VECINOS
Qué hacer si el perro de tu vecino no para de ladrar: esto dice la Ley de Propiedad Horizontal
La comunidad puede actuar si los ladridos son constantes y afectan al descanso, pero es necesario acreditar que se trata de una molestia reiterada y no de una queja puntual

Perros y sus dueños / Europa Press
Vivir en una comunidad de vecinos exige aceptar que no todo depende de uno mismo. El ruido de una puerta, una reforma, una televisión demasiado alta, una fiesta o una mascota pueden acabar afectando al descanso del resto de residentes. La convivencia se basa en cierto margen de tolerancia, pero también en límites claros cuando una conducta se repite, se vuelve molesta y altera la vida normal dentro del edificio.
Los animales de compañía forman parte de miles de hogares y, en la mayoría de los casos, no generan ningún problema. Sin embargo, cuando un perro ladra durante horas, de madrugada, cada vez que se queda solo o de forma constante a lo largo del día, el conflicto puede pasar de una simple incomodidad a un problema vecinal.
Ley de Propiedad Horizontal
La Ley de Propiedad Horizontal no prohíbe tener perros en una vivienda ni menciona de forma expresa los ladridos, pero sí ofrece herramientas para actuar cuando una conducta afecta a la convivencia. Uno de los puntos de partida es el artículo 6, que permite a la comunidad fijar normas de régimen interior para regular los detalles de convivencia y la adecuada utilización de los servicios y cosas comunes, siempre dentro de los límites de la ley y de los estatutos. Es decir, la comunidad puede aprobar reglas sobre ruidos, uso de zonas comunes, horarios de descanso o circulación de animales por espacios compartidos, pero esas normas no pueden vulnerar derechos básicos ni prohibir de forma arbitraria la tenencia de mascotas.
El precepto más importante en este tipo de conflictos suele ser el artículo 7.2 de la Ley de Propiedad Horizontal. Esta norma establece que al propietario y al ocupante no les está permitido desarrollar en la vivienda o en el resto del inmueble actividades prohibidas en los estatutos, dañosas para la finca o contrarias a las disposiciones generales sobre actividades molestas, insalubres, nocivas, peligrosas o ilícitas. Unos ladridos puntuales no bastan, pero si el ruido es continuo, intenso, nocturno o reiterado, puede encajar dentro de una actividad molesta que perjudica al descanso y al uso normal de las viviendas.
El primer paso, antes de llevar el asunto a mayores, suele ser la vía amistosa. Conviene hablar con el propietario del perro, explicar cuándo se producen los ladridos y cómo afectan al descanso. Muchas veces el dueño ni siquiera sabe que el animal ladra durante horas cuando se queda solo. Si el problema continúa, lo recomendable es trasladarlo al presidente o al administrador de la comunidad para que quede constancia y se pueda realizar un requerimiento formal. La Ley de Propiedad Horizontal prevé que el presidente pueda requerir al vecino infractor el cese de la actividad molesta y, si no cesa, la comunidad puede autorizar el ejercicio de acciones judiciales.
Pruebas
La prueba es clave. No basta con decir que el perro molesta: hay que demostrar que los ladridos superan lo razonable y que son persistentes. Pueden servir grabaciones hechas desde la propia vivienda, un registro de días y horas, testimonios de otros vecinos, comunicaciones enviadas al propietario, actas de la comunidad, avisos a la Policía Local, informes municipales o mediciones acústicas cuando sea posible. Los tribunales valoran la frecuencia, la intensidad, el horario, la duración del ruido y la existencia de quejas previas. Además, las ordenanzas municipales de ruido o convivencia pueden fijar límites, horarios y sanciones, por lo que también puede acudirse al ayuntamiento o a la Policía Local si el problema es grave o se produce de noche.
A todo ello se suma la Ley de Bienestar Animal, que impone obligaciones a los dueños. Esta norma prohíbe dejar sin supervisión a cualquier animal de compañía durante más de tres días consecutivos y, en el caso de los perros, ese plazo no puede superar las 24 horas consecutivas. Esto no significa que cualquier ladrido sea una infracción de bienestar animal, pero sí refuerza la idea de que el propietario debe atender al animal, evitar situaciones de abandono o ansiedad y adoptar medidas si el perro ladra de forma constante porque se queda solo demasiadas horas, vive en una terraza o no recibe los cuidados adecuados.
Suscríbete para seguir leyendo
- Fin a la 'barra libre' de la ley de Segunda Oportunidad para perdonar las deudas
- El fundador de Finetwork y expresidente del Eldense, Pascual Pérez, salda su deuda con Hacienda
- El aeropuerto de Alicante-Elche rompe su propio techo con más de 75.000 pasajeros diarios en julio
- Cuatro marcas de calzado de Elche copan el ranking de principales fabricantes españoles
- Cox suma un nuevo contrato en Guatemala de 109 millones de euros
- Más gamba blanca y menos cigala: el calentamiento del mar reduce la pesca y altera las especies en Alicante
- ¿Qué tiendas abren este sábado 15 de agosto en Alicante?
- Estos son los 'pisazos' que vende la Seguridad Social en Alicante