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ANÁLISIS

Hércules CF: La decisión... otra vez

Hasta que no se zanje el debate en la portería, el proyecto no se librará de la devastación de la sospecha. Cerrarlo en falso, de forma ficticia, no sirve, el problema hay que resolverlo

Los jugadores del Hércules salen de la sesión de vídeo posterior a la derrota contra el Levante B

Todos los caminos se tuercen, se angostan, se llenan de baches. Ninguna línea es recta fuera de un plano. Vivimos llenos de miedos, de angustias, de quieros y no puedos. Por eso los trazos que unen puntos rara vez se acortan. Mas bien es al revés, en cuanto dejas que actúe la naturaleza morbosa del destino, la meta se aleja. Si encima eres un sujeto con propensión al desastre, al histrionismo, a la sobreactuación, lo normal es que la lógica te arrastre y acabes llorando tu pena en un rincón sin que nadie te escuche.

El Hércules del verano, como las cerezas, nunca llega a noviembre. Se pierde por la vereda. Las maneras que apunta, a la mínima, se tornan maniqueas, imprecisas, evitables. Nada evoluciona, todo, generalmente lo malo, permanece mientras el desconsuelo de la hinchada campa a sus anchas y la ilusión germinada con el sol de la canícula se enfría y se atomiza.

Si al nombre de cualquier enfermedad le añades el apellido persistente pocas veces se encuentra un medicamento que la cure. A las dudas les sucede igual. Cuando el segundo proyecto de Carmelo del Pozo era un puzle de salarios a ajustar para ceñirse al tope salarial fijado por el propietario se intuía que habría fisuras, desequilibrios, desigualdades. Lo dijo Enrique Ortiz en julio: «Haremos un Hércules de acuerdo a la categoría en la que estamos, uno que compita». En cuatro de las siete primeras jornadas lo ha hecho, y muy bien; en las otras tres... 

Dos porteros puestos en entredicho por sí mismos. La simplificación de quienes tratan de explicar el mundo para que les entiendan hasta las medusas tiene un mantra lapidario aplicado al fútbol: para hacer un buen equipo, necesitas un portero y un delantero potentes. Desconozco si es verdad –no creo en el individualismo ni en la toxicidad que genera– pero si le hacemos caso, en esencia, al equipo de Sergio Mora una de las dos posiciones le falla. Basta con echar un vistazo a las estadísticas para verificarlo. El «nueve» se ha repetido siempre, pero el guardameta fluctúa porque ninguno de los dos ha hecho méritos de sobra para adueñarse de uno de los puestos que menos variaciones sufre en cualquier equipo a lo largo de la temporada.

¿Podía intuirse que sería así? Sí. ¿Es una lata que se haya cumplido el mal augurio? Sí ¿Hay que convertir en astillas todo el proyecto, el enésimo, porque alguna pieza no encaja? No, pero hay que solventarlo deprisa. 

Y en este punto hay tres opciones: o el portero que salga mañana, probablemente Jesús Fernández, se muestra seguro y se sacude sus miedos, o lo hace quien le supla la siguiente semana, o aceptamos que nos hemos equivocado y rectificamos antes de que nos explote la bomba y nos aniquile la onda expansiva, porque los gigantes de cien años jamás caen lánguidos como la hojarasca otoñal, lo hacen con estrépito, a plomo. Es probable que la suma de salarios de los guardametas blanquiazules no alcancen juntos el que tenía Falcón, y, de momento, se puede entender por qué.Si no dan un puñetazo en la mesa, si no se hacen valer, si no demuestran, sobre todo a sí mismos, que el mundo se equivoca con ellos, el ruido del volcán de Cumbre Vieja será un gemido comparado con el ruido que tendrá que soportar un proyecto al que solo le falta regularidad y le sobra sugestión.

El sistema no puede tener dos caras. Elegir el modo de ocupar los espacios en un campo de fútbol es tan importante como seleccionar a los hombres que lo llevan a cabo. Acertar en la manera de repartir 11 personas sobre una superficie a cubrir tan grande es lo que diferencia al fútbol de todos los demás deportes que no se juegan en un terreno de juego similar, por eso no gana el mejor, por eso le puedes ganar a cualquiera, por eso puede haber gloria en un cero a cero.

Mora tiene que crecer, aprender sobre la marcha, entender a su equipo, anticiparse a él, saber intuir sus vicios, atajarlos rápido. Tener un plan be tan digno como el a, aunque luzca menos. Los códigos del vestuario los conoce como nadie y, lo crean o no, casi siempre, todo es lo que parece. Si en cuatro de los últimos cinco partidos que has disputado, tu delantero centro no ha visto puerta tal vez sea el momento de variar la fórmula. Si un sistema vale para golear y para que te goleen, seguro que hay que darle una vuelta.

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