Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

El Hércules se arroja al vacío (1-2)

Pierde frente al Cornellà a pesar de jugar con un hombre más desde el minuto 2 por la expulsión de Álex Serrano

11

El Hércules se complica la vida contra el Cornellà Alex Domínguez

Siempre por el camino largo, a contrapelo, haciendo equilibrios por encima del volcán, saltando sin mirar sobre un cable gastado. Acostumbrados al desastre, adictos al descrédito, venidos a menos en los días grandes. Da igual cuando se lea esto, el Rico Pérez es el único estadio del mundo en el que hueles a tormenta incluso en los días más soleados. 

El Hércules recupera su peor versión cuando menos margen le queda. Se acuesta sin pasaje para la Liga Pro y lo hace después de ser incapaz de superar a un Cornellà que jugó 94 minutos con un hombre menos por la expulsión de Serrano nada más empezar. El catalán acercó los tacos al cielo y le abolló la cabeza a Moyita.

Lo que ocurrió después de aquello se ha visto tantas veces, que parece un refrán. Todo mal. Y lo peor, el olfato de gol. Así de cínica es la vida en blanquiazul. Dispones de uno más y nadie lo nota hasta el tiempo de prolongación. Por incapacidad de alguno o inacción general. Da igual. El día que se te pone de cara, te arrojas al vacío. Tan insólito como natural.

La decisión del colegiado reafirmó las creencias de un bloque, el catalán, canchero, tácticamente perfecto en la contención, acostumbrado a defender en poco espacio y con Agus Medina y Víctor Fernández apareciendo puntualmente para marcar diferencias. Guillermo Romo no tiene mucho más, pero le vale para sacarle los colores a quien se pase hora y media sumando imprecisiones, aventuras individuales hacia la nada, a quien, por miedo, cometa errores garrafales como Javi Pérez.

Invisible en su tarea, sufrió un desplome futbolístico que no se veía en Alicante desde aquellos cuadros de ansiedad de Pere Martínez que le impedían pisar el césped. Falló en las coberturas, perdió balones, vio una amarilla, le concedió la espalda a todo el que se la buscó y acabó enviando a córner el balón que significó el 0-1 tras un saque de esquina al filo del descanso. Fue tan inquietante todo lo que hizo el sevillano, con balón o sin él, que Manolo Díaz le sustituyó por un futbolista del filial que se estrenaba en ese instante con el primer equipo. La sombra de su desaguisado volvió a posarse de nuevo cuando Maffeo, su recambio, solo un cuarto de hora después, midió mal un centro lateral y permitió a Dorca clavar el puñal y girarlo.

El Cornellà ganó a la defensiva haciendo lo mismo que hacía Cubillo. Con dos líneas detrás bien pertrechadas, sin exponer lo más mínimo, esperando que el rival, en su celo atacante, cometiera un fallo, un error no forzado que le condenara. Al final fueron muchos, pero al cuadro catalán le bastó con dos, ambos por la misma zona, ambos mortales de necesidad.

El disparo en el pie que se pegó el Hércules queriendo demuestra que un mismo sistema ejecutado por futbolistas diferentes puede variar tanto como el ánimo del herculanismo. Sin Appin, el sostén del centro del campo desaparece y se hace muy difícil generar superioridad si Moyita no maniobra libre.

Por fuera, sin Raúl Ruiz, se pierde consistencia, intención, presencia en el área. Con el canterano, los despistes de Pedro Sánchez no pasan factura. Ayer, sí. El Hércules se pareció 20 minutos al equipo que barrió al Llagostera. Ese tiempo le dio para generar tres ocasiones claras, todas con el tanque a la madrileña como último destinatario en la circulación. Ninguna llegó a la red. Otra vez. Otro partido... y ya van más de mil.

El mazazo que supuso el tanto de Borja García –en el primer intento con fuego real del Cornellà– atenazó al equipo, que lo siguiente que hizo fue enfilar cabizbajo el túnel de vestuarios... perdiendo contra diez. Mal augurio. Los fantasmas que persiguen al Hércules en las últimas dos décadas son tan resilientes como la tozudez de quienes lo gobiernan. A pesar del tanto, los alicantinos trataron de sacudirse la fatalidad, de volver a la carga. Lo hicieron tímidamente, sin regularidad, sin convicción, sin inquietar a Ramón Juan, que apenas intervino en la segunda parte. Todos los pases que superaban líneas o activaban un fuera de juego, o acababan topando con un rival o esquivando al rematador.

Cuando Dorca, que acababa de ingresar en el terreno de juego, golpeó por segunda vez en el hígado del proyecto de Carmelo del Pozo, nadie en el estadio creyó que se pudiera volver a levantar. Lo hizo. Tímidamente, sí. Pero se puso en pie empujado por Buenacasa. El aragonés descubrió un lunar en la defensa catalana, recibió la pelota, giró, avanzó, pisó área y, cuando notó la llegada defensor, frenó esperando a que Víctor Fernández, desubicado, le arrollara. 

No quiso que nadie más lo tirara. Cogió el balón, engañó al guardameta y sumó su tercera diana para igualar a su compañero Manu como máximo goleador del equipo. Ese dato explica muchas cosas, y ninguna sirve para sacar una buena conclusión. Con tres «nueves» corriendo a la vez, todo el peligro aparente lo generaba Maffeo. 

Abde y Pedro Sánchez, desdibujados, pasaron más tiempo lamentando caídas que galopando. Ambos maniatados en la jaula ideada por Romo para desactivarlos. Sin su verticalidad, el Hércules pasó de ser el vendaval del día del Llagostera, a un monótono pasear del balón de banda a banda sin diagonales, desmarques o disparos, sin movilidad entre líneas.

Hasta la prolongación –generosa por el vicio moderno de perder tiempo, fundamental en eso  tan siniestro que es el otro fútbol– no se experimentó algo similar a un asedio blanquiazul. Fueron seis minutos con el Cornellà rodeando a su portero. Cinco jugadas acertó a completar el Hércules en ese periodo, ninguna tuvo la intención real de subir al marcador. Ni un remate certero de los tres delanteros que compartieron el mismo metro cuadrado al final. El Hércules se arroja al vacío, arriesga su futuro y se queda sin margen. Solo le vale ganar los dos partidos que le restan. El miedo pesa, pesa una barbaridad.

Lo último en INF+

Compartir el artículo

stats