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Análisis | Un modelo sin escondites en el Hércules de Beto

El sistema de juego que propone Beto Company exige talento individual, buen manejo del balón, mucho sentido táctico y, además, requiere que todo el mundo haga su parte, sin excepción

Beto Company dirige su primer entrenamiento con el Hércules

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Pedro Rojas

Pedro Rojas

Nuevo tiempo. Uno más exigente. Más delicado. Sin dobleces en las que camuflar debilidades. El modelo Beto Company exige lo mejor de todos, perfiles de futbolistas específicos, de alto valor, versátiles, evolucionados, capaces de sentirse cómodos anhelando y poseyendo la pelota, sublimándola. Y quien no esté dispuesto, o a la altura del grado de exigencia, le hará un flaco favor al arraigo de la idea futbolística que trata de implementar el nuevo entrenador del Hércules.

En tres partidos ya ha quedado claro el propósito: dominar a través de la posesión. Defender con el balón, pero con cabeza, aprovechando la fuerza del grupo, manteniéndolo junto. Para favorecer, a diferencia de lo que pretendía Rubén Torrecilla, el valenciano prefiere reagrupar su estructura en el medio, no priorizar la presión alta consciente de que su primera línea de contención no está principalmente dotada para esa tarea.

Beto Company observa una acción del partido en una de las pantallas que ha instalado en el banquillo del Rico Pérez.

Beto Company observa una acción del partido en una de las pantallas que ha instalado en el banquillo del Rico Pérez. / Alex Domínguez

Si lo fías todo a la presión cerca de la portería rival, pero la mayoría la sortea con suma facilidad, el equipo se descompensa rápido. A los centrocampistas les llegan en oleada, en superioridad, y los defensas reculan por precaución, alargando el bloque, partiéndolo. Eso hace que se sea más vulnerable, que a tus rivales les resulte sencillo encontrarte debilidades.

Beto ha corregido el empeño infructuoso de su antecesor en la tercera categoría nacional y ha optado por ceder espacio arriba para así favorecer la conservación de la energía y facilitar la basculación en la acción defensiva en la línea medular.

La idea de Rubén Torrecilla permitía suplir carencias con derroche físico al no sublimar la pelota

Pero esa filosofía exige un perfil de futbolista muy concreto, al menos uno versátil. En el modelo del nuevo entrenador blanquiazul esconderse es muy difícil, por no decir imposible. Todo el mundo debe ejecutar su papel. Nadie puede quedarse rezagado porque la transición se hace con pases, no con pelotazos (siempre que sea posible).

En ese escenario, las dificultades individuales se ven más, se amplifican porque si falla una parte de la cadena, esta se rompe y la circulación no fluye. Ya no vale con quedarse resguardado mirando a otros darse carreras estériles en busca de acciones imposibles en las que individualismo lo es todo.

  1. Tres semanas necesitó Beto para ganar su primer partido con el Andorra tras suplir a Ferran Costa
  2. Siete puntos de nueve posibles ha sumado hasta ahora el sustituto de Rubén Torrecilla, que el domingo tiene la oportunidad de enlazar su segundo triunfo

Beto necesita involucrar a los once hombres que tiene sobre el césped para que su ideario tenga sentido, tenga valor, disponga de crédito y sirva, claro está, para un reto mayúsculo: enterrar el tres años de torrecillismo y dotar al Hércules de la ambición que le ha faltado, que se multiplicaba a domicilio, donde no existía la obligación de aparentar una falsa sensación de gobernabilidad.

El error pesa, pero no castiga

Cuando un técnico trata de imponer un sistema que sublima la bola, sabe que debe tener de su lado a todo el mundo, que no puede dejar a nadie atrás en el vestuario, y eso incluye a quienes peor manejo del cuero demuestran, quienes más dificultades para convivir con él exhiben. Fuera del fútbol profesional, el virtuosismo escasea, de modo que no resulta sencillo casar la idea con la realidad.

En las tres primeras pruebas con fuego real de las que ha dispuesto Beto se han visto virtudes y defectos, del sistema y de quienes lo deben desarrollar. Por fortuna, en dos de ellas el adversario se quedó con uno menos y dio la opción de corregir sobre la marcha. Pero eso es coyuntural, hay que ser capaz de demostrar superioridad en igualdad numérica, con las fuerzas equilibradas.

El consejero delegado, y presidente del Hércules, Carlos Parodi, se despide de Rubén Torrecilla tras anunciarse su cese.

El consejero delegado, y presidente del Hércules, Carlos Parodi, se despide de Rubén Torrecilla tras anunciarse su cese. / Héctor Fuentes

Errores como el de Carlos Abad son normales, máxime cuando llevas tres años sin tener que iniciar los ataques desde tu portería. Son daños colaterales. Lo crucial es no arrugarse. Asumir el fallo como algo útil que ha de ser minimizado desde la práctica, naturalizando el toque, la responsabilidad de no rifar el balón, de tener siempre cerca a alguien en quien apoyarse, que sea una propuesta coral, que no se esconda nadie.

Posiciones y órdenes claras

Existen dos factores capitales en todo este proceso. El Hércules reforzará su plantel en el enero, de eso no hay duda, pero no podrá ser una reconstrucción, se limitará a una dotación para apuntalar. Eso obliga a Beto a sacar el mayor rendimiento posible a los activos de que ya dispone. Si lo consigue, las probabilidades de que acabe bien serán elevadas. Lo contrario solo aventura ruina.

Todo el mundo debe asumir un rol claro para que nadie especule y sepa qué hacer siempre, jugar casi de memoria. Así logró su ascenso el Andorra. Mangada, Ben Hamed no pueden ser el mismo jugador, han de complementarse y, de momento, no está pasando. Nico Espinosa en el carril del 10 es un desperdicio abusivo porque se constriñen su talento y sus facultades... Todo debe encajar, funcionar como un reloj. Para tener el balón solo vale una cosa: ser más hábil que tu adversario. Es muy bonito de ver... pero tremendamente difícil llevarlo a cabo.

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