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Revueltas contra el régimen

¿Puede la crisis en Argelia afectar al gas que España importa?

Las protestas contra Buteflika, gravemente enfermo, no comprometen las relaciones comerciales bilaterales, señala un experto

Jóvenes argelinos se manifiestan esta semana en la capital.

Jóvenes argelinos se manifiestan esta semana en la capital. REUTERS

La inestabilidad sacude Argelia de nuevo. Las protestas de las dos últimas semanas tras el anuncio del actual presidente, Abdelaziz Buteflika, de optar a un quinto mandato han provocado el estallido de unas protestas motivadas por un descontento latente desde hace cinco años, cuando comenzó el incremento del desempleo y el descenso en los ingresos estatales por la venta de gas y petróleo. Precisamente, España es, junto a Francia e Italia, uno de los principales importadores del gas argelino, pero la situación no parece amenazar las relaciones comerciales, según explica el investigador Francis Ghilès, experto en seguridad y energía del Centro de Estudios Internacionales de Barcelona (CIDOB).

Más del 50% de la compra de gas natural que España realizó a países extranjeros en 2018 se focalizó en Argelia. Nigeria, Qatar y Noruega, por este orden, son los otros tres países a los que España realiza el grueso de sus importaciones de gas, según los datos de la Corporación de Recursos Estratégicos de Productos Petrolíferos (CORES), un organismo dependiente del Ministerio de Industria, Energía y Turismo.

Importaciones de gas de España

Infogram

Buteflika, de 81 años, se encuentra hospitalizado en un centro médico de Ginebra y se teme por su vida, según el diario suizo 'Tribune de Genève'. Las secuelas del infarto cerebral que sufrió en 2013 se han agudizado en las últimas semanas, coincidiendo con el deterioro de la situación en Argelia. La decisión de concurrir a un quinto mandato obedece a su voluntad de perpetuar al frente del poder al Frente de Liberación Nacional -la organización que pilotó el proceso de independencia de Argelia respecto a Francia en 1962 tras una cruenta guerra- en un contexto de creciente insatisfacción social en los países del norte de África.

Abdelaziz Buteflika es un veterano miembro del Frente de Liberación Nacional y líder del país desde 1999 con el beneplácito de las potencias europeas. Reuters

Buteflika, que lleva dos décadas en el cargo entre frecuentes acusaciones de fraude electoral, se enfrenta a las mayores protestas desde que se proclamó la independencia del país. Manifestaciones que han estallado con su candidatura, pero que están motivadas por el descontento que reina en una sociedad en la que al paro juvenil se ha unido el desplome económico a raíz de la pérdida de ingresos estatales por el descenso que ha experimentado el precio del petróleo en el último lustro.

El régimen de Argel supo aislar al país de la ola de indignación que se tradujo en el surgimiento de la 'primavera árabe' en países como Túnez, Libia y Egipto. En 2011, cuando se desencadenaron estos procesos, el régimen estaba en posición de acallar las protestas con una subida de subsidios y de inversión en servicios públicos, recuerda el investigador del CIDOB, pero la situación ha cambiado en los últimos años.

"La población argelina está muy educada políticamente. No hay una línea divisoria entre la población marcada por el islamismo, porque persiste el recuerdo de la guerra civil de los 90"

Francis Ghilès, investigador del Centro de Estudios Internacionales de Barcelona

Sin embargo, Ghilès considera que "en absoluto" la actual situación compromete las exportaciones de gas de Argelia. "En los años 90, Argelia vivió una guerra civil" -entre los sectores progubernamentales del FLN y las milicias terroristas del Ejército Islámico de Salvación- "y el negocio del gas no sufrió ningún impacto". Además, recuerda Ghilès, la gestión y explotación de los hidrocarburos, de las que se encarga la compañía estatal Sonatrach, es una "cuestión de honor" para Argelia, un punto de "orgullo" unificador para toda la población. "Desde que empezó la exportación, en 1964, el suministro nunca se ha cortado y no veo razón para que eso ocurra ahora", añade el investigador del CIDOB, que recalca asimismo que las plantas energéticas se encuentran en el desierto, alejadas del núcleo de las revueltas, centradas en la capital Argel, al norte del país.

España comenzó a importar gas argelino a finales de los años 60, cuando la apertura económica que promovió la dictadura obligó a diversificar la captación de recursos energéticos. Actualmente, el flujo de gas llega hasta España a través de dos gasoductos, el Magreb-Europa o 'Pere Duran Farell' por el nombre del industrial catalán que abrió las relaciones comerciales entre Argel y el régimen franquista, y el Medgaz. El primero conduce el gas a través de Marruecos por el Estrecho de Gibraltar, en tanto que el segundo, que ha recobrado un nuevo impulso desde la renovación de los contratos firmada el año pasado en la visita de Mariano Rajoy, lo traslada por tuberías submarinas desde la propia Argelia hasta las costas almerienses. "Los acuerdos se renegociaron el año pasado y hay muchas compañías españolas con contratos allí. El gas de Argelia es más barato que el que suministra Rusia y su transporte es más seguro", apunta Francis Ghilès.

Para el investigador del CIDOB, resulta "difícil" predecir la evolución de los próximos acontecimientos, aunque no es descartable que se produzca un período de transición en un año que desemboque en unas elecciones con un mayor grado de transparencia. Ghilès cree que "probablemente" el gobierno de París conocía que estas protestas iban a producirse y considera que son distintas a las surgidas en las 'primaveras árabes' de 2011 por la "sofisticación" de los eslóganes y la ausencia, en términos generales, de un carácter violento en las mismas. "La población argelina está muy educada políticamente. No hay una línea divisoria entre la población marcada por el islamismo, porque está muy presente el recuerdo de la guerra de los años 90", concluye.

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