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Un gol al arcoiris

No al conformismo

Pedro Sánchez frente al Ibiza

Pedro Sánchez frente al Ibiza

A mí no me representan. Primero porque no pertenezco a ninguna asociación ni peña herculana, y segundo y más importante porque no me conformo. No me puedo conformar con que mi equipo, el club de mis amores, el Hércules, ese glorioso que ha militado veinte años en la Primera División, que ha superado en clasificación en varias ocasiones tanto al Atlético de Madrid como al Barcelona, que le birló a los azulgranas su goleador, Morera, el primer «tico» en destacar en el fútbol español, y que se quedó a escasos goles de participar en la UEFA, además de ganar con solvencia en los grandes campos de la piel de toro, se quede como mal menor en el nuevo invento de los próceres federativos, la Primera División de la RFEF. No, me niego a ello, tanto como cientos, qué digo, miles de aficionados herculanos.

El objetivo no puede ser clasificarse para la Liga Pro, como venían a decir en coro la mayoría de los representantes de distintas peñas y asociaciones hace unos días en INFORMACIÓN. Eso es de perdedores, y el Hércules, la institución y su afición son ganadores, luchadores hasta el final, hasta que las matemáticas así lo determinen. El objetivo del Hércules es subir a la Segunda División, es militar en la categoría de plata, es el ascenso. Y más con el centenario a la vuelta de la esquina. No hay otro. Mientras haya vida, hay esperanza. En la familia herculana no nos adaptamos a cualquier circunstancia con resignación, no entregamos voluntariamente nuestros anhelos para ponerlos en manos de quienes se rinden ante las adversidades. No somos conformistas, no nos dejamos llevar por la opinión de dirigentes, aceptando conclusiones sin valorar antes las premisas.

El conformismo es una actitud que lleva al individuo a la ciega aceptación, con independencia de valorar las circunstancias, eliminando toda posibilidad de cambio, de superación. Callar en las crisis es exaltar el conformismo decía Einstein. El conformismo es el carcelero de la libertad y el enemigo del crecimiento, apostillaba Kennedy. La afición herculana debe seguir exigiendo y sobre todo pensando en el ascenso como único objetivo del proyecto que le mostraron antes del inicio de temporada. Otra cosa muy distinta sería abandonar a su suerte al Hércules si ello no se consigue al final del trayecto. Nunca, ni aunque el Hércules caminara por los ominosos senderos de categorías que nunca ha pisado, sería abandonado por los herculanos de verdad, aquellos que se dicen de pro. Mientras tanto no se dé esa circunstancia, lo prometido es deuda.

El margen de confianza que se ha de dar al nuevo entrenador y al director deportivo, aún en circunstancias poco proclives a ello, empieza a dar sus frutos. De entrada el Ibiza, líder indiscutible de toda la Segunda B, cayó el domingo en el Rico Pérez, lo que unido al empate del Villarreal B, hace que el Hércules vuelva a los puestos que dan acceso a la segunda fase para el ascenso. Éxitos propios y desfallecimientos de los rivales devuelven el optimismo. La larga espera al Toro Acuña, parece que se acerca en los momentos que más se le necesita. Bienvenida sea ante los reiterados fallos ante el gol del gafado Buenacasa, que no marca un gol al arco iris. Todo parece confluir en estos últimos días para beneficio del equipo. Tres partidos a cara de perro. Villarreal, Atlético Levante y La Nucía. Tampoco es que sean los mitológicos trabajos de Hércules. Solamente queda adaptar al terreno de juego el estribillo del himno: «¡Ahí va! cuando juegan al ataque todos temen su coraje...». Pues eso. Ahí lo dejo.

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