Crisis en el Reino Unido
Starmer descarta dimitir pese a la presión interna y reta a sus rivales a lanzar su candidatura para destituirle
Cuatro secretarios de Estado presentan su dimisión para forzar la marcha del primer ministro, mientras la bancada laborista se divide entre los que le respaldan y los que le exigen que se vaya

El primer ministro británico, Keir Starmer / Europa Press/Contacto/Tayfun Salci

La presión para que el primer ministro británico, Keir Starmer, renuncie al cargo ha alcanzado niveles nunca vistos hasta ahora. Casi 90 diputados laboristas (un 20% del total) le han pedido públicamente su dimisión tras la debacle en las elecciones locales y regionales del pasado jueves, mientras que varios cargos menores e intermedios del Gobierno han dejado sus puestos en las últimas horas en un intento de acelerar una rebelión interna en el Ejecutivo. Algunos ministros destacados le han pedido en privado que considere fijar un plazo para su salida, pero por ahora el primer ministro se resiste a dimitir.
Las últimas horas en Westminster han sido frenéticas. El discurso pronunciado por Starmer este lunes para calmar a los suyos provocó el efecto contrario al deseado: a primera hora de este martes, la cifra de diputados abiertamente a favor de su salida se había duplicado respecto al día anterior. A esto se ha sumado la dimisión de cuatro secretarios de Estado y las peticiones en privado de ministros de peso en el Ejecutivo, entre ellos la titular de Interior, Shabana Mahmood, y la de Exteriores, Yvette Cooper, para que se replantee su posición.
Starmer planta cara
Pero Starmer está decidido a plantar cara. En un comunicado emitido durante la reunión semanal de su gabinete en Downing Street, el primer ministro ha insistido en su intención de permanecer en el cargo y ha alertado de que la inestabilidad política ya ha tenido un "coste económico real" para las familias británicas, con una subida de los intereses de la deuda en las últimas horas. "El país espera que sigamos adelante con la labor del Gobierno. Eso es lo que estoy haciendo y lo que debemos hacer", ha asegurado el líder laborista, quien ha recordado a los suyos que la formación cuenta con un procedimiento para impugnar a su líder pero que este "no se ha puesto en marcha".
Varios ministros cercanos a Starmer han salido en defensa de su líder tras la reunión, entre ellos el ministro de Vivienda, Steve Reed; el ministro de Trabajo, Pat McFadden; y el ministro de Comercio, Peter Kyle. Pero el apoyo más destacado ha llegado a última hora de la tarde: el viceprimer ministro, David Lammy, extrañamente silencioso hasta ahora, ha asegurado que la división interna sólo beneficia al líder populista Nigel Farage y ha instado a los suyos a enterrar el hacha de guerra. "Keir Starmer fue elegido hace poco menos de dos años con un mandato de cinco años otorgado por el pueblo británico. Cuenta con todo mi apoyo".
Desafío a sus rivales
El mensaje de Starmer y de sus aliados ha sido un claro aviso a sus rivales, quienes deberán dar un paso al frente y presentar abiertamente su candidatura si quieren reemplazarle en el cargo. Pero de momento ni el ministro de Sanidad, Wes Streeting, ni la ex viceprimera ministra Angela Rayner, los dos candidatos con más opciones, se han atrevido a plantear una alternativa.
La decisión de disputar el liderazgo a Starmer sigue siendo arriesgada, a pesar de que gran parte de sus diputados coinciden en que difícilmente lograrán revalidar la victoria en las próximas generales con él al frente del Gobierno. En el caso de Streeting, sus aliados apuntan a que cuenta con el apoyo necesario para lanzar su candidatura, fijado en un mínimo de 81 diputados. Pero incluso si consigue el respaldo de sus compañeros de bancada, no está ni mucho menos claro que el ministro de Sanidad consiguiera vencer posteriormente a Starmer en una elección en la que también participaría la militancia del partido.
Además, la figura de Streeting —vinculado al sector más moderado del partido— genera rechazo en el ala izquierda de la formación, que ve con mejores ojos la figura del actual alcalde de Mánchester, Andy Burnham. El principal impedimento es que Burnham no cuenta con un escaño en la Cámara de los Comunes, una condición indispensable para poder lanzar su candidatura. Sus aliados están tratando de ejercer presión sobre Starmer para que le permita presentarse a unas elecciones anticipadas en alguna circunscripción favorable a los laboristas, pero esta posibilidad se presenta todavía remota.
Las próximas horas serán clave para definir el rumbo del Partido Laborista y el futuro político de un país que empieza a acostumbrarse a la inestabilidad política. Pase lo que pase, todo apunta a que la brecha interna será difícil de reparar, así como su impacto en unos votantes cada vez más cansados de las luchas fratricidas en los dos grandes partidos.
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