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La Federación presiona al Hércules para no devaluar su competición

La renuncia llevaba aparejado un «castigo»

Cuadro de emparejamientos del Grupo C de los dieciseisavos de final de la Copa Federación 2021-2022. | FUENTE: RFEF

Mejor jugarla... por si acaso. Esa es la conclusión a la que ha llegado el Hércules después de soportar en los últimos 15 días las presiones que ha recibido de parte de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) para que disputara la fase nacional de la denominada Copa Federación, un torneo en el que la dirección deportiva blanquiazul tenía muy claro que no le convenía participar. Ni siquiera los 90.152 euros de recompensa que se embolsa el ganador paliaban el deterioro que puede ocasionar al proyecto la disputa de jornadas entre semana.

El campeón debe superar cuatro rondas antes de llegar a la final, todas ellas, incluida la última, la que decide el título, a partido único. Y es eso precisamente lo que echaba para atrás al Hércules. El torneo se juega entre el 6 de octubre y el 24 de noviembre. Levantar la copa te obliga a disputar cinco encuentros en campos de dudosa calidad en muchos casos y con desplazamientos largos por carretera la mayoría.

Sergio Mora, todo disciplina, encaja mal los cambios en la rutina de preparación de las jornadas. Está enfocado en el ascenso, y cualquier acción que vaya encaminada a ello, le resta potencial. Para poder enfrentarte a un equipo de Primera en la ronda inicial de la Copa del Rey, el Hércules necesita alcanzar, como mínimo, las semifinales, es decir, superar tres eliminatorias. Y si lo logra, no será ninguno de los cuatro clubes involucrados en la Supercopa de Arabia Saudí, o sea, que ni Atlético, ni Barça ni Real Madrid. Renunciar, por tanto, era lo más práctico, y eso es lo que estaba decidido a hacer.

La competición recoge la posibilidad de renunciar unilateralmente a la participación en la fase autonómica (la que sí jugó, por ejemplo, el Intercity), pero solo contempla una sanción (multa) en el supuesto de borrarse de la nacional. El monto equivale a la media de la recaudación que hubiera obtenido el rival al que te debes enfrentar (en este caso el Ebro) en las dos últimas temporadas en esta misma Copa, o sea, muy poco, menos de lo que vas a invertir en viajar o en abrir tu propio estadio, de ahí que el Hércules estuviera dispuesto a renunciar sin mayor preocupación.

Ha tocado claudicar, pero ha sido por el punzante interés de la RFEF por contar con el equipo alicantino, uno de los pocos históricos de los que puede presumir una competición que el propio Luis Rubiales, máximo dirigente, sopesó muy seriamente suprimir en 2019 por su escaso arraigo entre los aficionados. Prueba de ello es el empeño puesto en «convencer» al Hércules para que la jugara. Los blanquiazules se enfrentan enla primera eliminatoria al Ebro en Zaragoza (sobre moqueta de pésima calidad) y, si la supera, se medirá con el vencedor del Costa Brava Izarra. El club que, desde 1945, año de su creación, más copas Federación tiene es el Puertollano (3).

Ortiz pregunta a Valdez lo mismo que a Freixa: «¿cuánto vas a poner?»

El interés del empresario alemán que Nelson Ahedo Valdez, exfutbolista del Hércules, presentó a Enrique Ortiz en su última visita a la ciudad no se ha concretado en ninguna oferta por la compra de la SAD blanquiazul. El internacional paraguayo, que ejercerá como embajador del club en el año de su centenario, pidió evaluar la situación económica de su exequipo a petición expresa de un industrial germano dispuesto a entrar en el negocio del fútbol en España.

Tras intercambiar documentación, no se concretó ninguna oferta. La familia Ortiz, de momento, no está interesada en desvincularse del Hércules. A lo que sí continúa dispuesta es a encontrar a socios inversores que le ayuden a cubrir el presupuesto tal y como hacía en los últimos años Juan Carlos Ramírez, alejado del día a día de la SAD sin fecha de vuelta y sin ninguna intención de seguir aportando cantidad alguna.

Los Ortiz le preguntaron a Valdez, en su condición de intermediario, lo mismo que a Toni Freixa el pasado junio: «¿Cuánto dinero vas a poner?». No hubo respuesta. Ni suya, como interlocutor válido, ni del posible socio capitalista teutón. Siguen aguardando.

Mientras el empresario alemán hace números y valora si le interesa quedarse con una parte del accionariado de la entidad que controla el dueño de Grupo Cívica –siempre con menos del 50% de los títulos– Ortiz no varía ni un ápice su discurso. Para el magnate alicantino, el Hércules de Alicante tiene un precio que no está sujeto a la categoría en la que coyunturalmente milita (actualmente es la cuarta) y no se planteará la posibilidad de deshacerse de un patrimonio que considera de su familia por derecho hasta que no le llegue una propuesta formal que le compense económicamente.

Podría acceder a escuchar ofertas a plazos o condicionadas (una parte ahora y otra cuando el equipo regrese al fútbol profesional) siempre que el autor de la misma le demostrara una solvencia intachable que garantizase la sostenibilidad de la entidad a muy largo plazo. De lo contrario, únicamente valorará compañeros de viaje que le ayuden a cuadrar el presupuesto anual.

Enrique Ortiz. | JOSE NAVARRO

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