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Armando Parodi: "Parece que en Hogueras haya que innovar, pero los artistas pioneros ya lo inventaron todo"

'El legado de lo efímero' es un exhaustivo trabajo publicado por la Universidad de Alicante y redactado por Armando Parodi, uno de los alicantinos que más ha estudiado el origen de su fiesta y que este miércoles lo presentará en la Sede Universitaria de la calle Ramón y Cajal

Armando Parodi: "Parece que en Hogueras haya que innovar, pero los artistas pioneros ya lo inventaron todo"

Armando Parodi: "Parece que en Hogueras haya que innovar, pero los artistas pioneros ya lo inventaron todo" / Pilar Cortés

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Manuel Lillo

Manuel Lillo

Un libro que explicara el origen de las Hogueras a través de sus primeros artistas y de sus obras. Es eso lo que ha hecho Armando Parodi (1959) con El legado de lo efímero, trabajo editado por la Universidad de Alicante y que se presentará al público este miércoles en la Sede Universitaria de la calle Ramón y Cajal a partir de las 19:30, presentado por Jorge Olcina, director de la sede; y con la intervención de las concejalas de Fiestas y de Cultura, Cristina Cutanda y Nayma Beldjilali, respectivamente.

Parodi, que se ha erigido a lo largo de su trayectoria como uno de los máximos estudiosos de la fiesta alicantina, refleja en 389 páginas parte de su conocimiento sobre el origen de las Hogueras. “Mi idea era recoger a todos los pioneros alicantinos, los que lanzaron la fiesta”, señala. Del trabajo ha excluido a los primeros artistas que nacieron en Valencia por la misma razón por la que tampoco ha añadido referencias a monumentos más allá de los años sesenta, con la excepción de Ramón Marco (1919-2006), dado que prescindir de su aportación no era “posible ni justo”.

En Alicante, los primeros artistas foguerers fundamentalmente fueron pintores

Las aportaciones del autor se centran en el legado de aquellos primeros autores cuyo estilo ha quedado relegado por el paso del tiempo. Dicho estilo lo marcaron factores como el hecho de que “en Alicante los primeros artistas, fundamentalmente, fueron pintores”, a diferencia de València, donde predominaron los escultores. “Eso marcó la estética, ya que en València se buscaban más los volúmenes y las figuras y en Alicante se priorizaron los bajorrelieves o los grandes lienzos, por lo que era habitual ver hogueras con pinturas impresionantes”, añade.

Incluso alguno de esos artistas, destaca Parodi, “experimentaron en las hogueras su propia pintura”, una inquietud discutida desde la élite cultural, ya que autores tan reconocidos como Heliodoro Guillén, “que tiene obra expuesta en el Museo del Prado, fue fustigado por considerar que se había rebajado a hacer hogueras”. Hubo otros casos más desconocidos, como el de Manuel Gallud, que anteriormente a la primera edición de Hogueras de 1928, en la que participó, “había restaurado el templete de La Explanada” y fue “un personaje muy tierno”, ya que “dejó de hacer hogueras, después de haber hecho solo dos, porque le dolía el alma ver arder todo aquel trabajo en el fuego”.

En gran parte predominaban las escenas de problemas reales, como las dificultades de los tranvías

Para los artistas, en todo caso, “era un honor aportar a las Hogueras de Alicante”, e incluso algunos como el pintor Emilio Varela “lo hicieron sin cobrar con grandes representaciones”. En gran parte predominaban, según Parodi, las “escenas de problemas reales, como las dificultades de los tranvías”, tal como reflejaba la primera hoguera que logró el primer premio, de Benalúa en 1928. “En general eran temas muy alicantinos, reivindicaciones como el puerto pesquero o la creación de un museo”, recuerda el autor, que además subraya que “las primeras hogueras nacieron con movimiento, no eran estáticas y los ninots se movían”.

Esta singularidad la hizo posible el padre de Gastón Castelló, Miguel Castelló, “jefe de taller de la fábrica de conservas Las Palmas, en Babel, creador de muchos de aquellos mecanismos”. E incluso se dio el caso de “hogueras visitables en su interior, donde había escenas y que había que pagar por verlas”. En este aspecto, Parodi concluye que “parece que en Hogueras haya que innovar, pero los artistas pioneros ya lo inventaron todo en los primeros años".

Cambios

Los monumentos, sin embargo, no nacieron con un estilo único. “Fueron diversos desde el principio”, debido a la aportación de la estética fallera desde el primer momento o a influencias como el art deco, presente en Gastón Castelló tras su estancia en París. Se veía, por tanto, “la estética presente por influencia fallera y la imperante a nivel europeo, y a partir de ahí cada uno aportó sus propios rasgos”, llegando incluso a desafiar la cultura imperante, como hizo el propio Castelló en alguna ocasión.

Hubo hogueras visitables en su interior, donde había escenas y que había que pagar por verlas

Los cambios políticos también influyeron en la evolución de los monumentos en una fiesta que se inició en la etapa de la dictadura de Miguel Primo de Rivera, que se consolidó en los años de la República y que se perpetuó ya durante el franquismo. Parodi destaca también la represión sufrida por algunos artistas o incluso sus habilidades para “sortear la censura”, a veces facilitada por la falta de vigilancia tras imponer rectificaciones en los monumentos. “Con un cambio de orden en las frases podía ser suficiente”, explica Parodi, que también habla de episodios “absurdos” como “la obligación de retirar un busto desnudo en el remate de una hoguera”.

Sin embargo, y pese a la censura, “la política no desapareció de las Hogueras”, ya que se explicitaban “las carencias locales como la falta de iluminación o la pavimentación”, aunque desde el régimen “se instó a hacer más propaganda sobre Alicante desde la fiesta” como destino.

Con el franquismo la política no desapareció de las Hogueras

Pese a que su periodo de máxima actividad escapa de la etapa tratada por Parodi en el libro, el autor no ha querido dejar de destacar la labor de Ramón Marco, “un artista como la copa de un pino” que, además, sirve como ejemplo para plasmar la evolución del arte foguerer. Discípulo de Castelló y formado en València, “mamó de las dos principales corrientes artísticas y las pudo unificar” de tal forma que sus monumentos apenas tuvieron competencia. “Artistas geniales como Jaime Giner o José Gutiérrez Carbonell no pudieron con él”, relata el autor, que asegura que “la genialidad de Marco dejó atrás muchas carreras”.

Respecto a la actualidad artística de la fiesta, Parodi cree que “cuesta mucho distinguir la falla de la hoguera”, ya que los artistas de València y de Alicante, siendo estos últimos minoría actualmente, incluso en Hogueras, “se adaptan a cada sitio” sin poder evitar una fusión de estilos. El autor los diferencia señalando la falla como un monumento “más barroco, de grandes volúmenes, de grandes bases y de estructura piramidal”, mientras que la hoguera la define como una creación “de superficie lisa, muy bien pintada, recogida en su base y abierta hacia arriba”. La fusión “se fue consolidando a finales del siglo XX, pese a que hubo precedentes”, y hoy de los orígenes que diferenciaban dos estilos queda la perpetuación de una fiesta casi centenaria presente cada mes de junio en Alicante, con tendencias que han evolucionado y que quizá algún día se puedan recuperar a través de un guiño a los primeros artistas de la fiesta.

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