad o cargar peso. Y esas acciones, precisamente, forman parte de muchísimos empleos. Por eso, cuando la dolencia impide desarrollar la profesión con normalidad, puede abrirse la puerta a una pensión por incapacidad permanente.

La clave, según el experto, está en ser honesto y sincero. No se trata de exagerar síntomas ni de presentar una situación que no se corresponde con la realidad. Pero tampoco se debe normalizar un dolor que impide trabajar. Si una persona realmente no puede acudir a su empleo por una lumbalgia incapacitante, debe valorar la posibilidad de solicitar una pensión por incapacidad permanente. Para ello, es importante explicar bien la situación, aportar la documentación médica necesaria y demostrar cómo afecta esa dolencia al trabajo diario.

Reclama

En estos casos, el consejo del experto es reclamar con ayuda de un abogado laboralista. La incapacidad permanente no se concede simplemente por tener lumbalgia, sino por las consecuencias reales que esa dolencia provoca en la vida laboral. Por eso es fundamental preparar bien el caso, actuar con transparencia y acreditar que el dolor impide trabajar de manera efectiva. La lumbalgia puede no verse desde fuera, pero cuando limita de forma grave la capacidad de levantarse, moverse, permanecer en una postura o realizar esfuerzos, deja de ser “solo dolor de espalda” y puede convertirse en una causa real de incapacidad permanente.

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