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Tribuna

100 años, 100 entrenadores (VIII)

100 años, 100 entrenadores (VIII)

Si las temporadas previas habían sido una sucesión de erupciones que mantuvieron al club inmerso en una revolución continua, la temporada 71-72 comenzó tranquila, con Ignacio Eizaguirre como nuevo entrenador, pero el final de curso fue apoteósico, culminado con una de las citas más célebres del herculanismo. Eizaguirre había sido un portero de leyenda, titular en la Selección de los cuarenta y que estuvo 19 temporadas seguidas en Primera. Todo un hito para la época que sólo ha superado desde entonces Miquel Soler, aquel lateral zurdo de los noventa que jugó en el Madrid, Barça, Atlético, Sevilla, Espanyol y Mallorca.

Eizaguirre no supo encontrarle el estilo a este Hércules totalmente renovado: había fichado a jugadores que luego fueron tan importantes como Zamora, Rivera, Baena, Santamaría, Pachón; entre otros. El técnico, con el equipo penúltimo, prohibió a los jugadores hablar con la prensa, en una situación que ya se antojaba imposible. Fue cesado. Cogió interinamente el equipo Loves, un hombre de la casa que había sido portero del Alicante y técnico del Español de San Vicente, siempre con estrechos lazos con el Hércules. En la jornada 19 aterrizó en el club Pepe Valera, que había subido el año anterior al Xerez a Primera. Con él el equipo combinó buenos y malos resultados en una época en la que la Segunda era criminal: bajaban cuatro directos a Tercera y otros cuatro promocionaban para no hacerlo. Al Hércules le tocó el Cartagena, que quería subir a Segunda y estaba entrenado por Felipe Mesones.

En Alicante ganó el Hércules 3-1, pero el partido de vuelta fue un infierno y desde entonces es conocido como la Batalla del Almarjal. Se prohibió emitir el partido a las radios alicantinas, el autobús de La Serranica fue apedreado y tras el pitido final hubo una batalla campal en el césped. Buena prueba de aquel recibimiento hostil lo recogió el fotógrafo de INFORMACIÓN Perfecto Arjones, que inmortalizó una de ellas piedras en manos de un lugareño. El árbitro de la contienda, Herencia Jurado, quedó en la historia negra del Cartagena, donde se le acusó de favorecer escandalosamente al Hércules por un viejo favor que le debía al presidente Rico Pérez. El Hércules se mantuvo en Segunda, pero Valera puso punto final a su etapa de entrenador blanquiazul.

Llegó Jeno Kalmar, un húngaro con amplia trayectoria en los banquillos españoles y que había ascendido a Primera al Granada y al Málaga, donde se quedó a vivir y donde falleció en 1990. Kalmar dio estabilidad al club, que por fin terminaba la temporada con el técnico que la había empezado tras siete años intensos. Con Kalmar brilló Pepe Varela, un fino centrocampista que había coincidido con el húngaro en el Málaga. Tal fue el nivel del hispano-argentino que Kalmar recomendó a su compatriota Ladislao Kubala, entonces seleccionador nacional, que viniera a Alicante a verlo, pese a estar jugando en Segunda. El partido elegido, como suele pasar, fue un intrascendente 0-0 en La Viña contra el Nàstic, en que los alicantinos tuvieron que remar contracorriente toda la segunda parte por una expulsión de Fusté.

El Hércules mantuvo sin mayor complicación la categoría y aquella temporada terminaría con una anécdota genial. El club, inmerso en la colocación de la primera piedra del futuro estadio, encarga filmar el último partido de Liga, contra el Cádiz. El objetivo: que no se escape ningún gol del Hércules. El partido termina con derrota por 0-1 y la directiva monta en cólera y decide multar con 5.000 pesetas por barba a los que jugaron y 10.000 al míster «por desgana». Fue el último partido de Kalmar. Llegaría Arsenio. El Hércules comenzaba su segunda etapa de gloria.

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