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El club fulmina a Planagumà tras 4 jornadas y negocia con Munitis

El técnico catalán deja de pertenecer al Hércules tras un mes de Liga y Portillo negocia la llegada del cántabro, que hizo campeón de Liga al Racing en la 15-16 - El segundo entrenador, José Vegar, dirigirá al equipo mañana

El club fulmina a Planagumà tras 4 jornadas y negocia con Munitis

Crónica de una muerte anunciada. Planagumà dejó de ser entrenador del Hércules ayer, aunque el domingo ya se marchaba del Rico Pérez sabiendo que había sido su último encuentro en el banquillo alicantino. El mismo al que había aterrizado 15 meses antes, en un mes de junio de 2018 en el que el Hércules se debatía, otra vez, entre la vida y la muerte. Esperó al club y pronto le dio un lavado de cara radical a un entorno deprimido, adormecido y distante tras dos años terribles entre la nada. De esa energía positiva con la que llegó ya no quedaba nada ni en el ambiente ni en su figura, la de un entrenador resignado a esperar el tiro de gracia, toda vez que los resultados solo hacían que engordar las tiranteces que mantenía con Javier Portillo.

Ese distanciamiento no lo ocultaron ni Planagumà ni el director deportivo; ambos buscaron una manera sutil de entrevelar reproches desde este verano. La pretemporada ya comenzó viciada por la renovación a regañadientes que hubo de aceptar Portillo, ante la insistencia de Enrique Ortiz y de Juan Carlos Ramírez, que asumió esa bandera como propia a pesar de que Planagumà había sido una apuesta de Portillo el curso anterior.

La relación de ambos se había deteriorado con el tiempo, con una renovación que no llegó en tiempo y forma durante la temporada a petición expresa del técnico, que prefirió decidir su futuro demasiado tarde a ojos de Portillo. Las renovaciones de varios futbolistas que ejecutó el director deportivo antes de terminar la temporada pasada también sembraron malestar en Planagumà, que no vio cumplidas varias peticiones sobre la confección de la plantilla del nuevo curso.

Era el principio del fin, salir a hombros de una faena en la que comienzas con dos avisos es tarea inasumible. Emaná, el delantero que quería el técnico por su capacidad, exclusiva en la plantilla, de actuar al espacio, se marchó por la puerta de atrás del Hércules tras medio curso sin ficha federativa por lesión. Jona, al que Planagumà le colocó el cartel de transferible, se quedó en la plantilla al ser una apuesta decidida de Portillo, quien le había firmado un atractivo contrato solo unos meses atrás. Las circunstancias, siempre inoportunas, quisieron que Benja se lesionara y que el técnico hubiera de comulgar con ruedas de molino. Jona se había convertido en el único delantero disponible de la temporada y así actuó.

Los registros del hispano-hondureño no variaron y no consiguió ver puerta. En realidad no lo consiguió prácticamente nadie en una pretemporada en la que el Hércules se abonó al empate a cero y a las sensaciones nebulosas. Y Planagumà, que además había perdido por el camino a Carlos Martínez por lesión (amén de su cabreo por cobrar menos que sus dos iguales), estalló tras el empate en El Prat. «Centramos al área y nunca pasa nada». «Nadie atacó el primer palo hasta que Benja salió».

Bastaron esas dos frases para evidenciar una ruptura con lo establecido. Sabedor de que su puesto comenzaba a tener una fecha de caducidad próxima, Planagumà dejó patente que él ya había avisado del problema meses atrás. Aquel punto en casa del Prat iba a ser el último que sumaría con el Hércules porque luego llegaron tres derrotas seguidas y unas sensaciones todavía peores, de equipo deslabazado y pusilánime, de poco gol y menos amago de solución. Estaba acabado el proyecto. Atrás quedaron 15 meses, 48 partidos y una sensación agridulce.

Planagumà se va con el reconocimiento de buena parte de la plantilla y de la afición. En su mochila también se lleva el honor sin medalla de haber sido quien volvió a contagiar a una afición que este verano rebasó la barrera de los siete mil abonados pese al traspié contra la Ponferradina.

Sustituto

Antes de que Ortiz y Ramírez decidieran renovar a Planagumà a comienzos del pasado mes de julio, Portillo ya había gestionado la incorporación de Pedro Munitis. El entrenador cántabro, despedido en abril por el UCAM, continúa sin equipo y es el mejor colocado para suplir a Planagumà. Sin embargo, Portillo maneja un par de alternativas por si el exfutbolista del Real Madrid no llega a Alicante, algo en realidad altamente improbable.

El director deportivo del Hércules busca ahora un perfil opuesto al de Planagumà, que hizo gala de un fútbol ordenado defensivamente pero poco productivo en ataque. Y en esa ecuación entra Munitis. «Necesitamos un técnico con hambre y que su mensaje cale en el vestuario», confiesa la dirección deportiva del club blanquiazul.

En su primera experiencia en el banquillo, Munitis hizo campeón de grupo a su Racing de Santander en la 15-16, pero cayó con estrépito en la promoción de ascenso a Segunda División. Al curso siguiente, con la temporada iniciada, suplió a Manolo Herrero en la Ponferradina, pero fue despedido a falta de ocho jornadas. En la 17-18 aterrizó en un UCAM con urgencia, que había comenzado el curso a las órdenes de Planagumà, pero que a falta de seis jornadas era sexto en su grupo. No pudo colocarlo en «play-off» pero continuó el año pasado en el club murciano. Hasta que fue despedido en la jornada 35, con el equipo quinto y a tres puntos de la promoción.

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