El Hércules de Ángel Rodríguez solo camina en una dirección, la del descenso. O alguien entra en razón y actúa con diligencia en el seno de la entidad, o el coma en el que se ha sumido el equipo será tan profundo que no despertará jamás. La situación es tan grave, que los alicantinos son incapaces de ganarle a nadie, ni siquiera a quienes no disponen de herramientas para ganar, como el Olot, un oponente amable, bisoño, semiprofesional, penúltimo, el peor local de la categoría... hasta ayer. Incapaz de aportarle nada útil al equipo, el entrenador leonés ha convertido el proyecto blanquiazul en un aspirante claro a engrosar la Tercera RFEF en junio. 

Su sesuda solución, después de tocar fondo en el Rico Pérez siete días atrás, fue repetir once, estructura y planteamiento. Sin inmutarse, sin pestañear, sin que se le escuchara una carcajada, sin rictus irónico. Después de señalar públicamente a sus futbolistas como causantes principales del desastre sin hacer distingos, el preparador los volvió a alienar a todos. El único que se quedó fuera fue Truyols, y porque estaba sancionado. Nadie se dispara adrede en el pie de manera semejante, de un modo tan descarado, salvo que lo haga para dejarle claro a quien juzga su tarea que se ha cansado de pelear, que se quiere ir, que ya ha llegado su hora.

Ángel Rodríguez solo introduce un cambio con respecto al once que perdió 0-4 en el día que ardió el Rico Pérez

Ni un tiro entre los tres palos en 90 minutos con la pelota en movimiento y séptima vez que adelantarse en el marcador no le sirve de nada a este Hércules, que empezó la temporada convencido de que iba a divertir (y a divertirse) con la pelota y ahora la mira ir y venir sin control de un lado a otro de la cancha, sin referencias ofensivas y sin un patrón de circulación que le haga sentirse cómodo con el balón cuando alcanza lo más difícil, situarse con ventaja.

El mal es el mismo desde hace dos meses, no hay el más mínimo signo de mejora. Al revés, todo apunta a estallido, a venas rajadas, a delirio táctico, a derrumbe anímico... El encefalograma es plano. Da igual cuándo se consiga el primer tanto, el desenlace no varía. Ayer fue justo antes del descanso, en ese punto de inflexión capital que dispara hacia arriba la flecha del quien bate al portero y arruina las esperanzas del que, abatido, no dispone ni de tiempo para poner de nuevo en juego la pelota porque la orden que da el árbitro es la de enfilar el túnel de vestuarios.

Dylan Leiva (i) y Felipe Chacartegui (d), después del gol del Olot. EddY Kelele / LOF

Ni así es capaz de sumar tres puntos el Hércules de Ángel Rodríguez, que lleva 14 de los 39, una cosecha hiriente, vergonzosa, lacerante, inaceptable hasta para alguien que se aferre a los fallos en la planificación para justificar una coyuntura perniciosa, insostenible. Los errores son manifiestos, saltan a la vista, eso es cierto, pero no sacarle rendimiento a ni uno solo de los 22 jugadores de los que dispone el conjunto blanquiazul es seguramente el peor de todos.

Los alicantinos no tiraron ni una vez entre los tres palos más allá del gol a pesar de encontrarse contragolpes muy claros

Cuando el penúltimo de la Liga en un fútbol desclasado –que había encajado más del doble de goles (14) de los que había logrado marcar (6)–, te tutea, te discute la posesión, te genera ocasiones siempre por la misma banda y te supera en algunos momentos en intensidad y control del juego a pesar de ir por detrás en el marcado, entonces es que no tienes nada que aportarle como técnico a un proyecto que se está vaciando de contenido, que ya, definitivamente, no sabe a qué juega... y lo que es aún peor, ni para lo que entrena a diario.

Un zombi desorientado

El claro aspirante al ascenso, el rival a batir, el que arrancó el curso pleno de motivaciones triunfalistas y discursos grandilocuentes se ha transformado en un zombi que se desplaza a duras penas por el campo, que proyecta una imagen deplorable de enfermo terminal, que lo poco que es capaz de sumar nace del individualismo frugal, que no tiene ningún sentido coral y no maneja mecanismos ni automatismos colectivos que le ayuden a disimular carencias, a escapar cuando es su propia inoperancia la que le atrapa y no el acierto de su rival.

Carlos Abad trata de consolar a Maxi Ribero después de que su error propiciara el 1-1 en Olot. EddY Kelele / LOF

Si nada cambia, el destino está escrito. Los primeros 45 minutos fueron los de tantas otras veces: seis hombres defendiendo sin un fundamento zonal reconocible (o mínimamente trabajado) y cuatro por delante de ellos sin una pauta ofensiva apreciable, admisible, fijando en la punta, entre centrales, sin velocidad ni esprint, al único que le sabe dar salida al balón; con un mediapunta que apenas participa, que las pide todas al pie; un extremo en una banda que se lo fabrica todo solo (y gracias); y otro transparente en la contraria, que ni defiende ni ataca, y se queda mirando el balón (y a quien se lo roba) cuando se la quitan... que es la mayoría de las veces.

FICHA TÉCNICA

OLOT: Batalla, Aimar, Èric Vilanova, Callís, Gonzalo, Urri, Manel Busquets (Sebas Coris, 54’), Bigas, Ferrán (Xumetra, 59’), Saïdou y Terma (Forgàs, 54’).

HÉRCULES: Carlos Abad, Raúl Ruiz, Roger, Dylan, Felipe, César Moreno (Toscano, 83’), Maxi, Sergio Marcos (Jean Paul, 73’), Michel Herrero, Cedrés (Eimil, 68’) y Alvarito (Villacañas, 83’).

GOLES: 0-1, Min. 44: Míchel Herrero. 1-1, Min. 75: Saïdou Bah.

ÁRBITRO: Víctor García Acosta (Murcia)

T. AMARILLAS: a Éric Vilanova y Aimar y Busquets, del Olot, y a Sergio Marcos, Felipe Chacartegui y Míchel, del Hércules.

INCIDENCIAS: Partido correspondiente a la jornada 13 en el grupo 3 de Segunda RFEF disputado en el Municipal d’Olot con menos de 500 espectadores en la grada. Ángel Rodríguez vio el partido en el palco para cumplir su sanción.

En ese formato de equipo partido, sin nexos, sin alguien que piense por los demás –dentro o fuera del terreno de juego–, la tendencia siempre es al caos, al desajuste, al desvarío. Y es ahí donde germinan con más rapidez los errores groseros, los flagrantes, los más grotescos. Da igual quién los cometa porque nadie está libre en tamaño despropósito estructural. Lo único seguro es que se cometerá antes o después y, por supuesto, acarreará la máxima pena.

Minuto 76. Córner a favor del Hércules. Envío al primer palo, rechaza la defensa del Olot y, tras el despeje rutinario, el balón llega al centro del campo donde Maxi Ribero, en su labor de cierre, tiene ventaja para arruinar la progresión de Sebas, que corre hacia él. El argentino se entretiene, se confía y... la pierde. La jugada continúa, el catalán llega al área, asiste a Seïdu, un puñal desde el minuto 1, y otros dos puntos a la basura. Reír por no llorar. 70 minutos necesitó Ángel Rodríguez para tratar de tapar al extremo del Barça (18 años), la única vía enemiga de peligro. ¡70! Dimitir no dimite, pero se quiere ir... salta a la vista.