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Dimite el jefe de Gabinete de Starmer por los vínculos de Peter Mandelson, exembajador británico en EEUU, con Jeffrey Epstein

La caída de Morgan McSweeney, mano derecha del primer ministro británico, busca calmar a los diputados laboristas que reclaman un cambio de rumbo en el Gobierno bajo el mando de un nuevo líder

El primer ministro británico, Keir Starmer.

El primer ministro británico, Keir Starmer. / EP

Lucas Font

Lucas Font

Londres

Los vínculos entre el exembajador británico en Washington Peter Mandelson y el multimillonario pederasta Jeffrey Epstein se han cobrado una importante víctima política en el equipo del primer ministro, Keir Starmer. Su jefe de Gabinete, Morgan McSweeney, ha presentado este domingo su dimisión tras varios días en el punto de mira por el papel que jugó en el nombramiento de Mandelson como embajador en diciembre de 2024. La caída de McSweeney, mano derecha de Starmer y hombre clave en su ascenso al poder, busca aliviar la presión sobre el primer ministro y calmar a los diputados laboristas que reclaman un cambio de rumbo en el Gobierno bajo el mando de un nuevo líder

El ya exasesor de Starmer ha aceptado su responsabilidad en el nombramiento de Mandelson, considerado su mentor político y con quien mantenía una relación estrecha desde hacía años. “La decisión de nombrar a Peter Mandelson fue errónea. Ha perjudicado a nuestro partido, a nuestro país y a la confianza en la política en sí misma”, ha asegurado McSweeney en un comunicado tras presentar su dimisión. “Cuando se me consultó, aconsejé al primer ministro que hiciera ese nombramiento y asumo toda la responsabilidad por ese consejo. En la vida pública, hay que asumir la responsabilidad cuando más importa, no solo cuando más conviene. En estas circunstancias, lo único honorable es dar un paso al lado”.

McSweeney se había convertido en uno de los colaboradores más cercanos del primer ministro. Jugó un papel clave en su etapa como jefe de la oposición y también en la campaña de las pasadas elecciones generales, en las que el Partido Laborista obtuvo una aplastante victoria. El propio Starmer reconoció ese papel esta misma semana en el Parlamento, cuando los partidos de la oposición ya le exigían la cabeza de su jefe de Gabinete, y aseguró que era una "parte esencial de su equipo”. Pero el aumento de las presiones internas le ha obligado a cambiar de postura. “He sido testigo cada día de su compromiso con el Partido Laborista y con nuestro país. Nuestro partido y yo le estamos muy agradecidos y le doy las gracias por su servicio”, ha asegurado Starmer tras la renuncia de su subordinado.

Presión interna

Hacía días que una parte importante de la bancada laborista reclamaba la cabeza de McSweeney, especialmente en el sector más a la izquierda del partido. Varios diputados consideraban insostenible su continuidad en el cargo tras salir a la luz los últimos detalles sobre la relación entre Mandelson y Epstein. Según los documentos publicados la semana pasada por el departamento de Justicia de Estados Unidos, el exembajador recibió hasta 75.000 dólares de Epstein en 2003 y 2004, cuando era diputado en la Cámara de los Comunes, y años más tarde pasó información al multimillonario estadounidense aprovechando su cargo como ministro de Comercio en el Gobierno de Gordon Brown. 

Starmer ha insistido en que Mandelson mintió sobre su relación con Epstein cuando fue nombrado embajador en Washington, pero las dudas sobre hasta qué punto él y su equipo conocían los detalles de esa relación han hecho tambalear los cimientos de Downing Street. El primer ministro se ha comprometido a entregar todos los documentos relacionados con el nombramiento de Mandelson al Parlamento, pero las conclusiones sobre el contenido de estos documentos tardarán semanas o incluso meses en conocerse. 

Continuidad en entredicho

La publicación de los detalles sobre el nombramiento y la salida de McSweeney buscan calmar a los diputados más descontentos con la gestión de Starmer, aunque por ahora no está claro si lo han conseguido. Algunos miembros de la bancada laborista no se han dado por satisfechos y han asegurado que su líder debería plantearse su propia continuidad, en vista de su escasa credibilidad y de los malos pronósticos electorales. Las elecciones parciales en la circunscripción de Gorton and Denton a finales de febrero y, especialmente, las elecciones locales en Inglaterra y regionales en Gales y Escocia serán una prueba de fuego para el primer ministro, en caso de que consiga llegar vivo a esa fecha. 

El escándalo de Mandelson ha ahondado todavía más en las divisiones internas en el Partido Laborista, con el sector más izquierdista contrariado por la falta de representatividad en los órganos de poder y por el “sectarismo” de su líder, quien ha ido apartando a nombres bien considerados en el lado progresista para colocar a otros más cercanos al centro moderado. El resentimiento de los diputados más a la izquierda del partido, sin embargo, no se ha traducido en un apoyo claro a un candidato alternativo. Algo que juega a favor de Starmer, al menos en el corto plazo. 

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