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Entrevista

Fernando Lacasa, cooperante y escritor: "Eritrea renunció al Mundial por miedo a que sus jugadores desertaran. El país vive blindado sobre sí mismo"

"En Eritrea, el recluta sabe que quien tiene que sustituirle todavía no ha nacido", afirma el autor de 'Huir de Eritrea' en conversación con EL PERIÓDICO

Fernando Lacasa, cooperante y escritor.

Fernando Lacasa, cooperante y escritor.

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Irene Savio

Irene Savio

Roma

De Eritrea apenas llegan noticias. Es uno de los países más herméticos del mundo, donde no se celebran elecciones desde la independencia, en 1993, y del que cientos de miles de personas han huido en las últimas décadas. El politólogo y cooperante Fernando Lacasa (Madrid), después de más de cuarenta años trabajando en proyectos de desarrollo en África, Asia y América Latina, acaba de publicar Huir de Eritrea (Terra Ignota), una novela inspirada en hechos documentados por organismos internacionales que pone rostro a una de las crisis humanitarias más invisibles del mundo. La actualidad ha vuelto a situar al país en el mapa por un episodio insólito: Eritrea ha sido el único Estado que ha renunciado a participar en la clasificación para el Mundial por miedo a que sus futbolistas aprovecharan el viaje para desertar. Para Lacasa, ese gesto resume mejor que cualquier informe la lógica de un régimen construido para impedir que su población se marche.

Casi nadie habla de Eritrea, la que algunos llaman la Corea del Norte de África.

La comparación es bastante acertada. Reporteros Sin Fronteras sitúa a Eritrea en el último lugar del mundo en libertad de prensa, incluso por detrás de Corea del Norte. Es un país prácticamente cerrado al exterior, donde la información apenas circula y donde el disidente puede desaparecer sin dejar rastro.

Hasta el fútbol está condicionado por esa realidad. Este año, Eritrea ha sido el único país que ha renunciado a jugar la clasificación para el Mundial por miedo a que sus jugadores desertaran.

Creo que eso dice mucho sobre Eritrea. Para cualquier Estado, participar en una competición internacional representa una oportunidad para proyectarse al exterior y reforzar la identidad nacional. No ocurre así en Eritrea. El seleccionador llegó a proponer que cada futbolista dejara un depósito equivalente a unos 7.000 dólares que recuperaría al regresar. Era una garantía de retorno. Pero ni siquiera eso bastó.

Habla de un Estado completamente obsesionado con que nadie se marche.

Es un país que vive blindado sobre sí mismo porque sabe que, si se abre, perderá a buena parte de su población joven. Y aun así, esa fuga ya está ocurriendo. Cualquier apertura solo aceleraría todavía más ese proceso.

¿Por qué se van?

El servicio militar obligatorio es uno de los principales motivos. Oficialmente, dura dieciocho meses, pero en la práctica puede prolongarse durante décadas. Además, si no cumples las expectativas del Ejército pueden destinarte cada vez más lejos de tu familia, impedir que continúes tus estudios o limitar cualquier permiso. Son mecanismos de castigo y de control social. El joven que entra en un cuartel sabe que quien tendrá que sustituirle probablemente aún no ha nacido. Es una forma de robarle la vida.

Décadas...

Los jóvenes sienten que les han arrebatado la posibilidad de construir un proyecto de vida. Quienes consiguen escapar hacen todo lo posible por no regresar. Quienes no pueden hacerlo viven con la sensación permanente de que nunca decidirán su propio futuro.

Eritrea es independiente desde 1993, pero nunca ha celebrado elecciones.

Exactamente. La independencia llegó tras treinta años de guerra contra Etiopía. Naciones Unidas supervisó un referéndum que legitimó el nuevo Estado, pero nunca hubo elecciones. En 1997 se redactó una Constitución muy avanzada en materia de derechos y libertades que jamás llegó a entrar en vigor.

Ni siquiera esa Constitución existe realmente.

Está suspendida desde hace casi treinta años. El presidente Isaias Afwerki prometió redactar otra nueva. Nunca ocurrió.

Hubo dirigentes históricos que pidieron un cambio, ¿verdad?

Quince héroes de la independencia ocuparon la radio y la televisión públicas en 2001 para exigir elecciones y la entrada en vigor de una nueva Constitución. Desaparecieron. No sabemos si siguen vivos o si murieron en prisión. Simplemente dejaron de existir.

¿Qué papel juegan las potencias extranjeras?

China está aumentando su presencia y algunas empresas italianas conservan actividad, especialmente en el sector textil. Pero el Estado controla prácticamente todo: salarios, jornadas laborales y buena parte de los beneficios. En muchos aspectos recuerda al modelo cubano. El margen de decisión empresarial es muy reducido.

¿Qué busca China en Eritrea?

Busca recursos, como el oro, la plata o el zinc, pero sobre todo una posición geopolítica privilegiada. Eritrea está frente al estrecho de Bab el-Mandeb, uno de los principales corredores comerciales del planeta. Para Pekín, esa ubicación tiene un enorme valor estratégico.

Mientras tanto, Eritrea rechaza buena parte de la cooperación internacional.

Exacto. ACNUR, Médicos Sin Fronteras y muchas otras organizaciones apenas tienen margen para trabajar allí. El Gobierno sospecha sistemáticamente de cualquier organización independiente porque teme que pueda convertirse en un espacio de pensamiento crítico.

El país también mantiene una tensa relación tensa con Etiopía. En los últimos meses ha vuelto a hablarse de un posible conflicto.

Desde la independencia, Etiopía perdió su salida al mar y ese sigue siendo uno de los grandes problemas estratégicos de la región. Hoy depende, fundamentalmente, del puerto de Yibuti y paga un coste muy elevado por ello. Esa situación explica que, periódicamente, resurja la posibilidad de un conflicto para recuperar un acceso directo al mar. Es una tensión que nunca ha desaparecido del todo.

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Fuente: El Periódico

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