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Si el Chepa levantara la cabeza

El pasado miércoles se cumplieron 75 años de la muerte de Vicente Pastor «El Chepa», fundador del Hércules fallecido en 1939 con el club en Primera División. El equipo regresó a la competición con los «grandes» al acabar la Guerra Civil

Si el Chepa levantara la  cabeza

Si el Chepa levantara la cabeza

«Vicente Pastor ha muerto». Una breve nota, publicada el 19 de junio de 1939 en la «Gaceta de Alicante», daba cuenta del fallecimiento «a las 11 de la mañana, en su domicilio de la calle Sagasta» del «popularísimo fundador del Hércules» a la edad de 37 años, conocido popularmente como «El Chepa» o «Chepeta». En esa fecha -la semana pasada se cumplieron 75 años- el Hércules, instalado en la cumbre, atravesaba su primera época dorada al haber alcanzado la Primera División cuatro años antes, categoría que mantenía a la espera de que concluyera la Guerra Civil para reiniciar la competición junto a otros once clubes de elite (Athletic, Atlético Aviación, Barcelona, Betis, Celta, Deportivo, Madrid, Racing, Sevilla, Valencia, Zaragoza).

Aquel joven alicantino, mancebo de farmacia, jorobado desde su tierna infancia por un accidente que le produjo su deformidad, vio cumplido su sueño al colocar en lo más alto del pabellón futbolístico del país al club que fundó bajo el nombre de «Hércules».

El delicioso relato del libro «Historial del Hércules FC», escrito por el periodista alicantino Juan Antonio Espinosa en 1941, describe al «Chepeta» como un joven «de cuerpo deforme», pero con el alma «clara y limpia», que intuía en el deporte «lo que la vida no había de darle: lo que le da a los organismos normales y no como el suyo, desmedrado».

En los primeros párrafos, Espinosa desvela que el «Chepa» fue jugador «hábil» pese a su deformidad, jugando en el Hércules que creó durante sus años mozos «cuando todavía para la práctica del fútbol no se requería en el equipo reciedumbre física». «Fue una maravilla en miniatura con el balón entre sus botas», relata el autor, «regateando y teniendo siempre una intuición magnífica de lo que el juego era en sí».

«Y más tarde, cuando ya comenzaba, por impotencia física, a declinar entre sus amigos de barriada, se constituyó entonces en animador y en alma de su equipo», agrega la narración. «Ya que no podía jugar enseñaría a los demás la práctica de lo que le era grato. Había puesto a su equipo un nombre turbulento, la verdadera antítesis de lo que él era. Y por un raro sarcasmo de lo físico, como obsesión en él de lo forzudo que para su naturaleza era desconocido, una tarde, regresando de los derribos de la Montañeta, se le ocurrió llamarle 'Hércules' al equipo. 'Así nos temerán mucho', dijo», relata Espinosa.

La crónica, editada a comienzos de los cuarenta por Publicaciones Deportivas Alonso, de Madrid, detalla que el equipo de El Chepa jugaba con «un balón de trapo» y vestía camisetas de telas de «colchón» en las que «en muchas, pero no en todas imperaba por sentimiento nativo los colores azul y blanco de Lucentum».

«En las tardes secas, en las horas más solares de esta tierra levantina, se complacían en darle a la pelota de tela en los descampados del paseo de Soto y cuyo urbanismo se llama en la actualidad plaza de los Luceros», agrega Espinosa en su escrito. «En las estribaciones de la Montañeta, alrededor del campo del extinguido Recreación Club de Alicante y en los terrenos del 'Hort del tío Roig', los herculanos se batían contra sus rivales (...)».

Espinosa aclara que el Hércules, con Vicente Pastor como maestro de ceremonias, utilizaba dos 'locales', para su organización: uno de verano y otro de invierno.

El 'local' del largo verano alicantino estaba en el paseo Reina Victoria «al aire libre», en un banco circular que rodeaba la estatua, el pedestal del busto de Barrejón. El reservado de invierno estaba en la esquina de la calle Gerona, en el mismo paseo, en un viejo local acogedor propiedad del 'tío Pancha', «un buen hombre de enorme barrigón, pacienzudo y bondadoso» con los muchachos. «Había un par de divanes y una sillas quejumbrosas. Y en la tienda acogedora se celebraban las empíricas juntas directivas, con Alberto Misó, Agustín Gosálvez, los jugadores y Vicente Pastor. Al lado mismo de los tenderetes de cacahuetes, avellanas y almendras se discutían alineaciones y entrenamientos (...) En la visión panorámica del futuro triunfal que tuvo el fundador, el malogrado Chepa, las ansias por el encumbramiento del Hércules vivían siempre latentes (...)».

Juan Antonio Espinosa también da cuenta de la reunión que tuvo lugar en el bar 'Julio Abril', de Alfonso El Sabio, sede de la peña «Los Gorilas», el 4 de septiembre de 1931, donde se nombró una «amplia y seria» junta directiva que cogió el timón del club para iniciar la «época triunfante» que llevaría al Hércules a Primera División. En esa junta, José Antonio Larrinaga y Gorostiza -empresario cercano a la familia Bardín- fue elegido presidente, mientras que El Chepa, Alberto Misó y Enrique Picó quedaron como presidentes honorarios. Pascual Henares, Renato Bardín Mas, Evaristo R. Manero, entre otros, completaron la directiva que eligió a Alejandro Finning, técnico hispano-inglés afincado en Alicante, como primer entrenador federado para el club herculano.

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