El presidente del Hércules, Quique Hernández, cumple este lunes tres meses en su segunda etapa en la presidencia del club alicantino, periodo que se ha caracterizado por la inestabilidad deportiva y económica, la crisis social y por el incierto futuro que le espera a la entidad tras el Covid-19.

El Hércules, que no ha podido abandonar la zona de descenso a Tercera desde la llegada de Hernández, ya que lleva mes y medio sin jugar, afronta unas semanas decisivas para su futuro puesto que la posible suspensión de la competición como consecuencia de la pandemia de coronavirus se ha convertido en su tabla de salvación para una temporada catastrófica.

Hernández, que ya había sido presidente en 2019, tomó el relevo de Carlos Parodi, quien mantiene el cargo de consejero delegado, llegó al club de la mano de los máximos accionistas, Enrique Ortiz y Juan Carlos Ramírez, con el objetivo de pacificar el entorno de la entidad, muy crispado por la mala deriva del equipo.

El ex entrenador se hizo cargo desde el primer momento de la dirección del Hércules al asumir todas las decisiones que se tomaran en la entidad y tras reconocer una mala gestión anterior.

Hernández, cuyo discurso logró reducir las críticas al consejo, también fue portavoz de Ortiz al anunciar que estaba dispuesto a poner en venta su parte del club y a desaparecer de la gestión del Hércules, siempre y cuando el nuevo propietario fuera alguien de solvencia económica.

El valenciano, que desde el primer momento llamó a la unidad del herculanismo, asumió una semana después de su llegada la destitución del entrenador Vicente Mir, con el que no estaba en sintonía, y confió de forma interina en Antonio Moreno, técnico del filial, al que los resultados -cuatro empates en otros tantos partidos- avalaron hasta el parón.

Tras la explosión de la pandemia, la entidad fue de las primeras en solicitar un Expediente de Regulación Temporal de Empleo (ERTE) por causa de fuerza mayor al no poder desempeñar su actividad deportiva y generar ingresos.

En cuanto al regreso de la competición, Hernández, la cara diplomática del Hércules, siempre ha mantenido una postura prudente, apelando que el fútbol es secundario en una situación de alarma social, pero tampoco ha ocultado que la nulidad de la temporada era la mejor opción para los intereses del club, en riesgo real de descenso.