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La mascletà de Luceros se vende ya como experiencia: de balcones particulares a salas para empresas

Las ofertas para ver los disparos desde una posición privilegiada se profesionalizan con menús, bebidas, aforos cerrados, reservas por WhatsApp y paquetes corporativos de hasta 2.500 euros

Los balcones para disfrutar de las mascletás se venden como una experiencia cada vez más exclusiva

Alex Domínguez

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Borja Campoy

Borja Campoy

Ver la mascletà desde un balcón de Luceros ya no es solo asomarse a una casa con vistas. La escena, cada vez más buscada durante los días grandes de Hogueras, ha empezado a convertirse en un producto organizado con plazas limitadas, horarios cerrados, menú alicantino, bebida, salas privadas, reservas anticipadas y propuestas dirigidas a grupos o empresas. La pólvora se sigue disparando desde la plaza, pero alrededor de esa visión privilegiada se mueve un mercado que combina todavía la oferta vecinal de propietarios particulares con fórmulas cada vez más profesionalizadas.

El fenómeno no es nuevo. En los últimos años ya se detectaban balcones con precios de 100 euros por persona y capacidad para medio centenar de asistentes, lo que podía reportar hasta 5.000 euros en una sola jornada. También había ofertas de 65 euros por persona para grupos de unas 25 personas y terrazas más reducidas que alcanzaban los 120 euros. La diferencia ahora es que, junto a esos alquileres puntuales, las propuestas localizadas para estas Hogueras se presentan cada vez más como una experiencia completa.

El lenguaje comercial refleja ese cambio. Algunas promociones ofrecen “experiencias VIP”, “balcones de honor”, espacios “sin empujones ni agobios”, aperitivos, vistas panorámicas o aforos muy limitados. Otras plantean salas privadas en el entorno de Luceros como alternativa al balcón clásico, con baño, climatización, bebida, catering y espacio para empresas, equipos o clientes. El reclamo ya no se limita a la vista, incorpora comodidad, exclusividad y servicio.

Esa profesionalización convive con el alquiler más doméstico. En el entorno de Luceros siguen apareciendo vecinos que ofrecen su balcón de forma particular, a veces porque otros propietarios del edificio ya lo hacen y otras porque aprovechan que se marchan de viaje durante los días de la Fiesta. La demanda permite rentabilizar una ubicación privilegiada, aunque el uso de viviendas y comunidades para acoger grupos durante las mascletás también ha generado recelos vecinales por la acumulación de personas, el uso de ascensores, la limpieza o las molestias en zonas comunes.

La demanda del catering ha crecido porque ya no se busca solo ver la mascletà

Diandra Marqués

— Cremoxo by La Crème

La oferta organizada ha encontrado ahí su espacio. Diandra Marqués, de Cremoxo by La Crème, explica que su empresa trabaja para delegaciones públicas y compañías privadas, además de contar con un piso propio para ofrecer una experiencia gastronómica vinculada a la mascletà. “Adaptamos todos los menús a cada empresa”, señala. Una de sus propuestas se sitúa en 90 euros por persona, con menú típico alicantino y bebida incluida. La idea, resume, es vivir la pólvora “de una forma diferente”, en un piso privado y “sin agobios”.

La demanda, según Marqués, se mueve a dos velocidades. Las empresas suelen cerrar con más antelación, mientras que el público general se vuelca más en los últimos días. El perfil no se ha transformado por completo pero sí se ha ampliado. Hay compañías, grupos de amigos y personas que buscan reunirse para vivir la mascletà de otra manera. Lo que sí ha crecido, apunta, es el interés por el catering.

El aforo es una de las claves. Marqués explica que depende de cada piso, pero que lo habitual ronda las 25 personas. En su caso, el inmueble propio puede alcanzar las 40, aunque la pauta general es adaptar la ocupación a la capacidad real del espacio. “No todos los vecinos son flexibles a esto”, advierte. Las condiciones dependen de cada cliente, de cada vivienda y de la relación con la comunidad.

La otra pata del negocio mira directamente a la empresa. Juan Manuel Ibáñez, integrante de Luceros Business Center, explica que su propuesta no se dirige a particulares ni a grupos de amigos, sino exclusivamente a compañías, equipos profesionales y clientes. “No alquilamos balcones a particulares”, afirma. El formato va más allá del disparo. Puede incluir una celebración interna, una presentación previa o una acción con clientes antes de la mascletà. Los precios oscilan entre 1.000 y 2.500 euros, en función del catering, el aforo, la sala o el uso de varias dependencias.

No alquilamos balcones a particulares, es una experiencia pensada para empresas

Juan Manuel Ibáñez

— Luceros Business Center

En este caso, el producto se acerca más al evento corporativo que al alquiler festero. Hay salas para distintos grupos, empresas que reservan una estancia, otras que ocupan más de una y algunas que pueden plantear el uso del centro completo. Ibáñez explica que trabajan con tres salas disponibles y con formatos ajustados para no superar aforos. “Hay empresas que ya conocen este tipo de evento, lo hacen en Fallas y quieren hacerlo aquí con su sede o delegación”, señala. El perfil, precisa, es ejecutivo y profesional.

La comparación con València no es casual. Las Fallas llevan años explotando comercialmente la experiencia de la mascletà desde balcones, terrazas y espacios privados. Alicante, con otra escala y otro mercado, empieza a incorporar fórmulas similares durante sus días centrales. Aquí, sin embargo, el fenómeno todavía mantiene una doble condición: propietarios que rentabilizan su vivienda y empresas que convierten la pólvora de Luceros en una herramienta de relación social o celebración interna.

El resultado es que la mascletà desde las alturas se encarece, se anticipa y se empaqueta. Para algunos, permite vivir la Fiesta sin empujones, con comida y bebida, lejos del calor y de la masificación de la plaza. Para otros, abre interrogantes sobre la presión que soportan los edificios del entorno. La vista sigue siendo la misma, Luceros, pólvora y mediodía. Lo que cambia es todo lo que se vende alrededor.

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