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100 años, 100 entrenadores (XIX)

La 17-18 se fio la parcela deportiva a Javier Portillo tras el adiós de Barroso

Luque, exentrenador del Hércules

«Sin intensidad no vamos a ninguna parte», así justificaba Juan Carlos Ramírez la destitución de Manolo Herrero en enero de 2016. Entonces el equipo había caído a la cuarta plaza de la tercera categoría, algo que hoy suena a caviar pero que no se toleraba cuando el Hércules todavía tenía buena memoria. La derrota que precedió a la sustitución de Herrero (el Alcoyano, verdugo habitual) llegaba, sin embargo, tras 15 jornadas sin perder. «Nos habrá faltado otra cosa, pero intensidad, no» apuntaba Herrero en su adiós. Llegaba Vicente Mir, avalado tanto por Ramírez como por Dani Barroso. Herrero ha seguido entrenando a la Ponferradina, Murcia y Melilla, con el que se midió a los alicantinos este curso. En la segunda vuelta de la 15-16 el Hércules pegó un buen arreón y se quedó a dos puntos del liderato y encadenó una maravillosa racha de 17 partidos sin perder, sumando liga y promoción de ascenso (esta vez, con siete victorias seguidas). No bastó. El Cádiz de Álvaro Cervera volvió a interponerse en el camino, ahora en la final y sin escándalo arbitral, pero con el mismo regusto amargo tras un inicio de partido de vuelta apabullante que no dio frutos.

El ascenso frustrado se llevó por delante a Mir, que había expresado horas antes su deseo de continuar en el club y coger el proyecto desde el principio. No fue así. El elegido fue Luis García Tevenet, con un ascenso a Segunda al Huesca a sus espaldas. Comenzaba así, para desgracia de sus protagonistas, un bienio gris. Aún más. Los buenos resultados en Copa del Rey, donde el Hércules llegó a empatarle al Barça en el Rico Pérez, alargaron en el tiempo a Tevenet en el banquillo. El Hércules entraba y salía de la zona de ascenso, pero el equipo se cayó en la segunda vuelta y el sevillano fue destituido en marzo tras perder cuatro de sus últimos seis partidos. Cogió el equipo Carlos Luque, que había llegado al club como segundo de Mir, pero poco pudo hacer para enderezar el rumbo. Tevenet luego ha entrenado a los filiales del Sevilla, Levante y Atlético. Luque formó parte de la dirección deportiva del Hércules y siguió fuera su carrera de entrenador.

La 17-18 se fio la parcela deportiva a Javier Portillo tras el adiós de Barroso. Se fichó al argentino Gustavo Siviero, pero su paso fue uno de los más efímeros en la entidad. Duró nueve jornadas. El Hércules era octavo y su cese llegó tras una victoria en el minuto 85. La grada estalló tras el gol del triunfo y Ramírez fulminó al técnico. «Algunos jugadores merecen irse también con él», añadió el dirigente tras el partido. El Hércules, con el ojo puesto en el curso anterior, quiso atajar el problema pronto y no como con Tevenet, con el que se actuó en marzo. Aun así, tampoco dio resultado. Llegó Claudio Barragán, que infundió más carácter al equipo, y sólo perdió dos partidos de 16, pero tampoco pudo ganar con asiduidad. En febrero terminó su etapa blanquiazul. Para obrar un milagro llegó Josip Visnjic, exjugador del club y que también había tenido una oportunidad como entrenador, casi en idénticas circunstancias. No surtió efecto, el equipo necesitaba una revolución que llegaría en ese verano de 2018.

El catalán Lluís Planagumà revolucionó al entorno y conectó con la afición como hacía tiempo que nadie lo lograba. El equipo comenzó con cuatro victorias seguidas, algo inédito en la categoría y casi en la historia de la entidad. Tuvo algún altibajo, pero casi llega a pelear el primer puesto al Atlético Baleares. El Hércules superó las eliminatorias contra Barakaldo y Logroñés y cayó en Ponferrada. Había sido un año intenso, difícil, pero emocionante. El club decidió renovarle, pese a que había sido una temporada de desgaste para todos, también para el binomio que formaron Portillo y Planagumà. El curso 19-20 comenzaba torcido y pronto tardaría en estallar.

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