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Primera RFEF | Jornada 24

Hércules-Antequera: fallo en cadena y adiós a tres puntos

La falta de tensión desde la primera línea de presión en una sola jugada permite a Destiny marcar en el área pequeña sin oposición

Así ha sido la protesta de la afición del Hércules tras la derrota frente al Antequera

Jose Navarro

Pedro Rojas

Pedro Rojas

Paso atrás. Nueva derrota. La octava ya, tercera en casa, la segunda de Beto. Así es muy difícil avanzar, ser alguien, aspirar a algo que a no desplomarte al final de año. Nuevo derrumbe. Otro. Puede que el de siempre. Esta vez coincidió con la dirección del viento. Cambió y se hundió el Hércules, que cuando lo tuvo en contra perdió el fuste, el empuje, la pelota... Se quedó sin argumentos justo después de que Mehdi Puch, nada más reanudarse el partido tras el descanso, al minuto, estrellara un balón en el larguero. Ahí se acabó todo y comenzó un viaje hacia el desastre en un encuentro que comenzó muy bien y concluyó de la peor manera, con el estadio roto de angustia, los jugadores con los brazos en jarras y más lejos del play-off.

Un tercio de los compromisos ligueros han finalizado sin puntos para los blanquiazules, que han cambiado de estilo, pero no de tendencia a la agonía, al fallo crónico, al golpeo blando, ese en el que se marca el gesto, pero jamás el puño impacta en el rostro. Todo queda en sustos, en la confirmación de que cuando se perdona tanto, y tan seguido, lo normal es acabar quedándote sin objetivo antes de hora. Solo una victoria en las últimas siete jornadas. Pasos demasiado cortos. Cortísimos para un aspirante al ascenso que ha corregido sus carencias en el mercado invernal y, aun así, continúa sin hallar la manera de encadenar triunfos.

Abraham Paz, sin querer, de reojo, como quien mira los rescoldos de un accidente sin parecer morboso, observó la portería en la que falló el penalti que dio un vuelco a su vida hace un siglo. Pero ahí no sucedió nada. Fue en el otro lado, en el área que recibía las rachas rabiosas de aire que vomitaba una noche de fútbol vistoso, veloz.

Con dos porteros, Blazic y Dani Alcover, exhibiéndose, arruinando el peligro, haciendo paradas tremendas, emocionantes. El del Hércules detuvo dos inmensas en la segunda mitad y el del Antequera, dos en la primera y una más en la segunda. Cinco ocasiones de gol cristalinas, bien armadas, favorecidas por el empuje del goteo huracanado, lo que multiplicaba el mérito de los guardametas.

Pero si no aprovechas tu momento, si no concretas, si cuando das el 100% de ti no logras abrir el marcador, entonces te toca sufrir, vivir en el alambre, confiar en que no ocurra nada que termine contigo lamiéndote las heridas. El Hércules se hizo pequeño, descosiendo a medida que avanzaba la segunda parte. Los cambios tampoco le favorecieron, y la decisión de prescindir de Calavera, por decisión técnica, y de Roger Colomina, por obligación tras golpearse duro la cabeza en la pugna por un balón, lo desdibujó, en realidad le destensó, le desequilibró.

Desfigurado

Fue trampeando, aunque cediendo mucho espacio, sin apenas posesión, sometido a la propuesta de Abraham, que sí encontró en el banco soluciones para ponerlas en práctica con el viento a favor. A falta de nueve minutos para la conclusión, encontró premio el equipo del bravo excapitán blanquiazul... Lo hizo en una de esas acciones que nacen con apariencia inofensiva y terminan cortándote la cabeza, dejándote con esa mueca mohína que se te queda cuando no entiendes por qué todo lo malo te pasa a ti.

Monsalve pone en acción un balón tras fuera de juego del Antequera. Lo hace inocente, justo en la frontal de su área. Envío largo sin destinatario fácil que se aleja a un costado. Cuando la pelota está a punto de salir por fuera de banda, Fran Sol, sin mirar, de espaldas, devuelve el cuero al centro de la cancha. Allí merodea Ben Hamed, que no llega y, como no, se da la vuelta cuando el central amenaza con despejar. Al final despeja. Nuevo planeo largo. Monsalve permite que bote en la hierba, se deja ganar el espacio por Destiny, un tipo rudo, joven, fuerte, decidido. El delantero habilita a Luismi, su capitán, un señor talentoso.

Las imágenes del Hércules - Antequera

Unai Ropero se lamenta tras fallar una ocasión de gol, este domingo en el Rico Pérez. / Jose Navarro

Toca lo justo para prolongar y activar a Siddiki en su diagonal hacia adentro. Tanto en la ida como en la vuelta, la pelota toca a Samu, que no acierta a desviar la trayectoria ni antes ni después. El marroquí filtra el pase y Destiny, fresco, potente, le gana la posición a Mangada, dormido, disociado, pensando en otra cosa, y se anticipa a Blazic, que ya ha aprendido, de golpe, de lo que es capaz su defensa cuando no mide, cuando se deja ir, cuando no se fija porque Rentero, el único vivo, no les saca de su letargo a gritos. El joven portero dudó una décima de segundo, y el fallo en cadena borró otros tres puntos del Rico Pérez, puntos que no vuelven, que deberían servir para que quienes entran de refresco se enteren de una vez que por ser suplentes no son menos responsables del fracaso.

FICHA TÉCNICA

HÉRCULES CF: Blazic, Samu Vázquez, Rentero, Monsalve, Javi Jiménez, Roger Colomina (Mangada, min. 81), Andy Escudero , Unai Ropero (Fran Sol, min. 63), Aranda (Nico Espinosa, min. 76), Calavera (Ben Hamed, min. 63), y Mehdi Puch (Guti, min. 84).

ANTEQUERA CF: Alcover, Javi Antón, Barbu, Marcelo (Destiny, min. 64), Luismi Gutiérrez (Félix Garreta, min. 90), Siddiki, Edu Sánchez, Aspra, Gené, Quintana y Rafa Diz (David Ramos, min. 46).

► ► GOL: 0-1, min. 82: Destiny.

ÁRBITRO: David López Jiménez (Barcelona).

► TARJETAS: amarillas para Colomina, Andy, Rentero y Nico, del Hércules CF; y para Luismi Guitiérrez, Javi Antón, Siddiki y Barbu, del Antequera.

INCIDENCIAS: encuentro correspondiente a la jornada 24 en Primera Federación, disputado en el estadio Rico Pérez ante 10.058 espectadores en una tarde ventosa que comenzó con un acto de protesta en la Puerta 0 en contra de los gestores.

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