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Los alicantinos ponen nota a los fuegos desde El Postiguet: "Me gustaría que fuera como toda la vida"

El público celebra el regreso al litoral, tras un año en la Zona Volvo, pero alerta de aglomeraciones por la reducción del espacio disponible, riñas por el sitio y dificultades para salir de la playa, a la vez que reclama más claridad en los accesos

Vallas y agentes de la Policía Local delimitan el tramo cerrado al público en la playa

Rafa Arjones

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Borja Campoy

Borja Campoy

Los fuegos artificiales han vuelto este año al entorno de El Postiguet, lo que ha permitido a Alicante recuperar una de sus postales más reconocibles después del paréntesis del año pasado en la Zona Volvo. La imagen, sin embargo, no ha sido exactamente la de siempre. El disparo desde la arena, a la altura del Paseíto Ramiro, ha obligado a cerrar buena parte del arenal y ha concentrado al público en los tramos abiertos, sobre todo a la altura de la pasarela del Raval Roig, donde la playa se ha llenado de toallas, sillas, esterillas y familias que acuden con horas de antelación para no quedarse sin sitio.

Tras las cinco jornadas de fuegos artificiales del concurso oficial, que terminó este lunes con Mediterráneo, el balance ciudadano deja una mezcla de satisfacción y queja. El regreso a El Postiguet gusta porque acerca los fuegos al mar y devuelve el concurso a un escenario más natural que el del puerto. Al mismo tiempo, las restricciones de acceso, las vallas, la pérdida de espacio en la arena y las aglomeraciones han marcado la experiencia de muchos espectadores.

Como caiga un petardo fuera no podemos salir; es un círculo cerrado

Piedad Bonete

Desde las 23 horas, los agentes han comenzado los cinco días a desalojar el tramo comprendido entre los hoteles y la pasarela del Raval Roig, mientras buena parte del público se repartía entre la playa abierta, el paseo, las inmediaciones de los hoteles y otros puntos del litoral.

Fuera estamos mal, con poco espacio e incómodos por las restricciones de la arena

Inés Carretero

Mario Cartagena resume bien esa sensación partida. “Lo bueno del Postiguet es que los fuegos se ven más cerca, pero me gustaría que fuera como toda la vida, con la gente en la playa y sin vallas”, explica. Para él, el regreso al litoral no basta si se pierde la forma tradicional de vivir la noche. “Ahora nos juntamos los que estaban en la playa con los de fuera y es un caos. Lo que se vivió el sábado con tanta masificación fue increíble. Prefiero lo de antes, la tradición de cenar en la arena”, añade.

Era mejor cuando la playa estaba abierta; se disfrutaba más, la gente los veía cenando

Claudia Galván

La crítica más dura llega por la sensación de encierro en algunas zonas. Piedad Bonete asegura que su hija se encontró mal una de las noches y que tuvieron dificultades para sacarla entre la gente y los espacios acordonados. “No llegaban los servicios de emergencia ni las ambulancias. El sábado fue el peor día. Que no pase nada, porque como caiga un petardo fuera no podemos salir; es un círculo cerrado. Tuvimos que sacar a mi hija en volandas”, relata. Su lectura va más allá de la organización concreta de los fuegos: “Esto está hecho para los turistas, para cenar en los hoteles, no para los alicantinos”.

Otros espectadores hablan de incomodidad y falta de sitio. Inés Carretero considera que la restricción de arena, donde se han perdido unos 7.000 metros cuadrados de espacio para el público con la nueva ubicación, ha empeorado la experiencia. “Está mal. Fuera estamos mal, con poco espacio, incómodos. No ha sido lo mismo que otros años; nos tenemos que poner con las toallas en el suelo”, señala.

Han sido mucho mejor este año en el Postiguet, su sitio es la playa

Aleidis Arias

Ricardo Ruiz pone el foco en la movilidad y en la concentración de público. “Hay mucha masificación y el transporte público se llena demasiado. El Ayuntamiento tiene que encontrar una solución”, defiende. También apunta a otro efecto de la presión sobre la arena: “Aquí hay riñas por los sitios en la playa”.

Que esté cortada la playa es por seguridad, desde aquí se ven perfectos

Claudia Patricia Cardona

La visión no es unánime. Mila Rubio sostiene que este año los ha visto “muy bien” desde El Postiguet, aunque advierte de que cada vez hay más gente. “Los alicantinos sabemos que para coger buen sitio hay que estar aquí a las siete o las ocho. El problema es que hay mucha gente que llega quince minutos antes, salta por encima de todos y se pone delante”.

Claudia Galván también introduce matices. Ha acudido casi todos los días y valora que los castillos hayan sido “muy lindos”, aunque admite que se disfrutaba más cuando la playa estaba abierta sin tantas limitaciones. “La gente los veía cenando, tomando algo. Hay mucha gente y se han vivido aglomeraciones”, apunta.

Cada año hay más gente y hay problemas para encontrar sitio en la playa

Mila Rubio

Frente a las críticas, también hay quienes defienden que El Postiguet es el lugar adecuado y que las restricciones se entienden por seguridad. Aleidis Arias se muestra encantada con el regreso al litoral. “Los fuegos artificiales son espectaculares. Mucho mejor este año en el Postiguet; el año pasado fueron un desastre en la Zona Volvo. Su sitio es la playa”, afirma. Claudia Patricia Cardona coincide: “Que esté cortada la playa es por seguridad y se entiende. Desde aquí se ven perfectos, me encanta. La gente está feliz, emocionada”.

El regreso de los fuegos a El Postiguet deja así una conclusión con muchos matices. La ubicación convence más que la Zona Volvo, desde donde solo se lanzaron el pasado año por las obras en el espigón de El Cocó, y recupera una imagen que forma parte del cierre de las Hogueras, desde primera línea de mar. A la vez, la reducción de espacio, lo que supone mayores concentraciones de público, las vallas y las dudas sobre los accesos obligan a revisar cómo se ordena una cita que atrae cada noche a miles de personas. Alicante ha vuelto a mirar los castillos desde la playa. Ahora queda resolver cómo hacerlo sin que la tradición se convierta en una pelea por el sitio.

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