El milagro de la construcción del nuevo estadio del Hércules

El club tuvo que pasar por tres presidencias, la venta del campo de la Viña y el traspaso de terrenos antes de construir en 11 meses el estadio Rico Pérez 

50 aniversario Rico Pérez

50 aniversario Rico Pérez / Información

PEDRO SÁEZ

Las mudanzas suelen ser una faena poco agradecida, un trago tedioso por el que hay que pasar si se quiere avanzar o mejorar. Pues nada más lejos de la realidad, más de 50 años han pasado ya desde que los herculanos recibieron la noticia de que el club de sus amores cambiaría por tercera vez de estadio. La mudanza más ilusionante de la historia del Hércules, un club que por entonces, en los sesenta, tenía más bien poco.

El presidente José Rico Pérez, el arquitecto Francisco Muñoz Llorens y la directiva observan los planos y las obras del estadio construido en el Monte Tossal.

El presidente José Rico Pérez, el arquitecto Francisco Muñoz Llorens y la directiva observan los planos y las obras del estadio construido en el Monte Tossal. / Perfecto Arjones

Monte Tossal

El lugar de los hechos lo conocemos todos. Allí se ubican las piscinas o el pabellón deportivo, los cuales formaban parte del club. Es en el año 1966 cuando curiosamente mediante una compensación de la UD Las Palmas el por entonces presidente del club, Ferrer Stengre, decide dar la señal de entrada de la compra de los terrenos (400.000 pesetas), donde años más tarde se edificaría el coliseo herculano. 

José Rico Pérez colocando la primera piedra.

José Rico Pérez colocando la primera piedra. / Perfecto Arjones

Retomar el sueño

Los años pasaban, el terreno existía pero el club no tenía ni dinero ni un rumbo fijo hacia su construcción. Varios intentos fueron fallidos, se vendió la Viña y el año 1971 fue el que desencadenaría el sueño del nuevo presidente del Hércules, José Rico Pérez. 

Una portada de INFORMACIÓN.

Una portada de INFORMACIÓN. / Perfecto Arjones

Un sueño que compartía con el expresidente, directivo y arquitecto Francisco Muñoz Llorens, el cual ya tenía la maqueta construida y que el primero rescató. Recuperó la escritura de la Viña y tras varias operaciones con el Ayuntamiento y negociaciones con la antigua CAM cerró el traspaso de los terrenos que más tarde servirían para construir el Pitiu Rochel. Una concatenación de movimientos a un ritmo vertiginoso que permitió al Hércules colocar su primera piedra el 26 de mayo de 1973 en un acontecimiento bendecido

11 meses aproximadamente de una obra orquestada por Muñoz Llorens. En menos de un año se daría forma al estadio sin nombre en aquel momento. Mientras tanto los de Arsenio Iglesias lograrían el ascenso en El Sadar, todo parecía preparado. Con un estadio listo para estrenar, el miércoles 12 de junio de 1974 se aprobaría por aclamación el nombre de Estadio José Rico Pérez, así como la concesión de la insignia de oro y brillantes tanto a él como a su directiva. Vicente Pastor, El Chepa, sonreía desde el cielo.