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Ramírez, ante su gran oportunidad

El socio de Ortiz tiene por primera vez plenos poderes en la parcela deportiva y de gestión desde que llegó al Hércules en 2014

El empresario vasco Juan Carlos Ramírez, sonriente, a las puertas del estadio Rico Pérez.

El empresario vasco Juan Carlos Ramírez, sonriente, a las puertas del estadio Rico Pérez. Pilar Cortés

Juan Carlos Ramírez ha tardado cinco años en tener voz y voto en cada decisión del Hércules y ha sido necesario un cataclismo deportivo para que Enrique Ortiz se vea abocado a darle plenos poderes. El empresario vasco llegó al Rico Pérez en verano de 2014, nada más consumarse el descenso a Segunda B, y desde entonces tuvo una relación más que tensa y complicada con la dirección deportiva, primero con Dani Barroso y después con Javier Portillo. Ahora tiene vía libre para hacer y deshacer. Tras la derrota ante el Espanyol B, la novena en 16 partidos, Ramírez dijo basta e impuso (con el beneplácito de Ortiz) la contratación del entrenador Vicente Mir, lo que provocó la renuncia inmediata de Portillo, que se vio obligado a dar un paso al lado muy a su pesar.

El empresario vasco dispone de media temporada para hacer y deshacer a su antojo pero sabe perfectamente que si el resultado no es positivo, Ortiz le volverá a quitar el juguete y probablemente se lo devuelva a su yerno, que espera acontecimientos en la sombra. Ramírez ya tiene a Mir en el banquillo y formará una comisión deportiva con Paco Martínez (con quien ya trabajó en el Elche) y con Francisco Escudero, «Paquito», excapitán del Hércules, hombre de la casa y quien quiere a su lado a excompañeros como Eduardo Rodríguez.

El socio de Ortiz ha bajado a la arena con todo, presencia cada entrenamiento desde la banda pero también ha patinado gravemente en su primera decisión social al obligar a los abonados a pasar por caja para presenciar el debut copero frente al Recreativo del próximo martes (20.45 horas). Ramírez destaca por su nula sensibilidad con los aficionados y ya provocó varios tsunamis en campañas de abonos pretéritas. Ahora esta cacicada de la Copa ha puesto en pie de guerra a la masa social blanquiazul, que tiene la firme decisión de dejar vacío el Rico Pérez en el estreno en la Copa del Rey. «Quien quiera fútbol, que lo pague», esgrime Ramírez, ajeno a que el Hércules está protagonizando esta temporada el mayor ridículo de su historia, con el equipo en puestos de descenso a Tercera, donde nunca ha militado.

El exdirigente del Elche aspira a salvar holgadamente al equipo y finalizar la temporada en una posición digna y con buenas sensaciones, pero si no aprende de los errores y sigue mandando de espaldas a la afición, se verá abocado al fracaso.

Por más que Portillo y su mujer han querido convencer a Ortiz de que Ramírez y sus formas no tenían sitio en el Hércules, el empresario alicantino sigue manteniendo su alianza con el vasco y, además, la ha extendido a otras vías de negocio. El actual hombre fuerte del Rico Pérez se ofreció a compartir gastos en una empresa muy deficitaria como el Hércules en Segunda B y Ortiz eso no lo olvida. Es más, lo agradece y lo recompensa.

Desde el primer día, Ramírez le hizo saber a la parcela deportiva que él había llegado para tomar decisiones, algo a lo que siempre se opuso el entonces máximo responsable Dani Barroso. este último defiende a día de hoy que no le impuso ningún jugador, ni entrenador, si bien su presión en el día a día era casi asfixiante. Tras tres intentos fallidos de ascenso (con dos promociones), Ramírez puso fin a la etapa de Barroso, pero después le quedaba un hueso aún más duro de roer: Javier Portillo, quien pedía a gritos a su suegro una oportunidad de demostrar su valía y tener plenos poderes. En la 17/18, con el de Aranjuez ya en solitario como director deportivo, las turbulencias no cesaron ya que Claudio Barragán llegó de la mano de Ramírez para sustituir a Gustavo Siviero y la campaña fue un fracaso.

La temporada pasada fue la excepción y el empresario se mantuvo completamente al margen. Permitió a Portillo y Lluís Planagumà maniobrar con autonomía y el ascenso estuvo muy cerca. Aún así, la opinión de Ramírez sobre el director deportivo no cambió y le sugirió que diera un paso al lado y permitiera al técnico barcelonés hacer y deshacer en la plantilla, consciente de que ya lo había hecho en verano debido a su conocimiento de mercado tras más de 200 partidos en Segunda B y su paso por los filiales del Villarreal, Espanyol y Granada.

Portillo se opuso radicalmente, acentuó sus diferencias con Planagumà y le destituyó en la cuarta jornada para ganar su guerra particular. Pero todo se le volvió en contra. El experimento de apostar por un entrenador sin experiencia como Jesús Muñoz le salió mal y Ramírez ha aprovechado la coyuntura para hacerse fuerte, adquirir todo el protagonismo y adueñarse de la vara de mando.

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