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El alcalde se queda a medias

El primer edil reitera que el dueño y la afición deben unirse para recuperar la ilusión

Barcala, en el palco del estadio,al lado de Carlos Parodi. JOSE NAVARRO

No habrá otra andanada pública de Luis Barcala a Enrique Ortiz. El alcalde se planta. Llegó todo lo lejos que cree que podía llegar desde su convencimiento político y no actuará para precipitar la salida del empresario de la propiedad del Hércules. El primer edil considera que ya dijo e hizo todo lo que consideraba oportuno, que manifestó su solidaridad con el desencanto de la afición, se reunió con una parte de la masa social y llevó al pleno municipal una declaración institucional de adhesión con la hinchada.

Hasta ahí. Lo que ocurra después, ya dependerá de cómo evolucione la relación del constructor con la masa social del equipo, que el domingo, en buena medida, le expresó su deseo de que no siguiera y renunciara a la gestión de una SAD que controla desde hace 21 años. Barcala se limita a reiterar –una semana después de acusar abiertamente al empresario y a su socio de turno de haber «perdido toda la credibilidad» como gestores– que la propiedad del club y la afición deben ir de la mano para recuperar la ilusión sin entrar en más consideraciones.

El deseo del alcalde, atendiendo a lo visto y oído el domingo durante la manifestación organizada por una porción de las asociaciones y peñas del Hércules, tiene más rango de milagro que de posibilidad. El sentimiento de rechazo en esa parte del herculanismo es tan radical que cuesta imaginar que pueda revertirse antes de que los resultados deportivos, si son excelentes, puedan rebajar algo el clima de confrontación.

Enrique Ortiz seguirá al frente. La única oposición ante la que podría ceder es la que puede ejercer sobre él y su entramado empresarial el Ayuntamiento, y este ha decidido levantar el pie después de sopesar en frío los efectos adversos que le podría ocasionar asumir la tutela de una SAD como la blanquiazul en la coyuntura actual.

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La afición del Hércules protesta por la mala situación del club Héctor Fuentes

Sin fecha para la reunión

Tras encajar con estupor las acusaciones de falta de crédito gestor que profirió Barcala contra el constructor alicantino la semana pasada, el círculo más estrecho del empresario trató de propiciar una encuentro entre los dos. No se tramitó mediante registro, fue más un requerimiento, una llamada al entendimiento utilizando los enlaces que vinculan al Ortiz con el grupo popular en el Ayuntamiento. No se produjo. El primer edil evitó cualquier cónclave antes de la manifestación.

Mantuvo su hoja de ruta, escuchó a una representación de la afición por espacio de dos horas junto al resto de portavoces municipales y leyó la declaración institucional en el pleno que luego todos los grupos aprobaron de manera unánime. En ella, el foco se ponía en el entendimiento que debe imperar entre quienes controlan los designios del club y quienes les dan toda la relevancia social, el aliento desde la grada. Y ese es el camino del que no piensa salirse el alcalde, que no cree que deba ser él quien interfiera de manera directa en una sociedad anónima deportiva.

El Hércules se dio por enterado y aceleró la creación de un órgano consultivo –por supuesto sin poder ejecutivo–, que supuestamente debe servir para adherir la sensibilidad de la afición a la toma de decisiones y, de paso, implementar una medida que ayude a Barcala a justificar su postura de quedarse al margen de un hipotético traspaso de poderes en el club alicantino. Sin la fuerza del Ayuntamiento es inviable.

Foro de reflexión o senado

La directiva herculana tiene previsto presentar a lo largo de la semana a la figura independiente que se encargará de coordinar lo que se pretende que sea «un órgano de reflexión y diálogo que sirva para que puedan confluir en él las distintas sensibilidades que integran el herculanismo», decía el comunicado hecho público justo después de la celebración del último pleno municipal.

La Comisión Social del Hércules de Alicante CF, que así se denominará, aspira a ser un foro de debate en el que interactúen los representantes de los colectivos de aficionados. El ímpetu inicial de Barcala ha perdido energía con el paso de las horas. En su cálculo municipal, el grito de más de mil gargantas no sonó tan fuerte como para poner patas arriba un Ayuntamiento.

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