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Las imágenes que redimen a Ben Hamed y consagran a Carlos Abad

El camerunés salva la cabeza de su entrenador una semana después de firmar un partido calamitoso frente al Sevilla B

Ben Hamed roba y montra el contragolpe durante el Antequera-Hércules jugado en El Maulí.

Ben Hamed roba y montra el contragolpe durante el Antequera-Hércules jugado en El Maulí. / LOF

Pedro Rojas

Pedro Rojas

Si fueron las numerosas bajas o la voluntad del técnico, no se sabrá nunca... a ciencia cierta. Lo que sí es seguro es que Rubén Torrecilla volvió a confiar en Ben Hamed para comandar al Hércules en el centro del campo una semana después de haber presenciado como el camerunés le arruinaba cualquier opción de puntuar, por remota que fuera, en el Jesús Navas de Sevilla. Allí, frente al filial hispalense, el jugador africano firmó una ignominiosa actuación individual con incidencia directa en la derrota.

Un tanto de NassourouBen Hamed Ndongo, natural de Bertoua, le confirmaron como lo que es: un excelente futbolista de ataque con enormes problemas para disciplinarse defensivamente. Con solo 23 años, el tanto del camerunés desde fuera del área, cuando el reloj del partido ya usaba tres cifras para reflejar el tiempo de juego, valió para detener la maquinaria de un cese que estaba casi firmado.

Ben Hamed, durante una sesión de entrenamiento en Fontcalent, con el Hércules de Alicante.

Ben Hamed, durante una sesión de entrenamiento en Fontcalent, con el Hércules de Alicante. / Álvaro Egea / HCF

La que hubiera sido la quinta derrota en cinco salidas, todas hasta ese momento, habría supuesto el final del torrecillismo en Alicante, pero la fe en sí mismo del africano y la confianza en él del preparador, que lo aguantó hasta el último segundo sobre el césped, revirtieron un desenlace que se antojaba inevitable.

Carlos Abad aplaude a los aficionados del Hércules después de un partido agradeciéndoles el apoyo.

Carlos Abad aplaude a los aficionados del Hércules después de un partido agradeciéndoles el apoyo. / Álvaro Egea / HCF

Para que eso sucediera antes había tenido que emerger, deslumbrante, portentosa, la figura del fichaje blanquiazul más rentable de la última década: Carlos Abad. El portero del Puerto de la Cruz, camino de los 31 años, volvió a sustentar a su equipo, a mantenerlo en partido, a conservar sus opciones de puntuar. Cuatro paradas plenas de facultades, de reflejos, de agilidad y rapidez, arruinaron el triunfo local, que, pese al discurso posterior de Rubén Torrecilla, llegó más y mejor que los blanquiazules al marco rival.

Las actuaciones del guardameta, que son costumbre, vuelven a darle rédito a la SAD propiedad de la familia Ortiz, que aún aguarda a que algo cambie en su destino sin necesidad de tocar nada. El tinerfeño puede contribuir con su sustancial diferencia con el resto desde su lugar, bajo los palos, pero, por desgracia para el Hércules, al fútbol se juega fuera de ahí, y para que el futuro se vuelva más amable se necesitará mucho más que marcar goles agónicos nacidos de la genialidad exclusiva y de la casualidad en el minuto 101 de otro encuentro en el que generas bastante menos que tu oponente.

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