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El mundo invisible de la Festa

El Misteri d’Elx esconde una realidad poliédrica y una riqueza simbólica donde cada objeto, espacio y sonido posee un profundo significado litúrgico y espiritual que data de la Edad Media

Las Vírgenes María en la procesión.

Las Vírgenes María en la procesión. / Áxel Álvarez

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El Misteri d’Elx lleva más de cinco siglos representándose en la Basílica de Santa María de Elche sin apenas cambios en su estructura narrativa. Esta continuidad, que la UNESCO reconoció en 2001 al declararlo Patrimonio de la Humanidad, no se sostiene solo por la fuerza de la tradición: se apoya en una riqueza simbólica construida durante la Edad Media que sigue funcionando en la actualidad.

De este modo, el Misteri d’Elx cuenta con un universo de objetos, gestos y espacios con significados propios. Cada elemento de la puesta en escena tiene una función, un origen teológico y un significado que el espectador puede no percibir a primera vista, pero que estructuran y ayudan a entender la representación de principio a fin.

Las llaves de San Pedro.

Las llaves de San Pedro. / Áxel Álvarez

Esta es la dimensión que el investigador Antonio Amorós analiza en el libro El mundo invisible de la Festa. Una obra que ahonda en cómo los elementos cotidianos del drama articulan la conciencia colectiva a través del rito.

Experiencia sensorial y gestual: el cuerpo como lenguaje

Por ello, la representación del Misteri d’Elx es una experiencia que no se limita a los ojos. El drama sacro-lírico ilicitano involucra todos los sentidos del espectador al mismo tiempo. Los gestos de los cantores, como los abrazos, besos o los silencios establecen una complicidad mística entre los actores y el público que remite directamente a la iconografía religiosa medieval. Gestos transmitidos de generación en generación, y que los cantores aprenden para llevar la representación a la excelencia.

Al lenguaje gestual se suma el poder del sonido. El ruido de cohetes, el sonido del órgano o las campanas no son causales. En la tradición bíblica, el ruido y el trueno anuncian una «teofanía», es decir, la voz y la presencia física de Dios. Así, el estruendo de los cohetes que marcan los momentos culminantes de la obra refuerza esa sensación de estar ante algo que supera la escala humana.

Las puertas de Santa María representan el camino realizado por el Ternari.

Las puertas de Santa María representan el camino realizado por el Ternari. / Áxel Álvarez

Del mismo modo, el calor y la luz también forman parte de la experiencia sin estar escritos en ninguna partitura. En concreto, el calor intenso del interior de Santa María, la luz difusa que filtra el edificio barroco y la densidad del ambiente contribuyen a desmaterializar el espacio, creando las condiciones físicas de una atmósfera sagrada.

La Festa ha mantenido la tradición y ha incorporado técnicas del teatro moderno universal. Así, El Misteri d’Elx es una liturgia local que desde la Edad Media pone en contacto y une a los ilicitanos con el resto del mundo.

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