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ANÁLISIS

Ortiz cumple 20 años al frente de un Hércules en su situación más crítica

El empresario alicantino y su yerno Javier Portillo están en el punto de mira porque el equipo firma la peor clasificación de su historia, con solo un punto de 18 y en descenso a Tercera

Enrique Ortiz, en el palco del Rico Pérez junto a su socio Juan Carlos Ramírez.

Enrique Ortiz, en el palco del Rico Pérez junto a su socio Juan Carlos Ramírez. José NAvarro

Enrique Ortiz Selfa cumple 20 años al frente del Hércules pero ni el empresario ni el club están para fastos. El equipo nunca en su casi centenaria historia estuvo tan abajo y la afición ya pidió la semana pasada la dimisión de su yerno, el director deportivo Javier Portillo. Poca broma con esto porque la chispa ha prendido en el Rico Pérez y otro resultado negativo el próximo domingo (19.00) ante el Barcelona B podría provocar imágenes que hace mucho no se veían en el coliseo blanquiazul y su puerta cero.

Tras quedarse a las puertas del ascenso la pasada temporada con Lluís Planagumà como comandante en jefe (tuvo gran peso en la confección de la plantilla), Portillo decidió prescindir del barcelonés tras la disputa solo de cuatro jornadas como colofón de un verano lleno de disputas internas entre el director deportivo y el entrenador. Su destitución no ha provocado el efecto deseado ya que el Hércules perdió ante el Orihuela (1-3) con José Vegar como técnico interino y también cayó el sábado pasado en Llagostera en el estreno de Jesús Muñoz. El equipo ha sumado un punto de 18 y pensar más allá de la permanencia parece ahora una utopía.

Enrique Ortiz parece que vea los toros desde la barrera, pero nada más lejos de la realidad, ya que está en el día a día del club ya que la presencia de Portillo le obliga a ello. El empresario solo es fiel a su familia y hace poco reconocía que esta temporada había invertido aún más dinero que la anterior, por lo que el Hércules tiene uno de los presupuestos más elevados de toda la Segunda B por mucho que desde los despachos se empeñen en negarlo. Lo que Ortiz no quiere es que le engañen con sueldos desorbitados y ahora hay mucho de eso en la plantilla. Y además queda claro que estos dispendios no garantizan el éxito y sí un trabajo serio de conocimiento del mercado y una estructura profesionalizada. Ya debería haberlo aprendido tras utilizar a 30 entrenadores en 20 temporadas.

Juan Carlos Ramírez, único socio que ha encontrado para que le ayude en esta etapa negra de Segunda B que dura ya seis temporadas, es el primero que tiene claro que la planificación deja mucho que desear pero la batalla contra la familia siempre la ha perdido hasta el momento. El empresario vasco intervenía casi a diario en la etapa de Dani Barroso como director deportivo, pero el pasado curso decidió mantenerse al margen y el proyecto estuvo muy cerca de salir bien. Pero ahora que no está Planagumà, la figura de Portillo está más debilitada que nunca y Ramírez lo sabe.

Hace años, la afición siempre encontró una cabeza de turco en el entrenador de turno o en presidentes puestos a tal efecto como Jesús García Pitarch, pero ahora la situación es diferente y si este calvario persiste nadie pedirá la cabeza del recién llegado Jesús Muñoz. Portillo ya recibió insultos aislados contra el Orihuela y el cántico casi unánime de la grada pidiendo su marcha. Él es el principal interesado en que el Hércules levante el vuelo para que todo no salte por los aires.

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