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Xàbia cierra todas las calles que llevan a Ambolo, pero los bañistas bajan igual

El Consistorio coloca una nueva barrera que impide el paso a los coches en el desvío desde la carretera del Cap de la Nau a la cala, clausurada por peligrosa

Uno de los accesos a la cala.

Los asiduos de Ambolo, la cala de Xàbia clausurada desde 2009 por desprendimientos, se tendrán que ir con la música a otra parte. El ayuntamiento cerró el pasado verano con una barrera las calles Richard Wagner y Giuseppe Verdi, que son las que bajan a este escarpado litoral. Se llenaban de coches aparcados en las cunetas. Solo se dejaba acceder a los residentes de los chalés de lujo construidos en los acantilados. Pero se ve que el magnetismo de esta cala es algo fuera de lo común. Los bañistas estacionaban en la calle anterior a las dos citadas, la que lleva el nombre del compositor ruso Ígor Stravinski. No les asusta la caminata. Bajan andando más de un kilómetro. El tramo final es de senda con escalones. Luego, tras el día de playa, suben con la lengua fuera.

Pero Ígor Stravinski también se llenaba el pasado verano de coches. En los últimos fines de semana, también estaba a tope de automóviles. La policía local ha puesto decenas de multas. Ni caminar ni rascarse el bolsillo disuaden a los forofos de Ambolo.

El ayuntamiento ha colocado ahora una nueva barrera en el inicio de la calle del músico ruso. Stranvinski también se sacude los coches. Eso obliga a los bañistas a caminar medio kilómetro más. Y es más difícil aparcar. Pero ni así.

Ahora estacionan en las cunetas de la carretera del Cap de la Nau. Cogen el montante (neveras, hamacas y sombrillas) e inician el peregrinaje al paraíso prohibido de Ambolo.

Este fin de semana ya estará apostado en esta nueva barrera uno de los controladores contratados por el ayuntamiento para evitar que el aforo de las calas y playas se desmadre. Aquí su tarea será avisar a los bañistas de que la cala está cerrada por desprendimientos. Les insistirá en que el «paseo» no es tal. Tienen dos kilómetros de bajada. Subirlos luego es un tormento. Les dirá también que si, pese a todo, deciden darse la paliza llegarán a un litoral roto por los desprendimientos. Pueden tener un accidente y, dado que están avisados de que la cala está clausurada, la responsabilidad será solo suya.

Precisamente es también por los posibles accidentes por lo que el ayuntamiento ha cerrado al tráfico y despejado de coches todas las calles que conducen a Ambolo. El acceso debe estar expedito para los vehículos de emergencias.

Control del aforo

Xàbia puso en marcha ayer el servicio que se encargará de controlar los aforos en las playas y calas. En estos últimos fines de semana, esa función la han llevado a cabo la Policía Local y Protección Civil. Los nueve controladores se distribuirán en el acceso a la Granadella (dos), en el Portitxol (otros dos), en el Arenal (tres), en la Grava (uno) y en Ambolo (uno más). El servicio comenzará a las 9 horas. Cuando el aforo esté completo, los controladores bajarán las barreras y ya no entrará ni un coche más. El Arenal tiene un aforo de 2.000 bañistas; la Grava, de 225; la Granadella, de 200, y el Portitxol o Barraca, de 150.

Mientras, el lunes ya empiezan a trabajar en Dénia las 22 personas que el ayuntamiento ha contratado a través de un plan de empleo (dotado con 300.000 euros) para ejercer como auxiliares de prevención de la covid-19.

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